Pasado, presente y futuro de la política social electoral

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Las políticas sociales de la historia reciente, de la actualidad y del porvenir, encarnadas en los tres principales candidatos a la presidencia del país, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Ricardo Anaya, se encuentran compitiendo para capturar votos en 2018. Los principios de los que parten, la forma de operar sus iniciativas y sus resultados ofrecen ventajas y desventajas, pero ciertamente son opciones muy diferentes a ser examinadas por el electorado.

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Aunque están por determinarse los detalles de sus respectivas políticas sociales, lo hecho por cada candidato, y en el caso de Anaya, lo que ha comenzado a sugerir, permiten una primera evaluación de lo que podría esperar al país en materia de programas sociales. Estas opciones van desde la atención a nuevos grupos (AMLO), hasta la creación de esquemas de entrega incondicional de recursos (Anaya), pasando por reasignaciones del presupuesto existente (Meade).

En los casos de López Obrador y el candidato del PRI, debe tomarse en cuenta que es imposible atribuir un efecto claro sobre el desarrollo social de las medidas por ellos tomadas. Sólo se pueden considerar los cambios correspondientes a sus respectivos periodos como responsables de políticas sociales. En el caso de Anaya, ni siquiera esto es posible, pues no existen datos para su cargo equivalente y su propuesta actual más importante estaría aún por implementarse.

En López Obrador, Meade y Anaya tenemos el pasado, el presente y el posible futuro de la política social en México. El primero marcó la agenda de la política social nacional de los últimos años, sin que esto se haya traducido en un efectivo combate a la pobreza y a la desigualdad. El segundo atacó, sin claros resultados, un encargo presidencial de coyuntura. El tercero ofrece un difícil, aunque innovador, acto de equilibrio entre factibilidad e impacto social.

AMLO y Meade tienen en común un notable pragmatismo, ya sea político o económico. El primero y Anaya se asemejan en cuanto a utilizar transferencias monetarias como base de sus propuestas, si bien el segundo combatiendo el sesgo clientelar de López Obrador. En cuanto a Anaya y Meade, representan las diferencias entre afinar lo existente, aunque poco funcional, y arriesgar los recursos que no se tienen en busca de un gran cambio.

En espera de conocer los detalles de la política social que cada uno propondrá, desde ahora se puede perfilar una elección entre lo políticamente probado hasta aquello por explorar económicamente, pasando por lo estadísticamente incierto.

Lo cierto es que las tareas pendientes de mayor prioridad son: la seguridad social, que está lejos de ser universal bajo un sistema unificado; la educación, que aún no alcanza los estándares de calidad deseados y resulta muy desigual; y, los programas sociales que requieren ser reordenados mediante un sistema de administración de beneficiarios de alcance nacional.

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