Vivir con miedo

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En los últimos meses se ha registrado un repunte en los delitos de alto impacto en el País.

La Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey están bajo este fenómeno. Si bien no alcanzan los niveles de criminalidad y violencia de otros estados en el país sí son las primeras señales de alerta de una tendencia.

Pero más allá de los datos duros se empieza a reflejar también una percepción de inseguridad y temor entre los habitantes de las principales capitales del País, que asisten impotentes al resurgimiento de una problemática que creían olvidada o por lo menos sensiblemente disminuida.

Robos a tiendas departamentales, restaurantes y joyerías perpetrados por comandos armados, asesinatos, agresiones y cobro de piso, son delitos cada vez más presentes en la vida cotidiana.

Frases como ‘antes esto no pasaba’ dejaron de ser simples expresiones en charlas de sobremesa para convertirse en cruda realidad.

Por ejemplo, en la Ciudad de México, en algunas zonas que se consideraban ‘blindadas’ de la criminalidad, como algunos fraccionamientos exclusivos en Santa Fe en la delegación Cuajimalpa, se empiezan a reportar robos bien organizados a casa habitación, a pesar de la estricta vigilancia y medidas de seguridad.

Además, lugares emblemáticos como las colonias Roma o Condesa, anteriormente zonas de paz, se han ido convirtiendo en focos de delincuencia; en la Colonia del Valle ya no es seguro caminar por las noches; los embotellamientos en Periférico o los semáforos congestionados han vuelto a ser puntos de riesgo para ser asaltado.

Robos a transeúntes, robo a casa habitación, robo a restaurantes, robo a comercio, robo de autopartes y homicidio doloso, son algunos de los delitos que han aumentado en la capital del país en los últimos meses, afectando la vida diaria y el patrimonio de los capitalinos.

Como el caso del comando de 20 hombres armados que asaltó la tienda departamental Walmart en Nativitas […], o el grupo que robó una camioneta de valores en Gustavo A. Madero sin disparar un solo tiro, llevándose 4 millones de pesos. A ello se suman denuncias de algunos comerciantes de la zona del Centro Histórico o de algunos locatarios de la Central de Abasto que dicen ser víctimas del cobro del derecho de piso y amenazas.

Las autoridades capitalinas han defendido la tesis de que la Ciudad de México está libre de la presencia del crimen organizado, pero la realidad contrasta la postura oficial, la expone. En la recta final del sexenio de Mancera y a punto de cumplirse 20 años de la llegada de la izquierda al gobierno de la capital del país, delitos como el robo en sus diversas modalidades registran un aumento preocupante.

El Jefe de Gobierno ha defendido en los últimos meses que el repunte criminal obedece a la implementación del nuevo sistema de justicia penal que ha puesto en las calles a miles de delincuentes, aunque el origen del problema podría no ser tan simple.

Durante años, la violencia y la criminalidad se consideraban bajo cierto control, y había zonas focalizadas donde se sabía que había una mayor concentración delincuencial, sin embargo, esta percepción está cambiando.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Seguridad Pública presentada en enero de este año por el INEGI, un 95 por ciento de los habitantes de la zona oriente de la ciudad (Iztapalapa, Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco) se sienten inseguros.

El 88 por ciento de los de la zona norte (Gustavo A. Madero, Iztacalco, Venustiano Carranza ) y 86 por ciento de quienes viven en el poniente (Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Azcapotzalco) también perciben inseguridad.

En la Ciudad de Guadalajara, debido a la violencia, se han multiplicado los casos de justicia por mano propia. Esta problemática tomó fuerza recientemente cuando a través de las redes sociales se dio a conocer un video de dos mujeres siendo agredidas por locatarios del Mercado San Juan de Dios. El fenómeno parece haber tomado una nueva dimensión con la presencia de grupos delincuenciales bien organizados y numerosos que han dado golpes cada vez más audaces y de mayor impacto.

Lo mismo en Nuevo León, donde el Congreso aprobó esta semana una reforma al artículo 17 del Código Penal que fue considerada por algunos expertos como un permiso para matar, pues se amplió el derecho a la legítima defensa de los ciudadanos en un caso en el que se ponga en riesgo su vida. Todo esto en medio de un tangible brote de delitos.

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Carlos Salazar

Fuente: Reporte Índigo

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