Por qué nos conviene que Trump deporte mexicanos

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Los mexicanos que han trabajado en Estados Unidos saben desempeñarse en ambientes muy competitivos. Al regresar a México traerían consigo conocimientos y seguramente algo de capital.

El 28 de enero de 1948 un avión DC-3 se estrelló en el cañón de Los Gatos, California, con 32 personas a bordo. Los reportes de radio y prensa dieron a conocer los nombres de los tripulantes y de un agente de inmigración estadounidense a bordo. A los otros 28 simplemente los describieron como “deportados”. Sus cuerpos fueron a parar a una fosa común.

La tragedia aérea habría de inspirar al legendario cantante folclórico Woody Guthrie para escribir la canción Plane Wreck at Los Gatos Canyon: “Goodbye to my Juan, goodbye Rosalita, / Adiós mis amigos Jesús y María; / Ustedes no tendrán nombres cuando vuelen en el gran avión, / Solo los llamarán… deportados.”

Las deportaciones no son nada nuevo para los mexicanos en Estados Unidos. Los indocumentados han prestado invaluables servicios a agricultores y empresas desde hace décadas, solo para ser deportados cuando ya no hay necesidad de ellos.

Hoy se registra una nueva oleada de terror entre los inmigrantes mexicanos. Donald Trump, presidente electo del considerado país más poderoso del mundo, hizo campaña afirmando que expulsaría a todos los indocumentados, alrededor de 11 millones, de los cuales aproximadamente 6 millones son mexicanos. Mucha gente se pregunta si el magnate realmente tratará de hacerlo y si podrá.

El propio Trump parece haber reconocido que deportar a 11 millones está fuera de su alcance. Después de la elección dijo que concentraría su esfuerzo en tres millones de inmigrantes con antecedentes criminales. Pero tampoco hay un número tan grande que haya cometido delitos.

Trump sabe que necesita mostrar mano dura frente a los indocumentados, especialmente los mexicanos, para preservar la lealtad de sus votantes. Su mayor promesa de campaña fue construir un muro en la frontera con México y obligar al gobierno mexicano a pagar por él. Es una promesa bastante difícil de cumplir, pero Trump tratará de mostrar algún otro tipo de resultado concreto.

Será cuesta arriba que Trump iguale la marca de deportados del demócrata Barack Obama, quien expulsó a 2.5 millones entre 2009 y 2015, y que seguramente rebasará los tres millones al concluir su mandato. Ningún otro presidente se ha acercado siquiera a esta cifra. George W. Bush deportó a dos millones.

Es probable que la cifra de Trump sea, al final, inferior a la de Obama, pero el nuevo presidente norteamericano tratará de infundir miedo entre los inmigrantes; esa es su forma de generar respeto.

La campaña de Trump contra los indocumentados se llevará a cabo en un momento de desempleo excepcionalmente bajo en EU. La desocupación abierta alcanzó 4.6% en noviembre de 2016, la cifra más baja desde principios de 2007.

Si realmente Donald Trump logra reducir el número de indocumentados, provocará una aguda falta de mano de obra. No pasará mucho tiempo antes de que las empresas empiecen a protestar.

Es poco probable que el número de deportaciones hacia México aumente, pero si esto ocurre, nuestro país podría beneficiarse. Los mexicanos que han trabajado en el vecino país del norte saben desempeñarse en ambientes muy competitivos. Al regresar a México traerían consigo conocimientos y seguramente algo de capital. Muchos de ellos podrían invertir en México y ayudar a preparar una mejor generación de trabajadores. Pero no solo eso.

Los trabajadores mexicanos en EU aprenden pronto a hacer valer sus derechos. En México harían la vida difícil para políticos y líderes acostumbrados a la corrupción. Nuestro país se beneficiará de esta nueva generación de deportados, muy distintos a los 28 que perecieron en el accidente de Los Gatos para ser sepultados en una fosa.

Sergio Sarmiento

Alto Nivel

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