RESPONS-HABILITÉ

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Beernardo Graue Toussaint es un ex diplomático mexicano y analista político para cálculos de riesgo de inversión. Compartimos su columna sobre el caso de Tlahuelilpan.


Acabo de ver un terrible vídeo de los momentos previos y posteriores a la explosión en Tlahuelilpan, Hidalgo.

Muchos sentimientos me embargaron: tristeza, indignación, culpa, encabronamiento, solidaridad. Muchos sentimientos encontrados frente a una tragedia como tantas que, día a día, enlutan a México. Tal vez la peor tragedia de nuestro país es que nos hemos acostumbrado a convivir con la tragedia.

En una parte de las imágenes del referido vídeo, se observa a personas, envueltas en llamas, correr desesperadas por el descampado terreno donde ocurrió la explosión. Minutos antes, estaban (empapados de gasolina) extrayendo el combustible. Había niños entre la muchedumbre. Bastaron unos segundos para que surgiera el horror.

No quiero reflexionar hoy sobre los “culpables” de estos hechos, sino hablar sobre la “responsabilidad”. Me explico.

Hace algunos años me topé con una magnífica definición de la palabra RESPONSABILIDAD: “respons”(respuesta); “habilité” (habilidad).

Vista así, la palabra “responsabilidad” la podemos entender cómo la “habilidad de respuesta”. Una persona responsable es la que es hábil de responder. Una sociedad responsable es aquella que es capaz de hacer a un lado la indolencia y asumir, como propios, todos los problemas de la comunidad, actuando en consecuencia, frente a sí misma y también frente a la autoridad. Una autoridad responsable sólo puede ser aquella que sea hábil para responder a los retos y las adversidades de esa sociedad.

El huracán, el terremoto y todos los horrores que a veces la naturaleza produce, no son producto de la mano del hombre. En esos casos, la prevención (hasta donde es posible) y el auxilio a la población es una tarea obligada del gobierno. Sin embargo, muchas tragedias humanas vividas en nuestro país (como la vista en Hidalgo) sí son producto de la maldad humana; de la indolencia social y gubernamental de muchos años; de malas decisiones; de corrupción; de falta de previsión; de ignorancia y de una inmensa irresponsabilidad compartida por todos. Los tristes sucesos de Hidalgo en que perdieron la vida más de 70 personas tiene un ingrediente adicional y sumamente grave: LA OMISIÓN DE LAS AUTORIDADES MEXICANAS. Antes de la explosión, había soldados y policías presenciando la rapiña de combustible. Tenía la orden expresa de “REPLEGARSE PARA NO PROPICIAR UN ENFRENTAMIENTO CON LA POBLACIÓN” (expresión textual del gobierno del Presidente López).

¿Quién decidió “no actuar” frente al riesgo latente de que se produjera una catástrofe?

¿Quién decidió que “replegarse” y no hacer nada era la “opción de mal menor”?

¿Cómo fue que llegaron a esa errática conclusión?

¿Entonces estamos frente a un fenómeno en el que el Estado mexicano renuncia públicamente de sus obligaciones de protección si está de por medio una muchedumbre?

¿No es el gobierno quien debe velar por la seguridad de sus ciudadanos, EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA?

Pobres, muy pobres han sido las respuestas del Presidente López frente a esta muy, muy muy lamentable tragedia.

Uno puede criticar a un gobierno por decisiones concretas tomadas en determinada coyuntura. Pero lo que resulta imperdonable es que un Gobierno decida “no actuar” frente a un peligro de vida para sus ciudadanos.

En la explosión de Hidalgo, el gobierno del Presidente López demostró que no tiene capacidad de construir “respons” ni de ejercerla con “habilité”. Demostró que es un gobierno IRRESPONSABLE, lo que coloca en situación de riesgo a millones de mexicanos.

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