Precio del agua

México precio del agua

Precio del agua

“El simple mecanismo de los precios hace el mismo trabajo de manera más rápida, barata y eficiente”.
Thomas Sowell

Le tocó en suerte a la Ciudad de México que el primer día del corte de agua del sistema Cutzamala fue también el más frío del año, lo cual redujo el consumo. Pero en materia de agua, el producto más importante de todos, no podemos depender de la suerte: necesitamos políticas públicas eficaces de preservación y construcción de infraestructura.

Este recorte es necesario para el mantenimiento del sistema Cutzamala, pero no cambiará mucho la situación de cientos de miles de familias que sufren de una falta total o de una escasez endémica de agua. Durante décadas se han mantenido políticas que parecen diseñadas para promover el desperdicio de agua y la subinversión en infraestructura hidráulica.

Los precios son el instrumento más eficaz para regular los consumos y capitalizar un servicio. Cuando aumentan, se reduce en automático el consumo de cualquier producto; y cuando bajan, se incrementa el consumo. Los precios realistas, por otra parte, permiten la acumulación de un capital suficiente para construir la infraestructura que llevaría agua a todos, incluso a los más necesitados.

En México la clase política ha querido tratar el agua como si pudiera ser un producto fuera del mercado. Así decretó el 8 de febrero de 2012 que el acceso al agua es un derecho constitucional. Suena bonito y supongo que compra muchos votos. Pero el resultado es negar el acceso al agua a los más necesitados. Es como el derecho a la salud, que ha llevado a la creación de un seguro popular que no tiene ni clínicas ni médicos ni medicinas suficientes.

El derecho al agua ha sido interpretado como el derecho a tener agua gratis. Esto, sin embargo, sólo garantiza una reducción en el acceso a lo que los periodistas amantes de los lugares comunes llaman el “vital líquido”. Lo que no tiene precio no tiene valor. Eso le ha pasado al agua en nuestro país.

El agua en México, nos dicen, es “propiedad de la nación”. En términos prácticos esto significa que no es propiedad de nadie y que todo el mundo siente derecho de desperdiciarla. Buena parte del agua para la agricultura es gratuita. En la Ciudad de México, por otra parte, se cobra a precios muy altos pero sólo en algunas colonias ricas, donde la gente no se preocupa por el gasto, y se vende a precios irrisorios o se regala en las zonas de clase media y baja que representan más del 95 por ciento de la población. El resultado es un desperdicio sistemático. No sorprende. Es lo que la teoría económica nos dice sucederá con un producto gratuito o excesivamente barato.

La posición de quienes defienden la gratuidad del agua es profundamente reaccionaria. La falta de precios realistas descapitaliza el sistema de distribución y afecta más a quienes menos tienen, subsidia a quienes sí pueden pagar y deja sin cobertura a los más pobres, que tienen que acarrear el agua o pagar el desproporcionado precio de las pipas o los refrescos, a los que además se les carga el costoso impuesto a los gorditos.

La Ciudad de México pierde un 40 por ciento de su agua en fugas de una red que se ha quedado obsoleta por no haber recibido mantenimiento suficiente. La sustitución de las tuberías principales tendría un costo de unos 8 mil millones de pesos. Si el sistema se hubiera manejado con precios realistas habría generado los recursos para mantener la red en buen estado y habría ahorrado millones y millones de pesos y de metros cúbicos de agua. Pero además habría permitido el acceso al agua a muchos que hoy tienen que pagar precios de extorsión.

Este fin de semana tendremos un corte tan profundo del servicio de agua en la Ciudad de México que deberíamos reflexionar. No hay nada más caro que lo que se regala.

Sergio Sarmiento | Jaque Mate

Reforma