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TACUBAYA

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noviembre 13, 2008
boletín finsemaneando

TACUBAYA
“Tacubaya en la Memoria” de Araceli Parra García y María Martha Bustamante Harfush

Sus inicios

Tacubaya era básicamente un pueblo de agua y tierra. La gente estaba hecha de barro y las casas de lodo y tejamanil. Basta con dar una mirada a algún plano antiguo para imaginarse las barrancas y riachuelos que invadían su topografía: acantilados que refugiaban a los indígenas en época de guerra, con agua pura y cristalina cruzando todos los callados rincones del lugar.

En sus caminos deambulaban los hombres de la tierra y el am­biente olía al fresco amanecer de vetustos árboles, al rocío fresco de flo­res nuevas, a maíz quemado, al mismo olor que guardan nuestros pueblos lejanos hoy en día.

Desde estos parajes, se podía observar una de las más hermosas vistas de la cuenca de México: la ciudad más poderosa del imperio azteca fincada sobre un gran islote, y sobre ella, pirámides grandes en tonos jades, blancos y rojos. La ciudad de Tenochtitlan se encontraba rodeada de lagos, ríos y bosques y más allá, de telón de fondo, los volcanes.

Este lugar recibía las aguas de los manantiales que bajaban desde las lomas del Desierto de los Leones, Cuajimalpa, Santa Fe y las lomas de Dolores. Los ríos Tacubaya y Becerra, que después se convertían en el río de Ia Piedad, eran tan sólo algunos de los que desembocaban en los lagos de la cuenca de México. En esta época se podía transitar en canoa hasta los pies de la loma de Tacubaya, pues al parecer el lago “llegaba a cubrir lo que ahora es la colonia Escandón, y los pobladores podían comunicarse con Tacubaya, sin ningún tropiezo, desde cualquier punto ribereño del lago”. (Fenandez del castillo, Antonio, Tacubaya: historias, leyendas y personajes, 1ª ed. México,Porrúa 1991,p.4)

Se sabe que los primeros asentamientos que se dieron en el valle de México fueron en Tacuba, Tacubaya, Tenayuca, Azcapotzalco y Tlalne­pantla. Para Fernández del Castillo, por lo menos desde hace 12,000 años ha existido vida en la zona de Tacubaya, basado en el descubrimiento de dos puntas de piedra, una encontrada en la loma de la Palma y otra en las lomas de Dolores, las que se encuentran resguardadas en el Museo Nacional de Antropología.

Antes de la llegada de los aztecas, la zona se encontraba habitada en la parte más alta de la actual población. Para Rivera Cambas, estaría situada arriba del molino de Valdés conocida con el nombre de “Coamalacatitlán”, y para Fernández del Castillo se ubicaba en un lugar al que se le conocía como “Yauqueme”, la actual avenida Observatorio, en la zona de los molinos. (Dicha aseveración está basada en una carta enviada por el obispo Zumárraga al emperador Carlos V, en donde se queja de que Nuño de Guzmán había construido un molino en los terrenos del actual molino de Santo Domingo, justo en el centro de la población indígena de Tacubaya). Así, la historia de Tacubaya comienza en el año de 1116 de nuestra era, cuando los aztecas salieron de su lugar de origen, sitio mejor conocido como “Aztlán”, y no es sino hasta el año de 1276 cuando después de una larga peregrinación y varios asentamientos lle­gan a ella.

Fernández del Castillo menciona que el primer asentamiento az­teca se dio cerca de lo que hoy conocemos como la colonia San Miguel Chapultepec. Sin embargo, suponemos que se establecieron cerca del manantial de Becerra, debido a la existencia de importantes teocallis de­bajo de las iglesias de San Juan Tlacateco y Santa María Nonoalco.

Aún antes de la llegada de los aztecas a dicho imperio, Tacubaya era un paraje elegido como refugio por varias poblaciones indígenas. La configuración de su terreno, entre barrancas y ríos, ofrecía un lugar se­guro para ocultarse en época de guerra; y además de asegurar agua y animales para su sustento, podían proveerse de materiales como piedras y varas para la construcción de armas, entre otras el atlatl.

Después de la derrota de Chapultepec, en el año de 1300, los aztecas se encaminaron por segunda vez a su refugio, Tacubaya, y en el año de 1325, una vez establecidos en el islote, se vieron en la necesidad de buscar materiales para fincar la gran ciudad sobre el lago. Tierra, pie­dras y tepetate en grandes cantidades tuvieron que ser traídos desde ese lugar, debido a que era el sitio más cercano y no era un territorio enemigo.

