Plazas Comerciales: Catedrales del consumo

Publicado el 14 diciembre, 2009



Mercados, plazas públicas, parques y la calle misma son ahora sustituidos por un nuevo espacio de convivencia social. Los centros comerciales han rebasado su razón de ser. No sólo son los sitios en donde se rinde culto al consumo, al shopping. También se han convertido en los lugares de paseo y de entretenimiento para quienes huyen de la inseguridad y se sienten cobijados por aparadores y maniquíes.


En unos cuantos años, México se convirtió en uno de los reinos de los centros comerciales. El país es, después de Brasil, la segunda nación latinoamericana con más espacios de este tipo.


Según el International Council of Shopping Centers, hay cerca de 300 plazas comerciales que tienen más de 10 mil metros cuadrados.


Este ramo comercial también ha tenido una expansión importante en Colombia, Perú, Vietnam, China, Egipto e India. Este último país es un caso singular. En 1999 inauguró su primer centro, pero ahora tiene cerca de 150 y están en construcción 300.


Y aunque la crisis económica mundial ha detenido la construcción de nuevos proyectos, tanto en México como en otros países el boom que vivieron durante 2000 y 2008 ha provocado cambios importantes. Los grandes centros comerciales han moldeado el rostro urbano y la vida de millones de ciudadanos, sostiene la antropóloga Mariana Portal, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).


En 2005, Mariana Portal investigó el impacto social provocado por Plaza Cuicuilco, al sur de la ciudad de México. El estudio concluyó que el centro sustituyó, sin problemas, espacios públicos en los que tradicionalmente acudían los residentes de las colonias vecinas. Incluso, esos “viejos” espacios comenzaron a percibirse como inseguros y hostiles.


Modelo “made in USA”


Los primeros centros comerciales (malls) surgieron en Estados Unidos, a mitad de los años 50. Jorge Lizán, del International Council of Shopping Centers, explica que Latinoamérica fue la primera en acoger el modelo, pues las primeras plazas en la región datan de mediados de los 60.


A Europa llegaron en los 70 y, a diferencia de otros lugares, no se instalaron en el centro de la ciudad, sino en periferias. Actualmente, las zonas más activas en cuanto a expansión de plazas comerciales son Asia, Medio Oriente y América Latina.


En México, a partir de los años 80, empresarios comenzaron a apostar con fuerza a este tipo de formatos. De acuerdo con Bernardo Marines, director financiero de Planigrupo, los primeros centros comerciales en el país fueron Plaza Universidad, en la ciudad de México, y Plaza del Sol, en Guadalajara.


El boom llegó entre 2006 y 2008, lapso en que México pasó de 250 a 400 centros comerciales de diversos tamaños. La expansión ha sido en todo el país.


En Tijuana, con 1.6 millones de habitantes, los grandes centros adornan las zonas urbanas de reciente creación. Complejos enormes, como Plaza Monarca, constituyen el lugar de compra de miles de personas y también su punto de encuentro y recreación, señala Martha Lobo Rodríguez, coordinadora de Turismo y Mercadotecnia de la Universidad Autónoma de Baja California.


Jorge Lizán, del International Council of Shopping Centers, considera que los centros comerciales desempeñan una función importante:


“Se convierten en centro de reunión, de entretenimiento, donde acontecen muchas cosas diferentes”. Incluso hasta bodas, como sucede en Venezuela, donde una cadena de centros organiza, una vez al año, “bodas comunitarias”.


Hay quienes observan con más crítica el impacto de las plazas comerciales. En 1998, en su ensayo El Centro Comercial: una burbuja de cristal, el investigador Federico Medina Cano, de la Universidad Pontificia Bolivariana, destacaba el rol que comenzaban a jugar estos espacios, sobre todo en Latinoamérica: “Estas catedrales del comercio aglutinan ritualmente a grupos o a segmentos sociales y le brindan oportunidad al hombre urbano de pasar su tiempo libre y de llevar a cabo una vida colectiva (…) la costumbre de ir al parque, al teatro, al cine o al espectáculo deportivo, de reunirse con amigos y callejear la reemplazan por la actividad lúdica de ‘ir de compras’”.


El gusto por el “shopping”


Hay números que ilustran el éxito en México de las nuevas “catedrales”. Según el International Council of Shopping Centers, estos centros reciben entre 10 mil y 100 mil personas al día, todo depende del tamaño de la plaza y su ubicación. Tan sólo Plaza Delta y Plaza Lindavista registran, cada una de ellas, millón y medio de visitantes al mes, de acuerdo con el arquitecto Jorge Gamboa de Buen, director general del Grupo Danhos, empresa constructora y arrendadora de centros comerciales, la cual ha concentrado su espacio de acción en el área metropolitana del valle de México.


