Pena de muerte, ¿la inyección letal provoca dolor en el cuerpo?

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En Estados Unidos se utiliza la “inyección letal” como el método principal de ejecución. Normalmente, por protocolo, se usaban tres drogas para provocar la muerte del preso; un anestésico o sedante, un bromuro o agente paralizante y cloruro de potasio para detener el corazón del interno.

Pero ahora, en muchas de las ejecuciones se usa el midazolam, que de acuerdo con la Agencia Española de Medicamentos es “una benzodiazepina que se utiliza como ansiolítico o como un sedante”. El fármaco se utiliza para inducir la inconsciencia antes de administrar otros medicamentos para detener la respiración de un recluso y paralizar el corazón.

Según indica una corte del este de Ohio, mientras el sentenciado está amarrado a una camilla, se le coloca un catéter en cada uno de sus brazos para inyectar las drogas directamente al torrente sanguíneo. El primer paso del protocolo es suministrar 500 miligramos de midazolam -dividido en dos cantidades de 250 miligramos- seguido por otra dosis de la misma cantidad si es que el recluso sigue lúcido. Si la prueba para corroborar que la persona está inconsciente resulta positiva, se continúa inyectando una droga que paralice. Por último, se introduce cloruro de potasio, el cual está pensado para inducir un paro cardíaco en el reo.

De acuerdo con instituciones oficiales, la persona sometida a este procedimiento no sufre de ningún dolor, pero una investigación realizada por la Universidad de Miami que analizó la historia, la ciencia y la metodología detrás de las inyecciones letales, concluyó que algunos presos sienten dolor mientras son ejecutados, posiblemente un castigo cruel e inusual que viola la Octava Enmienda.

“La práctica colectiva de inyección letal ha empleado pruebas invasivas de diferentes protocolos y dispositivos de drogas, recopilación y monitoreo de datos, y revisión sistemática con datos de resultados que se utilizan para revisar la práctica”, explicó Teresa A. Zimmers, investigadora de la Universidad de Miami.

Los expertos explican que los métodos no son los mejores. “Aunque a los reclusos condenados se les quitan los derechos a la libertad y la vida, conservan el derecho a la integridad corporal”.

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