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Es de imaginarse que para esta época “Tacubaya, fuera un pueblo pequeño que vivía de la caza y del comercio; siendo como siempre ha sido un lugar de trán­sito, sacaba provecho de su situa­ción vendiendo alimentos como capulines, tejocotes, zapotes y fru­tas, así como de la alfarería, pieles, varas y otros productos”. (Femández del Castillo, Antonio, op. dt., p. 24.)

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Hasta entonces, México carecía de agua potable debido a que la de las lagunas tenía un alto grado de salinidad, por lo que era necesario Ilevarla del manantial de Chapultepec. De ahí que el rey Tezozomoc manda construir un acueducto, sembrando con ello el descontento de varias regiones, entre ellas Tacubaya, las que decretan un bloqueo con el fin de no dejar pasar mercancías para los mexicas, ya que estaban moles­tas con su rey por servir a Tenochtitlan en tan ardua labor.

El pueblo de Tacubaya fue tributario durante muchos años, pri­mero del reino de Azcapotzalco y después de Tenochtitlan; de esta ma­nera, los tacubayenses tenían que participar como los demás súbditos en las distintas guerras que hacían los aztecas.

Debido a varios sucesos naturales, Tacubaya se convertía nueva­mente en sitio de refugio. Tal es el caso de la sequía general que se dio en toda la cuenca de México en el año de 1454, con un menor resentimien­to en esta zona debido a la abundancia de árboles, y la gran inundación de 1507, en donde este sitio volvió a aportar su tierra, y “los habitantes de la gran ciudad salieron… para irse a refugiar a lugares seguros; ningu­no ofrecía más garantías que Tacubaya por su cercanía y por estar tan elevada sobre el nivel de México”. (Frav Diego de Durán, Historia de las Indias de la Nueva España, p.5)

“A la subida de Moctezuma al trono, Tacubaya había alcanzado una importancia mayor que un simple poblado de tránsito y refugio; había extendido sus límites urbanos”; (Fernández del Castillo, Antonio, op. cit., p. 59) la población se volvió importan­te, pues se sabe que creció “hasta el grado de llegar alguna vez a 15,000 habitantes” ( Rivera Cambas, Manuel, México pintoresco, artístico y monumental, tomo II, México, edición facsimilar de la publicada en México por Imprenta de la Reforma, 1880-1883, 1972, p.3)

Sin duda alguna, este no era uno más de los poblados en los alre­dedores de la laguna, pues abríala puerta de entrada hacia Toluca y Mo­relia, era aduana de mercaderes y viajeros, lugar de paso hacia Azcapotzalco, Tacuba y Coyoacán, centro de comercio de madera y leña, espacio para rituales.

Cronología

1116 – Los aztecas salen del lugar de las garzas, mejor conocido como Aztlán.

1276 – Año aproximado en que se da el primer asentamiento azteca en las tierras de Tacubaya.

1454 – Se sufre una gran sequía en todo el valle de México.

1507 – Gran inundación en la ciudad de Tenochtitlan.

1521 –  Caída del imperio azteca y la ciudad de Tenochtitlan.

Sus barrios

En el año de 1553, por medio de una relación que identifica los tributos que rendía cada región, se sabe que Tacubaya contaba ya con 11 barrios, a saber: Tlacateco, San Lorenzo Suchiguacan, Tesquaquaque, Nunualco Santa María, Huycila, Aguatequepan, Tlacacacan, Colcingo, Tequisquinahua, Qualnaculcingo y Xanestitlán.

Sin embargo, varios autores coinciden en la existencia de siete barrios, a partir del siglo XVI en la zona de Tacubaya; cada uno de ellos contaba con su templo correspondiente y es de imaginarse que desde la época prehispánica las poblaciones estuvieran asentadas en los mismos sitios y que cada uno de éstos contara con su propio templo -teocalli-, sobre el cual se fundarían las nuevas iglesias.

Se venía dando una fusión en varios sentidos, por un lado, la anexión de pequeños pueblos a otros más grandes, y por otro, la integración de la cultura prehispánica con la española; fusión que se vio refleja­da en sitios con nombres como Santa María Nonoalco o San Juan Tlacateco, por citar tan sólo algunos.

Es importante aclarar que durante esta época, los barrios de Tacubaya “eran sitios poblados con una mínima arquitectura urbana”, (Fernández del Castillo, Antonio, op. Cit., p. 46) y que se le daba el nombre de barrio a todas aquellas poblaciones que dependían de una población mayor, en este caso, Tacubaya, lo cual quie­re decir que aquellos no conformaban un mismo espacio urbano, sino que “con el tiempo, Tacubaya se fue extendiendo para asimilar todos es­tos lugares que primitivamente se encontraban separados unos de otros”. (Fernández del Castillo, Antonio, op. Cit., p. 46)

Además de los barrios tratados anteriormente, se conocían otros sitios que nunca llegaron a conformar un barrio, pero servían como pun­tos de referencia, tal es el caso de Tlaxco. Dicho punto se situaría donde principia la pendiente de Tacubaya, a la altura de la calle de General Cano.

