El convento de Santiago Tlatelolco

Al hablar del Convento de Santiago Tlatelolco convergen tres temas que por sí mismos resultan interesantes para ser tratados por separado. Sin embargo, quisiera en este espacio de manera sumaria presentarlos juntos porque son parte de una unidad histórica y también conceptual. Me refiero a un convento franciscano, un santo patrón con una gran carga de simbolismo y a un lugar de origen prehispánico. Comencemos por este último.

El lugar, Tlatelolco…

En una isla que existió hacia el rumbo norte de Tenochtitlan, a la cual un grupo de discordantes mexicanos puso por nombre Xaltilolco y después por un terraplén que se hizo, Tlatelolco, se constituyó una zona de concentración de actividades comerciales de grandes proporciones.

Este sitio singular, llamó la atención de los cronistas españoles al consignar su grandiosidad en sus narraciones por ejemplo, Hernán Cortés, en una de sus Cartas de Relación, ya había manifestado su admiración por la gran plaza de Tlatelolco.

En este sentido, cuando describía Tenochtitlan, apuntaba: “tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil ánimas comprando y vendiendo, donde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan… “.

En tanto, el cronista Antonio de Solís en su Historia de la Ciudad de México escribía “era entre todos la de Tlatilulco de admirable capacidad y concurso, a cuyas ferias acudían ciertos días en el año todos los mercaderes y comerciantes del reino con lo más precioso de sus frutos y manufacturas; y solían concurrir tantos, que siendo esta plaza, según Antonio de Herrera, una de las mayores del mundo, se llenaba de tiendas puestas en hilera y tan apretadas que apenas dejaban calle a los compradores”.

Fue precisamente en esta parte donde los franciscanos sintieron la necesidad de establecer un convento para atender espiritualmente a los indígenas que allí habitaban.

El convento franciscano…

Con ocasión de la llegada del visitador del Consejo de Indias, Juan de Ovando, los fran¬ciscanos presentaron en 1569 un informe sobre sus provincias, en donde se daba cuenta del estado de sus conventos y del personal que trabajaba en ellos.

La relación decía textualmente: “junto y pegado en la ciudad de México, a la parte del Norte, esta el pueblo de Tlatelulco, que es por sí y tiene gobernador y alcaldes y regimiento por sí, porque es cosa distinta, aunque la poblaciónn esta toda junta. Este pueblo asimesmo está en la real corona de S. M. Dicen que terná en la cabecera con sus aldeas seis o siete mil tributarios. Aquí hay otro monas¬terio de esta Orden.

Habrá del monasterio de S. Francisco a este que se dice de Santiago como un cuarto de legua, todo poblado de casas”. El informe señalaba que la población o cabecera donde se asentaba el convento tenia ocho iglesias, que correspondían a cada uno de sus barrios. La comarca o entorno estaba formada por veinticuatro aIdeas con sus capillas, además de la cabecera. Todas atendidas por los frailes del convento. Los franciscanos, según la relación, se ocupaban de atender hasta el pueblo de Santa Clara Coatitlán, que tenia doscientos vecinos.

Con esta referencia nos remontamos a un centro espiritual cercano a la gran Tenochtitlan, fundado para atender preferentemente a los indígenas de esa circunscripción; y que era paso hacia el Tepeyac, más tarde sede del Santuario de Guadalupe. Por esta razón, algunos frailes del convento eran predicadores y confesores de españoles y de indios; y otros solo confesores de españoles y de indios, es decir, se exigía el conocimiento y dominio de la lengua indígena para ejercer la pastoral en esa zona. Pero además de ser un centro espiritual, el convento fue un centro cultural, ya que dentro de sus límites se fundo el famoso Colegio Imperial de Santa Cruz. Así pues, el conjunto estaba formado por una iglesia, un claustra y un colegio.