El grupo Danhos ha realizado estudios sobre el gasto de los visitantes a sus centros comerciales. Los resultados indican que un adulto gasta de 200 a 300 pesos en promedio, cuando visita una plaza en fin de semana.


Curiosamente, dice Gamboa de Buen, los visitantes al Centro Comercial Parque Tezontle, ubicado en una de las zonas más populares de Iztapalapa, gastan 30% más.


Según Efraín Israde, director de Nuevos Negocios de la firma consultora LatinPanel México, estudios realizados en el Distrito Federal muestran que tres de cada 10 personas acuden a un centro comercial, por lo menos, una vez al mes.


Además, una tercera parte de los hogares estaría dispuesta a pagar más si pudieran tener comercios donde puedan realizar sus compras de manera mucho más ágil.


Beneficiados de la inseguridad


De acuerdo con Efraín Israde, de LatinPanel México, los centros comerciales se convirtieron “en los nuevos puntos de reunión de la clase media mexicana que, además de buscar ofertas, entretenimiento e interacción social, buscan sobre todo seguridad”.


La gente tiene miedo de estar en las calles, reafirma Mariana Portal, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana. “Se habla mucho de cómo el espacio público constituye un lugar inseguro… y (los centros comerciales) se han constituido en espacios centrales, debido a que el centro de la ciudad se ha quedado tan lejos de muchas partes”. Las plazas comerciales son espacios donde “los adolescentes y preadolescentes, relativamente, pueden manejarse solos… los padres sienten que son un espacio seguro”, destaca.


Las empresas arrendadoras de centros comerciales saben que ofrecer “un espacio seguro” forma parte de su atractivo, por ello hay centros que invierten 10% de sus ganancias en seguridad, “algunos hasta más, todo depende de la zona y las características del lugar”, señala Jorge Lizán, del Internacional Council of Shopping Centers.


Paradójicamente, la inversión en seguridad incluye “entrenamientos para manejo de crisis, porque lo que puede pasar en un centro comercial es impredecible y variable… Puede pasar todo lo bueno y todo lo malo, desde un nacimiento hasta un suicidio o un ataque terrorista. El centro comercial, finalmente, es el reflejo de la vida en general”.


Para investigadores como María Portal, el que los centros comerciales sean los espacios de reunión, convivencia y entretenimiento trae consigo un impulso hacia el consumismo. “Hay un estímulo al deseo de consumir. La estimulación a la compra es muy alto, lo cual ha impactado a los sujetos. No sé si el meterse en esta lógica exacerbada del consumo sea negativo en el sentido absoluto, pero ciertamente tiene su impacto”.


La loca expansión… que la crisis frenó 


Su rápida carrera de expansión en México se detuvo de golpe. La crisis económica, pero también la contingencia sanitaria provocada por la influenza, pusieron un alto al crecimiento de los centros comerciales en el país. Las empresas constructoras y arrendadoras cancelaron planes y pusieron una pausa en las inversiones. Lo que no se paralizó fue el uso de las plazas comerciales como centro de entretenimiento. En tiempos de crisis, “mirar aparadores” y “recorrer los pasillos de una plaza comercial” son espectáculos que convocan a niños, adolescentes y adultos.


En 2008, cuando los centros comerciales aún disfrutaban de buenos tiempos, las empresas del sector planeaban construir, por lo menos, 40 nuevas plazas comerciales, recuerda Jorge Lizán, del International Council of Shopping Centers. “Pero ahora sólo tienen planes para 15 ó 20 centros en todo el país”.


Bernardo Marines, director de Finanzas de la empresa Planigrupo, comenta que la estrecha liquidez en los mercados, los sobreinventarios que reportan negocios, contribuyeron a detener la expansión de los centros comerciales.


Pese a ello, los centros comerciales son aún vistos como una inversión adecuada, una importante fuente de empleos y un motor que impulsa la economía de las zonas en donde se ubican.


De acuerdo con el arquitecto Jorge Gamboa de Buen, director general del Grupo Danhos, empresa constructora y arrendadora en el área del Valle de México, centros comerciales como Plaza Delta, Lindavista y Tezontle generan, cada una, casi 3 mil empleos directos, “80 por ciento de ellos se otorgan a gente que vive cerca del lugar”. Además, estiman que por cada empleo directo se generan tres o cuatro indirectos.


