Tiempo de planeación

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Por: Roberto Remes

El primer gobierno en funciones a partir del proceso constituyente, con Claudia Sheinbaum al frente, debe convertirse en la piedra angular de un modelo de desarrollo completamente distinto: un desarrollo centrado en la planeación. Necesitamos planear infraestructuras, combate a la pobreza, finanzas y el desarrollo inmobiliario.

Ya hemos hablado con anterioridad del documento que, por fortuna, la Asamblea Legislativa desechó. Me refiero al Programa General de Desarrollo Urbano. Con base en la Constitución local deberá desarrollarse un nuevo documento el próximo año para que comience su vigencia el 1 de enero de 2020, pero en esta ocasión con un enfoque más amplio, al tratarse de un Plan General de Desarrollo, cuya elaboración estará a cargo del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva que se integrará en el primer semestre de 2019.

México, sus entidades federativas y algunos municipios, han desarrollado algunas instituciones de planeación, con sus propios métodos. Pero es claro que si algo nos ha fallado es la planeación. La reciente cancelación del aeropuerto, independientemente de la postura que se tenga, afecta la planeación regional del centro del país, al modificar usos de suelo, sitios de las inversiones y estrategias de desarrollo.

En el modelo ideal, tendríamos que apegarnos a los grandes planes, sin improvisar la infraestructura ni dejar de evaluar qué inversiones públicas puedan tener más impacto. En el caso de la Ciudad de México, la Constitución ya habla de un Instituto de Planeación que tendrá que volverse clave en el desarrollo de la ciudad.

La conceptualización del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva está por definirse en una ley de la materia que el Congreso de la Ciudad de México discutirá. Sin embargo, me parece que al menos deberá conformarse mediante profesionistas que se incorporen a través de exámenes de oposición en materias como el urbanismo, la infraestructura, las finanzas públicas y sociedad, de tal suerte que en la planeación de la ciudad, y deseablemente de la metrópoli, sea la sociedad la que tenga claro su rumbo en materia de desarrollo social, urbano, agua, drenaje, transporte y equipamiento, así como los mecanismos de financiamiento.

Por ejemplo, el presupuesto de Nueva York es del orden de los 90 mil millones de dólares, el de la Ciudad de México es de 10-11 mil millones de dólares, con una población muy similar, cercana a los nueve millones de habitantes. Esa diferencia, como muchas otras que podemos encontrar por el mundo, explica por qué estamos tan rezagados en la atención de las necesidades, más allá de filias o fobias políticas, de buenos o malos gobiernos.

Sin planeación, y particularmente sin planeación financiera, los rezagos y tragedias que conocemos se repetirán siempre: una ciudad que ha respondido con dificultad frente a la reconstrucción, sitios que se inundan año con año, tandeo o falta absoluta de agua, transporte masivo saturado y con fallas operativas. Y esto debe darse en el marco de procesos democráticos lo que supone un mayor reto.

Hay que poner mucha atención el año que viene a la integración del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva.

Con información de: El Sol de México


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