Los secuestradores extranjeros de las altas esferas del poder

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Se codeaba con la socialité,  pero eran los líderes de una banda de secuestradores que tocaban hasta las más altas esferas del poder

Por Redacción

Se presentaban como Ramón Alberto Guerra Valencia Isabel Mazarro Gómez de Santiago, un próspero agente inmobiliario y la dueña de una galería de arte, así como experta en arreglo personal.

Sin embargo, detrás de aquella fachada que se codeaba con la socialité en San Miguel de Allende, Guanajuato, estaban los líderes de una banda de secuestradores que tocaban hasta las más altas esferas del poder.

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Se les acusa del secuestro del excandidato presidencial Diego Fernández de Cevallos, el empresario Eduardo García Valseca y Mónica Jurado, nuera del expresidente Vicente Fox.

Saber el total de víctimas que la pareja tuvo durante sus 10 años de secuestros, es imposible.

Su modus operandi hacía el aislamiento aún más aterrador: las víctimas eran encerradas en cajas de madera, como ataúdes, durante todo el tiempo de su plagio, que llegaba a durar meses.

Además, obligaban a sus víctimas a escuchar música estruendosa durante varios días.

En tierras guanajuatenses supieron acercarse a gente con dinero, ayudados de su fachada; el chileno fue intermediario en la venta de algunas propiedades de lujo y la española comercializaba obras de arte y era dueña de una tienda de artesanías.

La gente con la que se codeaban resultaban ser sus víctimas o los ayudaban, sin que supieran, a conocer extranjeros; sobre todo estadunidenses, quienes se convertían en el blanco de sus secuestros.

Si bien, realizaban uno o dos secuestros al año, las millonarias cifras que pedían por la liberación les permitió mantener una vida holgada.

Se habla de un rescate, por ejemplo, de 20 millones de dólares por la libertad de Fernández de Cevallos.

Además de los secuestros, elaboraban una compleja operación financiera para evitar que se rastreara el dinero de los rescates.

El último secuestro

Actualmente ambos se encuentran detenidos, él en México, ella en España, donde se refugiaba de la justicia.

La última víctima de la pareja fue la estadunidense Nancy Michell Kendall. Tenía dos meses secuestrada, cuando decidieron cortarle un dedo para enviárselo a sus familiares.

El dedo mutilado dentro de una caja fue entregado por el chileno a un taxista, con el fin de que lo llevara a una gasolinera de San Miguel de Allende. Por el servicio le pagaría 500 pesos, una cantidad elevada para un viaje de unas cuantas calles.

Pero el taxista se asustó cuando su cliente empezó a seguirlo en una camioneta, por lo que llamó a la policía, lo que terminó en su captura.

La detención de “Ramón” el 30 de mayo provocó mayor escándalo, cuando se supo que en realidad se trataba de Raúl Julio Escobar Poblete, uno de los más buscados de la Interpol y que vivía en México con una falsa identidad.

Escobar Poblete era buscado por terrorismo, así como por el homicidio de un político chileno y dos policías.

Antes de ser secuestrador, Escobar formaba parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), un grupo guerrillero que combatía al gobierno de Augusto Pinochet.

“Comandante Emilio” era su alias, con el que fue perseguido por dos décadas.

La identidad que Escobar Poblete tomó no fue al azar. Ramón Alberto Guerra Valencia era un niño de Puebla, quien luego de nacido en 1975, falleció. Con el acta de nacimiento del menor, Raúl Julio se hizo de pasaporte, credencial de elector y hasta licencia de manejo.

Hay pocos indicios de la inmersión de Isabel Mazarro en la actividad delictiva, así como su relación con Escobar; sin embargo, todo indica que ambos se conocieron en San Miguel de Allende.

Tras su captura, Escobar Poblete llamó a Isabel, a quien le ordenó “soltar el paquete del cajón”. Nancy fue liberada.

Tres días más tarde, la madrileña tomaba un avión y volvía a España, de donde había salido seis años antes junto a su hijo, su hermana y otros miembros de su familia en busca de fortuna en México.

Durante los meses siguientes, Isabel llevó una vida discreta.

El 25 de septiembre, llegaba a Madrid una petición de la Procuraduría General de la República (PGR) en la que solicitaba a la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil la localización y detención de la mujer. Un mes después fue detenida.

En libertad, pero sin pasaporte y bajo vigilancia, espera el proceso para ser extraditada a México. Pese a las capturas, el ambiente que quedó en la localidad de Guanajuato aún se percibe.

La tranquilidad y la paz parecen haberse ido, confiesan los habitantes del lugar.

Las víctimas de los secuestradores abandonan el pueblo, pero aquellos que se quedan viven en la impotencia y el enojo.

Fuente: La Silla Rota

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