¿Cuánta responsabilidad implica tener un auto?

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En México el auto es medio de transporte y fuente de ingreso, al mismo tiempo

Es impensable entender nuestra vida sin los automóviles. Desde que el hombre inventó la rueda ha simplificado su vida a través del apoyo de los vehículos. Ya sea con fines de trabajo o simple diversión, los autos forman parte fundamental de nuestra vida diaria, moviéndonos a donde necesitamos.

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México no es la excepción. Para empezar, la industria automotriz mexicana es parte fundamental de la economía, siendo nuestro país el 7º productor y 4º exportador de vehículos ligeros a nivel mundial, esto sin contar con la industria de las autopartes que ha alcanzado cifras de 82,000 millones de dólares al año de acuerdo a la Cámara Nacional de Autopartes. Por lo que para los mexicanos, los autos son medio de transporte y fuente de ingreso, al mismo tiempo.

Pero más allá del tema macroeconómico, pensemos en las implicaciones monetarias y civiles que implica tener un automóvil para los particulares. ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en los riesgos que tenemos al conducir en la ciudad? ¿Tenemos una idea de cuánto nos cuesta al año mantener un auto? Es bien sabido que lo complicado no es aprender a manejar, sino mantener un auto y saber sortear todas las calamidades que nos regala la selva de asfalto.

Desde el sencillo paso de “incorporarse a una vía de circulación rápida” hasta la triste frase “se me pasó la fecha de verificación del carro”, todos los días los conductores nos enfrentamos a serios retos que implican que no solo seamos responsables, sino económicamente solventes.

¿Somos solventes?

En primera instancia, analicemos cuánto cuesta mantener un automóvil: el principal elemento para poder manejar es la gasolina. El costo de esta depende de su valor en los mercados internacionales, sin embargo, la Comisión Reguladora de Energía del gobierno mexicano establece diariamente un precio. Si incluimos en la ecuación el costo del mantenimiento (gasto aproximado de 3,000 pesos cada seis meses, incluyendo cambio de aceite, filtro, anticongelante y rectificación de frenos), más el pago de impuestos como licencia, tenencia, verificación (gasto aproximado de 2,300 pesos al año), la suma se eleva a más de 40,000 pesos al año. Nada barato…

¿Somos responsables?

En una urbe tan compleja como lo es la Zona Metropolitana del Valle de México, es indispensable que los conductores seamos responsables y que cumplamos con lo que establecen los reglamentos de tránsito para tener una cultura cívica de comunión y respeto.

Para empezar, es fundamental y debería ser obligatorio que todos los conductores cuenten con un seguro de autos que ampare daños tanto a los que se trasladan en el vehículo, como a terceros que pudieran resultar afectados en alguna eventualidad. No debemos olvidar que nuestro vehículo funge como una extensión de nosotros, por lo que lo que hagamos con él es nuestra responsabilidad.

Como conductores, se sobreentiende que es nuestra obligación respetar el reglamento de tránsito, mismo que en la Ciudad de México cuenta con numerosas restricciones debido al enorme parque vehicular que transita por sus calles. Sin embargo, nunca sobra hacer mucho más que lo necesario para mejorar la convivencia.

La responsabilidad de los conductores inicia desde el cumplimiento de sus deberes indispensables hasta todas aquellas acciones que mejoran su convivencia. Por ejemplo, si un conductor puede compartir su vehículo algún día de la semana con algún vecino en una ruta que sea compatible con ambos, le hará no solo un bien a sus bolsillos, sino al medio ambiente.

Imagina que cuando otro conductor te cierra el paso decides no enfrascarte en una discusión, o que cuando vas a dejar a tus hijos a la escuela no te quedas estorbando a los demás conductores que desean avanzar. Cada acción que pensemos en favor de los demás hará mucho más sencilla la convivencia y la circulación.

Cuando manejamos somos mucho más que simples personas viajando por las avenidas de una ciudad, somos conductores responsables de las vidas, no solo de los que viajan con nosotros, y podemos afectar en mayor o menor medida la vida de los demás.

Por contrario a lo que pareciera, conducir es una de las experiencias más enriquecedoras y divertidas. La libertad y practicidad que brinda un vehículo es incomparable. Sin embargo, en una sociedad tan compleja resulta prudente hacer un alto en el camino y revisar cómo contribuimos para mejorar nuestra convivencia y ser más responsables como conductores.

Guillermo Guadarrama
CEO y Fundador de Auto Chilango. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor

Fuente: Expansión

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