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El chocolate de la Nueva España*
Adriana Durán Ávila

El chocolate se constituyó desde un principio como una bebida doméstica, que se preparaba varias veces durante el día. En las familias de escasos recursos, el chocolate se tomaba una o dos veces al día, especialmente en el desayuno y después de la comida, fungiendo así como estimulante y digestivo. En las grandes casonas de la Ciudad de México, se podían dar el lujo de tomarse cuatro o cinco jícaras de chocolate al día: en el desayuno, en el almuerzo, después de la comida, a media tarde y en ocasiones en la noche.

Existían, además, otras oportunidades para tomar chocolate en casa como, por ejemplo, cuando se hacía alguna tertulia o se recibían visitas. En estos casos, el chocolate iba acompañado de pan dulce y pastillas pequeñas de azúcar con figuras moldeadas en su parte superior.

El ofrecer chocolate a los visitantes era entonces un acto de la más elemental cortesía, y se consideraba un agravio si éstos se negaban a tomarlo. Una forma de despedir a los viajantes era obsequiándoles una caja de pastillas de chocolate, pues eran un buen alimento que difícilmente se descomponía durante el viaje.

Fuera del ámbito doméstico, el chocolate se podía preparar en los pequeños talleres que con toda seguridad se comenzaron a establecer en las principales ciudades novohispanas a principios del Siglo XVII, a juzgar por el intenso comercio de chocolate preparado y en pastillas que había en las calles de México por esas fechas. Desafortunadamente, poca información hay sobre estos talleres y comercios al menudeo.

En la Ciudad de México, los comerciantes callejeros estaban sujetos a las leyes del ayuntamiento, que frecuentemente limitaban sus actividades al prohibirles vender el chocolate hecho y restringirlos a la venta de pastillas y barras. Los comerciantes al menudeo de chocolate no formaban un grupo económicamente poderoso, como eran los introductores de cacao al mayoreo. Éstos, en cambio, integraban un grupo sólido que se reunía alrededor de una cofradía, de la cual se ha conservado el nombre.

En uno de los escritos de Torquemada, narra como “había muchas tiendas de ollas grandes y pequeñas llenas de atole y otra bebida, que es como poleadas, hechas de atole de maíz y cacao y otras cosas, y se vendía mucho, en los mercados, pero en muchas esquinas de las calles, que es cosa maravillosa y pone espanto donde se consume tanto mantenimiento, y llámenle chocolate, el cual, aunque era común a todos en las provincias de Quauhtemallan y otras, en estas de México no ha muchos años que se usa caliente y hace extendido su uso a indios y españoles, y hacen mantenimiento de ello….”

Era tanto el consumo del chocolate que se llegaron a realizar tazas especiales, como las de porcelana con bigotera: en la parte superior llevaban media tapa en forma de bigote, de forma que este no se llenara de espuma; otras fueron las mancerinas, creación del marqués de Mancera, virrey de la Nueva España, quien otorgó carta de legitimidad dentro de la etiqueta novohis­pana al sopeo del pan en el espumante chocolate.

La taza estaba hecha de una sola pieza con el plato. Hay quien dice que el plato era para poner las diferentes reposterías, otros que para el chocolate, al sopearse, no chorreara sobre los vestidos.

El consumo en los conventos
Durante el periodo virreinal, el consumo de chocolate sentó sus reales en todos los conventos españoles y portugue­ses de América.

El consumo de chocolate llegó a ser exagerado dentro de los conventos de frailes y monjas. Tal vez su regla les impedía tomar alguna otra bebida estimulante, y por ello recurrían con tanta pasión al chocolate. Según algunos testimonios de la época, los religiosos consumían hasta ocho jícaras de esta bebida diariamente, con la justificación de que les ayudaba a mantenerse en estudio y oración por largo tiempo. Llegaron las órdenes religiosas a estimar en tanto el abasto de chocolate a sus conventos que, cuando tenían la posibilidad, ponían sus propias plantaciones de cacao.

Se bebía chocolate a todas horas, en lugares sacros y profanos, y naturalmente se compraba en grandes cantidades, cosa que producía excelentes dividendos a quienes lo elaboraban.

Hasta la fecha, la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México conserva dentro de sus instalaciones un salón chocolatero, donde se reúnen los padres para platicar y tomar la espumante bebida.

Algunos talleres se encargaban de elaborar algunas tablillas, pero en especial los conventos de la Ciudad de México hacían pastillas redondas o cuadradas, o en cilindros enrollados, teniendo así merecida fama el chocolate elaborado por las monjas del convento de San Jerónimo, el de las madres capuchinas y el de Santa Clara.

