Anatomía del robo común

Publicado el 9 noviembre, 2009

Marcelo Bergman

I. ¿Sabe usted cuál es el país en donde se roban más bicicletas? Un estudio de más de 40 países y que no incluye China arroja que ese país no es ni México, ni ningún otro del tercer mundo. La tasa de mayor robo de bicicletas es en Holanda. ¿Y el segundo país?: ´¡Dinamarca! Dirá usted, claro, allí todo el mundo tiene bicicletas. Pero si todo el mundo tiene ¿por qué algunos las roban? ¿Para quién?

Evidentemente no todos tienen bicicletas, o algunos desean tener bicicletas más bonitas de las que ya poseen. De lo contrario, no existirían tantos robos (al 12% de la gente en Amsterdam le robaron el año anterior su bicicleta y en Copenhagen al 9%). Por lo tanto, una primera lección de este ejemplo nos indica que las altas tasas delictivas están asociadas a una demanda muy fuerte de algún bien. Asimismo, nos habla de un posible mercado secundario de productos que es valorado por amplios sectores de la población. Es posible sospechar que en Holanda y Dinamarca existe un mercado secundario de bicicletas que se venden más baratas que las nuevas, y que hay muchos ciudadanos dispuestos a comprarlas. Como se ve, allí también hay “piratería al estilo país bajo”

II. ¿Y no hacen nada las Policías de Holanda y Dinamarca? Evidentemente son buenas Policías. En todas los demás delitos como el robo de autos, los hurtos, la violencia, y demás, estos países tienen las tasas delictivas más bajas del mundo. Sólo se destacan en el robo de bicis. Algo bien deberán estar haciendo esas Policías. Segunda lección: Cuando la demanda por un producto ilícito es muy importante, aún las buenas Policías tienen grandes dificultades de impedirlo. ¿Otro ejemplo? Las autoridades de EEUU despliegan un enorme esfuerzo por controlar la oferta de cocaína en ese país. Sin embargo desde hace 30 años que hay más de 5 millones de consumidores estadounidenses que están haciendo millonarios al “Chapo Guzmán”, a “Los Zetas”, a “La Familia”, y a muchos más.

III. El mercado de Tepito existe no sólo porque la Policía del DF es mala, sino a pesar de ella. Es posible que aún con una mejor Policía también tuviéramos algo parecido a Tepito. El ingenio de los empresarios del delito ya sabría como burlar a las autoridades, porque hay millones de consumidores listos para adquirir productos más baratos que en las tiendas. Tercera lección: un gran porcentaje del robo común alimenta un mercado secundario de bienes dominado por el crimen organizado.

IV. Si nos roban el espejo del carro, usted y yo sabemos dónde conseguir uno igual. En México se roban más de 50,000 carros que se desarman y sus autopartes de venden en un enorme mercado secundario. Hay grupos que manejan ese negocio. Mandan a robar, a desarmar, a distribuir y a comercializar las partes. Todo esto cuesta dinero. Es decir, a pesar que se roban la “materia prima”, la estructura del crimen organizado también es costosa. La diferencia es que finalmente cada autoparte termina siendo más barata que la misma parte nueva. Esto nos lleva a una cuarta lección: Si el diferencial de precios entre un producto robado y uno nuevo es muy grande (y existe una fuerte demanda) los incentivos para robar crecen.

V. Sería pertinente hacer un experimento en Holanda. Como ellos ya tienen una de las mejores Policías del mundo, tal vez podrían desgravar totalmente los impuestos de las bicicletas. El costo de las nuevas bicis bajaría notablemente. Así, el mercado secundario se debilita y sólo robarían bicis algunos traviesos o borrachos. El volumen de este tipo de robos, sin embargo, no es el que hace crecer las tasas.

VI. ¿Y mientras tanto qué hacemos en México? La brecha de precios entre productos nuevos o robados no se reducirá. Primero, nuestras autoridades no van a bajar impuestos. Segundo, el costo del trabajo en nuestro País es muy bajo, los ladrones o vendedores ganan poco y son reemplazables. Tercero, las “mordidas” que pagan los delincuentes no son altas. Todo esto sugiere que el crimen organizado es muy rentable y será difícil generar los incentivos adecuados para que quien lo administra lo abandone. Sólo queda una alternativa: desarmar las bandas que manejan los negocios del robo, infringirles un serio golpe a sus jefes y así incrementarles los costos. ¿Se animarán nuestras autoridades a hacerlo?

Fuente: Reforma

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