Pasan de shock a rescate en 19-S

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Los policías Sergio Mayen, Miguel Ángel Benítez y Luis Espinosa observan lo que quedó de aquellos edificios sacudidos por el sismo del 19 de septiembre.

Por Augusto Atempa

Aquel día, los agentes no tenían conocimientos de cómo atender una emergencia de tal magnitud, y comenzaron a recorrer las calles y poco a poco la catástrofe se fue dibujando en su mirada.

No dudaron en levantar escombros para rescatar a las personas que permanecían atrapadas.

Sergio y Miguel Ángel iban en motocicleta. El sismo los sorprendió sobre Calzada La Virgen. Instantes después, mediante su radio, se enteraron del colapso en el multifamiliar de Tlalpan.

“Cuando nosotros llegamos a este edificio nos quedamos impresionados al ver el colapso, sin pensarlo subimos una escalera y llegamos a la parte alta, ahí había un hombre que manifestaba que tenía la pierna atrapada y de inmediato corrimos para liberarlo”, recuerda Sergio observa los escombros que dejó el temblor.

Miguel Ángel observa aquel reloj de pared que quedó detenido justo a las 13:14 horas, el cual luce al pie del edificio, aún llega a su mente la voz de una mujer suplicando ayuda en ese lugar y que con un tubo de acero él y Sergio lograron levantar la pesada losa de concreto que la tenía atrapada.

“Cuando logramos sacarla le dimos de beber agua, ella estaba desnuda de la parte de la cintura para arriba, recuerdo que me quité mi camisola y se la di para que se tapara, la tranquilizamos y la bajamos”, recuerda Sergio al observar las fotos de aquellas personas que perdieron la vida en el lugar.

A unos kilómetros de ahí, sobre la Alameda Sur se encontraba Luis, quien corrió hacia la Calle Rancho de Los Arcos. Todavía sueña con la escena que se encontró.

“Un edificio se había vencido y golpeó a otro, esto provocó que el segundo se viniera abajo. Cuando llegué había una inmensa cortina de humo a causa de una fuga de gas, me quedé impactado al ver la escena”, comenta mientras observa que de aquellos departamentos no queda nada.

Al trepar entre los escombros el uniformado escuchó a varias personas que permanecían atrapadas; su mente se bloqueó pero un llanto lo hizo entrar en razón y comenzar a escarbar con sus manos.

“Escuché el chillido de un bebé, me recordó a mi hijo porque días antes mi esposa me había regaló la dicha de ser padre, sin pensarlo comencé a quitar las piedras hasta poder tener entre mis brazos al niño, quien no tenía ni un año de edad”, detalla.

Fuente: Reforma


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