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En las cuatro esquinas del interior del claustro del convento de Santo Domingo, se encuentran inscritos sobre cartelas de piedra los nombres de los siguientes ba­rrios: Xihuatecpa, Tlacateco, Nono­hualco y Texcacoac, ya que se piensa que fueron estos los que contribuyeron en la construcción del convento de Santo Domingo. Esto nos hace pensar que quizás hayan sido los barrios mejor esta­blecidos y más antiguos en la zona.

La siguiente lista fue difícil de delimitar por varios aspectos, ya que sus nombres, significados y ubicación, variaban en cada lectura. Y aunque no es fácil localizarlos de manera exacta, los siete barrios y su ubicación serían:
1.-Xihuatecpa, correspondería a las casas que rodeaban a la parroquia de Tacubaya.
2.-Texcacoac, creemos que existe una confusión con respecto a la ubicación y nombre de este barrio, ya que varios autores lo sitúan en donde hoy se encuentra la iglesia de San Juan Tlacateco, y por otro lado, el barrio de Tlacateco lo sitúan en donde hoy se encuentra la iglesia de la Santísima. Pero la ubicación más probable desde el punto de vista lógico del barrio de Tezcacoac, (Tezcaoac,Tlacacoca, Coxcacuac, Coscacoac, son algunas de las derivaciones del nombre de este barrio)  es que éste estaría en lo alto y próximo a los molinos (de Santiago, de Valdés, de Santo Domingo y del Rey), por ser “la barranca por donde baja el agua”; suponemos que es cerca de la iglesia de la Santísima.
3.-Tlacateco, se dice que es el “lugar donde se escondieron los hombres” ya que existía un montículo en donde se podía ver quién venía por el camino sin ser visto fácilmente; estaría ubicado en el sitio en donde hoy se encuentra la iglesia de San Juan Tlacateco o según sus habitantes actuales, iglesia de San Juan Bautista.
4.-Nonohualco, hoy se encuentra ubicado en lo que es la Delegación Álvaro Obregón, en la colonia Santa María Nonoalco cerca de la avenida Mixcoac. En esa zona se encontraba el teocalli dedicado al dios Mixcóatl.
5.-Huitzilán, a espaldas del convento de Santo Domingo.
Más tarde, al parecer al inicio de la conquista, dos pequeños poblados se vuelven dependientes de Tacubaya, conocidos con el nom­bre de:
6.-Santiago Tequisquinahuac, cerca de Chapultepec por la calle de General Cano y San Miguel Culhuacatzingo, donde se localiza la actual parroquia de San Miguel Arcángel o del Perpetuo Socorro.
7.-San Miguel Culhuacatzingo, al sur de Chapultepec, hoy colonia San Miguel Chapultepec.

Con la llegada de los españoles se da un periodo impresionante de construcciones religiosas. Sin embargo, actualmente sólo cuatro ba­rrios cuentan con su respectiva iglesia, mejor conocidos como Xihuate­cpa, con su parroquia de la Candelaria; Tlacateco, iglesia de San Juan Bautista; Nonohualco, parroquia de la Asunción de María, (a esta parroquia se le conoció por mucho tiempo como  Santa María Nonoalco)  San Miguel Culhuacatzingo, iglesia de San Miguel Arcángel. De los tres barrios res­tantes no se sabe con certeza si contaban con su propia iglesia.

El urbanismo daba comienzo con la construcción de las iglesias en cada barrio; los primeros “religiosurbanos” fundaban el punto central en donde convergen todas las calzadas. Tacubaya caprichosamente no se dejaba urbanizar como los demás pueblos, lo único que permitió fue un paisaje transformado por “los perfiles de las grandes iglesias, cuyas cú­pulas se levantaban por encima de las pirámides indígenas”. (Kubler, George, Arquitectura mexicana del siglo XVI, traducción de Roberto y Miguel Ángel de la Torre, Fondo de Cultura Económica, 1984, p. 527)

Dejaba tan sólo una ventana abierta entre los árboles, con peque­ñas torres sobresaliendo y marcando como hitos esos sitios llamados barrios. Santa María, San Miguel, San Juan y demás “santos” comenza­ban a delimitar el espacio futuro de las concentraciones urbanas.

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