Desde 1532, según el cronista franciscano Fidel Chauvet, la iglesia tenía la categoría de parroquia. La primera construcción de la iglesia fue hecha en 1535, la cual tuvo que ser derribada en 1543 para construirse otra de mejor calidad, según Real Cédula de Felipe II firmada en Barcelona el primero de mayo del año señalado. La misma suerte que el primero, tuvo este segundo templo al ser demolido a finales del siglo XVII, periodo en que se inicio la edificación de la actual iglesia.

La Iglesia actual es del tipo de las iglesias-fortalezas, por sus grandes paramentos de muro liso y sus almenas. El cornisamento del primer cuerpo descansa sobre cuatro pilastras pareadas de orden dórico. En los espacios “intercolumnios” hay nichos con estatuas. El segundo cuerpo se apoya sobre igual número de pilastras jónicas y el tercero en corintias. La planta tiene forma de cruz latina. Arcos de medio punto sostienen las bóvedas y en las pechinas del crucero son notables las figuras, que representan a los cuatro evangelistas con sus atributos. Estos son de manufactura indígena. Existe un San Cristóbal gigantesco sobre la entrada de la puerta septentrional, ejecutado al temple sobre la pared y desde luego, no podemos dejar de mencionar la imagen ecuestre de Santiago, titular de la Iglesia y del Convento.

Desde luego, que anexos al templo se levantaron el convento donde habitaban los frailes, y el citado Colegio de Santa Cruz. En ese convento vivieron grandes personajes de la Orden Franciscana como fray Bernardino de Sahagún, fray Andrés de Olmos, fray Pedro de Gante, fray Alonso de Molina, fray Arnaldo Bassacio, fray Juan de Gaona, etc. Y del colegio salieron alumnos tan brillantes como Martín de la Cruz, Juan Badiano, Antonio Valeriano, Juan Gerardo y Diego Adriano.

Un santo patrón combativo…

Hablar de Santiago Apóstol es hablar de un sentimiento profunda, de una época vivida par España con intensidad: la combatividad, la lucha contra el Islam … La figura de Santiago inspiro al hombre medieval de la península a luchar contra los moras: Santiago Matamoros … Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y Salomé, hermano mayor de Juan Evangelista; fue uno de los primeros apóstoles llamados por Jesús y uno de los que, junto con Pedro, Andrés y Juan, estará cerca de Jesús, sobre todo en los pasajes importantes de la vida del Maestro según lo describen los evangelistas.

Aunque en realidad no fue evangelizador de España, la tradición popular sostiene que Santiago estuvo en la península ibérica predicando el evangelio. Como quiera que sea, hacia el siglo IX, la devoción popular estableció un culto extraordinario en Compostela que llevo al Santo a ser proclamado protector de la fe y liberador de los cristianos ibéricos frente a los moras. El Santuario edificado en su honor se convirtió en uno de los mayores lugares de peregrinación de la Edad Media.

Las luchas de reconquista del territorio peninsular contra la presencia de los moros, estuvieron alentadas par Santiago, par el espíritu combativo que siempre impulso al apóstol. Este ambiente en el que se mezclo la devoción y el espíritu militar unidos hacia un mismo fin, como lo leemos en la famosa narración épica del Poema del Mío Cid, donde Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (El Señor Combativo) combatió a los moros, es el mismo espíritu que los soldados españoles traerán al Nuevo Mundo.

Por eso, no es de extrañar la presencia de Santiago, guiando a las españoles contra los indios, emulando lo que siglos anteriores habían hecho sus antepasados contra los moras. Santiago se erige en el patrón, guía y liberador del mal en el Nuevo Mundo. Este simbolismo adquiere sentido en Tlatelolco, parcialidad de indios… La presencia de Santiago Apóstol a Santiago Matamoros se vera reflejada hasta en las expresiones de religiosidad popular como el baile de moras y cristianos… Santiago pues, representa una mentalidad y un simbolismo donde se mezclan la conquista espiritual y la conquista militar

* Revista Ritos y Retos del Centro Hist.-Nueva Época No 14-2001