La paradoja de la CDMX que hace que los sismos duren más tiempo (y sus impactos sean mayores)

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El antiguo lago de Texcoco funciona como una caja de resonancia para los terremotos, situación que también incide en el nivel de destrucción de edificios en la CDMX.

Por Manuel Hernández Borbolla

En el suelo de la Ciudad de México existe cierta paradoja que provoca que los terremotos duren más tiempo, mientras simultáneamente ayudan a disipar la energía.

Esto fue lo que vivió la Ciudad de México durante el terremoto del 19 de septiembre de 2017, luego que ciertos sedimentos ubicados a orillas de lo que era el viejo lago de Texcoco provocaron que el movimiento telúrico en su fase más intensa oscilara entre los 36 segundos, como ocurrió en Ciudad Universitaria, mientras que en la sede de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes fue de un minuto.

“Por esta razón, tanto la violencia de las sacudidas como su duración en la zona de transición y de lago son las causantes de la destrucción”, afirmaron los sismólogos de la UNAM, Víctor Manuel Cruz Atienza, Shri Krishna Singh y Mario Ordaz Schroeder en una nota informativa tras los terremotos de septiembre pasado.

UNAM

De este modo, la destrucción que sufrió la Ciudad de México pudo haber sido incluso peor, si un sismo con altos niveles de intensidad como el del 19S se hubiera prolongado más tiempo.

Y esto se debe a la peculiar paradoja sobre la cual está construída la capital del país.

“Hay cierta parte de la energía que se logra atrapar en los depósitos profundos y pueden hacer que el movimiento dure más”, indicó Francisco José Sánchez, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, durante un programa de televisión transmitido por el canal de la Máxima Casa de Estudios.
“Parecería razonable que una parte importante de la duración es porque hay energía que viaja a mayor profundidad en sedimentos más competentes, menos disipativos, que permitan ese entrampamiento de la energía”, agrega Víctor Manuel Cruz Atienza, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica.

“Existe una especie de paradoja en la Ciudad de México. Por un lado, estos sedimentos superficiales, que son productos de la sedimentación durante miles de años en los antiguos lagos del valle, están compuestos principalmente de arcillas comprensibles saturadas en agua y sus propiedades son tales que induce una amplificación muy grande de las ondas, pero también una disipación muy grande de la energía”, añade el experto.

De ahí que el especialista advierta que existe el riesgo de que la Ciudad de México pueda incluso sufrir un colapso mayor ante un posible sismo con magnitud de 8.4 u 8.5, registros que aunque poco probables, sí son factibles.

“Tenemos la obligación moral y profesional, de considerar la posibilidad de que en México ocurran sismos sensiblemente más grandes de los que ya hemos visto”, reconoció Cruz Atienza durante otra entrevista televisiva.

Fuente: Huffpost México

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