Rafael Dondé

Publicado el 21 octubre, 2010

El gran benefactor

La asistencia privada tomó gran impulso durante los años dorados del Porfiriato, cuando las fortunas rebasaban lo imaginable. Rafael Dondé Preciat fue uno de los grandes abogados de la época que acumularon importantes recursos, mismos que destinó a la asistencia privada.

Nacido en Campeche en 1832, Dondé estudió leyes en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en la Ciudad de México. Se recibió de abogado el 20 de enero de 1854 y abrió su despacho cuando estaba por comenzar la gran década nacional: el enfrentamiento definitivo entre liberales y conservadores (1857-1867).

Rafael Dondé no pudo escapar a los avatares de la política, y antes de ejercer como abogado fue diputado federal de 1861 a 1863. Al triunfo de la República (1867), Juárez lo nombró Defensor fiscal. En 1869, volvió a reelegirse como diputado y formó parte de la Comisión de Puntos Constitucionales donde apoyó la creación de los estados de Hidalgo y Morelos. Entre 1873 y 1874 puso su empeño en la creación del Senado.

Cuando Porfirio Díaz asumió el poder en 1876, Rafael Dondé ocupaba el cargo de presidente del Senado y desde la tribuna manifestó su desacuerdo con el levantamiento armado que llevó a Díaz a la presidencia. El Congreso aprobó la elección del caudillo en 1877, por lo cual Dondé se retiró a la vida privada mostrando así su oposición. Volvió a su bufete jurídico y comenzó a tener éxito: representó al Banco de Londres y México, fue vocal del Consejo Administrativo del Banco Hipotecario Mexicano y también representante jurídico del Ferrocarril del Valle de México.

Junto a la prosperidad de su bufete, que además extendió a la compra de acciones en diversos negocios, Dondé empleó su conocimiento de la ley para ayudar a la gente de escasos recursos. Comenzó a orientar sus pensamientos y su fortuna hacia la asistencia social. Fue patrono de la Institución Valdivieso, dedicada a prestar ayuda a enfermos de los ojos y, al mismo tiempo, apoyó al Hospital de Nuestra Señora de la Luz. Durante mucho tiempo proporcionó auxilio a las familias desamparadas, otorgando becas a los estudiantes, hijos de obreros.

Por entonces estrechó lazos de amistad con otros filántropos, como el ingeniero Félix Cuevas y la señora Luz Saviñón, quien al morir en 1902 dejó la cantidad de 300 mil pesos para establecer un Monte de Piedad, del que Rafael Dondé formaba parte de la Junta de Gobierno.

En su testamento, dictado el 4 de diciembre 1905, Donde estableció que al morir debían crearse tres fundaciones para quienes no tenían recursos. La primera de ellas estaría dedicada a la educación moral y científica de jóvenes de limitadas condiciones económicas; la segunda debía apoyar a los jóvenes en la enseñanza de las artes y los oficios mecánicos, con la intención de formar artesanos honrados, y la última estaría destinada a la creación de una institución de beneficencia privada que daría asilo y amparo a huérfanos y ancianos: así nació la Fundación Rafael Donde que sigue prestando sus servicios como institución de asistencia privada.

*Revista Relatos e Historias en México, núm. 13, septiembre 2009.


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