En Puebla de los Ángeles, las religiosas de Santa Inés, cuyas vidas debían estar pletóricas de la obediencia que juraron cumplir y profesar, vivían según sus muy particulares costumbres. De pronto surgió una orden del señor obispo, quien quiso reformar las reglas de la orden, para que así se cumplieran los votos de pobreza, humildad y obediencia que las monjas habían aceptado como propios; por lo tanto, se prohibirían las cosas suntuosas, principalmente el consumo excesivo de chocolate y el servicio doméstico.

Una de las obligaciones del servicio, era servir el chocolate, cuidando que estuviera bien batido, espumoso y perfumado según el gusto del ama, ya fuera en leche o en agua, algunas veces aderezado con queso y canela según la costumbre de Oaxaca y acompañado de pan de huevo, roscas de manteca, melindres, mamones y otras delicias de la repostería y panadería de la época.

Las carmelitas fueron las únicas religiosas de la Nueva España que no bebieron chocolate hasta mediados del siglo XVIII. Quizá fue la respuesta de las fundadoras del primer recinto Carmelo de la capital virreinal frente a las críticas de monjas de otras consagraciones, originadas en el establecimiento de una regla tan austera.

En la orden del Carmen, la prohibición de beber chocolate fue elevada a voto, el que se pronunciaba en el ceremonial de los votos temporales o solemnes, como lo demuestra el ejemplo siguiente:
"Yo, la hermana María Cirila Josefa de San Pablo, hago mi profesión y prometo obediencia, castidad, pobreza y perpetuo encerramiento a Dios Nuestro Señor y a la bienaventurada siempre Virgen María del Monte Carmelo y al Ilustrísimo señor arzobispo de México y a todos sus sucesores, según la regla primitiva, hasta la muerte y hago voto de no beber chocolate ni ser causa de que otra lo beba”.

Más allá de polémicas, a través de los tiempos, el chocolate es popularmente una bebida reconfortante y un alimento capaz de vigorizar la alegría espiritual.

*Fuente:Revista Ritos y Retos del Centro Histórico. Junio 2007

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Me parece un articulo muy enriquecedor de nuestras tradiciones l

Me parece un articulo muy enriquecedor de nuestras tradiciones la forma que que era saboreada en aquellos años no ha variado mucho es la bebida familiar mexicana por excelencia, mmmmh que rico!!! es saber que es nuestra.
Gracias por el articulo me parece estupendo que saquen a la luz todos nuestras costumbres y tradiciones.

Muy excelente artículo, sobre una de las bebidas tan rica

Muy excelente artículo, sobre una de las bebidas tan ricas que tenemos es muy estimulante leer algo tan agradable. gracias y ojalá haya más artículos como estos.

Excelente artículo. Felicidades Adriana.

Excelente artículo. Felicidades Adriana.

Me parece fabuloso que con pequeñas capsulas nos ense&nti

Me parece fabuloso que con pequeñas capsulas nos enseñen historia, y creo que la redacción y forma de tratar los temas es muy profesional, no dejen de hacerlo, gracias y enhorabuena.

adriana te felicito por este trabajo, fue muy ilustrativo para m

adriana te felicito por este trabajo, fue muy ilustrativo para mi.

Muy interesante,en especial el dato de"el que era com&uacut

Muy interesante,en especial el dato de"el que era común a todos en las provincias de Quauhtemallan y OTRAS,recien se extiende su uso",etc,ayuda a entender la historia del "cacau" (voz maya)y del chocolatl que se hace con cacao,las primeras plantaciones descritas por cronistas tempranos,eran en la costa del pacífico,cosa que ayuda a entender,-aunque no nos guste-que proviene de tierras equinocciales de america del sur, específicamente del Ecuador,país en el que hay 14 variedades de cacao silvestres."Los caminos que andan" contactos marítimos prehispánicos entre Ecuador y Mexico,libro recientemente editado,explica esto y mas.en momentos del impacto europeo con la civilización azteca,esta, estaba en guerra ininterrumpida con el imperio Tarasco,a cuyas tierras podemos conceptuar como "productor" del cacao, siglos antes que en las costas del golfo.La "homogenización" de nuestro Mexico se inició con la llegada de los europeos...

el chocolate es una de las cosas mas maravillosas que el ser hum

el chocolate es una de las cosas mas maravillosas que el ser humano ha conocido, es una lastima que mexico no se preocupo por poner su cholateria a la altura de las mejores del mundo.

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