El arquitecto destaca que los centros comerciales también ofrecen otros beneficios económicos a la ciudad donde se establecen. Por ejemplo, en su caso, “hemos pagado 25 millones de dólares de derechos en los últimos cinco años, y entre 5 y 6 millones de pesos por el predial de los centros más grandes”.


El efecto de la influenza


El director de Grupo Danhos menciona que, pese a que mucha gente “critica los centros comerciales, sobre todo vecinos de la zona donde se instalan”, estos lugares contribuyen a “regenerar las áreas aledañas a la plaza”.


Grupo Danhos es una de las principales empresas dedicadas al desarrollo de centros comerciales. A ellos, asegura, la contingencia provocada por la epidemia de influencia que vivió el país en abril pasado les afectó, sobre todo, porque las plazas tuvieron que cerrar una semana y algunas empresas registraron pérdidas de entre 3% y 4%.


La crisis económica, por su parte, los llevó a ir un poco más lento en el desarrollo del centro comercial que planean construir en el terreno que antes ocupó el Toreo de Cuatro Caminos, para el cual calculan una inversión de “cientos de millones de dólares”.


“Para desarrollar un centro comercial, lo más importante para nosotros es tener estabilidad económica, eso permite planear. Porque un centro lleva entre tres y cuatro años, desde que se planea hasta que se inaugura”, explica.


Un negocio que seduce


Jorge Lizán asegura que no hay más de 20 empresas “profesionales” dedicadas a desarrollar y arrendar centros comerciales. “Es una industria muy concentrada en pocos jugadores”, resalta.


Grupo Gigante, que anteriormente se caracterizaba por sus operaciones en el sector de ventas al menudeo, volteó al negocio de los centros comerciales. En lo que va del año ya puso en marcha tres nuevos proyectos, uno en el estado de México y dos en el Distrito Federal.


Bernardo Marines, director financiero de Planigrupo, asegura que en el mercado de los desarrollos comerciales existen cuatro grupos que concentran una participación de 80%: Grupo Acosta Verde, Grupo Prisa, Mexico Retail Properties y Planigrupo.


Planigrupo, con 36 años en el sector inmobiliario, en los últimos 26 se ha dedicado a desarrollar, construir, comercializar y administrar centros comerciales anclados por autoservicios y espacios para el entretenimiento.


Planigrupo tiene un portafolio de 15 centros comerciales que divide en tres regiones; zona norte, centro y sur. Estas unidades suman más de 600 mil metros cuadrados y con visitas de más de 4 millones de personas al mes.


Una de las primeras “reglas” para instalar un centro comercial es la demografía. La consultora Softec, firma especializada en proyectos inmobiliarios, señala que se debe verificar el comportamiento del área de influencia en términos de personas y hogares.


Otra regla es que un centro comercial logra su estabilidad entre los cinco y 10 años de actividad, según Softec.


El “window shopping”


La mayoría de las veces, quienes visitan un centro comercial no reparan en dónde está un “negocio destino o la mercancía de impulso”, mucho menos cuando estos espacios son lugares de reunión, convivencia y distracción.


Y en tiempos de crisis, contrario a la creencia, los centros comerciales se distinguen por recibir a millones de visitantes al mes, muchos de los cuales sólo acuden a “mirar y a que los vean”, resalta el arquitecto Gamboa de Buen.


En Estados Unidos se bautizó como window shopping a esta práctica de sólo “mirar” o comprar sólo algunas cosas.


Cifras de la Asociación de Tiendas de Autoservicios y Departamentales (Antad) muestran que de enero a agosto las ventas comparables, aquellas que se miden en unidades con más de un año de operación, apenas repuntaron 0.1% en términos nominales.


Esta cifra se integró por una caída en las ventas de tiendas departamentales de 3.4%, mientras que las tiendas especializadas también reportaron una caída de 2.2% en ese periodo.


Aunque no parezca, el window shoppping tiene efectos positivos para los centros comerciales. “Aunque la gente sólo vaya a distraerse, va a estar en contacto continuo con productos; eso permite que cuando tenga una oportunidad, los compre”, señalan sicológos.


En espera de diciembre


Los especialistas del sector de desarrollo inmobiliario consideran que el desarrollo de nuevos centros comerciales continuará detenido en 2010. Será, aseguran, hasta la segunda mitad de 2011 cuando retomen su ritmo habitual.


Los últimos tres meses del año serán vitales para los centros. Analistas confían en que se recuperará el consumo, esperanza compartida por taxistas de Plaza Satélite: “En fin de año, hay días que no nos damos abasto”, recuerdan.

Fuente: El Universal

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