Enamórala y véndela

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Enamórala y véndela. La trata en Tlaxcala

La prostitución forzada en Tlaxcala es un viejo fenómeno de más de medio siglo que se ha extendido con la globalización. El mercado crece y también el número de proxenetas. El tradicional y jugoso negocio está sustentado en el amor, el engaño y el temor.

Por Marta Durán de Huerta

Las jovencitas son conquistadas por hombres que conocen al dedillo el barroco arte de la seducción. Cuando las muchachas están perdidamente enamoradas del galán, éste les propone matrimonio o huir con él. Ahí empieza su desgracia. Los infames traficantes las convencen de que con la prostitución podrán salir de los problemas económicos. Les juran que será temporal y que después tendrán asegurado un porvenir lleno de comodidades. Después tienen hijos con ellas y se los arrebatan para garantizar que no huirán. Todo aderezado con terror, violencia y feminicidio.

Las víctimas de la trata y prostitución forzada proceden de los sectores más pobres de México y muchas veces son indígenas. En algunos casos se les ofrece un empleo, en otros, las migrantes centroamericanas son simple y llanamente secuestradas.

La fabricación de deudas es también un mecanismo para “enganchar” a mujeres y niñas. Les arreglan abortos, les venden la ropa, los zapatos y el maquillaje que las hace “apetecibles” y ellas pagan todo con trabajo sexual.

“La trata de personas es un tipo de violencia sexual extrema. La prostitución obligada causa daño físico, emocional y psicológico”, dice a los micrófonos de  Radio Nederland Ana Rosa Ortega, del colectivo mujer y Utopía A.C. del Estado de Tlaxcala.

– ¿Cómo nacieron estos grupos de tratantes de mujeres?

–  Son pueblos enteros que se dedican a la trata; se protegen entre sí y son ellos los que aportan mayor cantidad de dinero a las poblaciones, tanto en fiestas patronales como en carnavales, y por eso sus comunidades los arropan. Es un viejo fenómeno de décadas. Empezaron prostituyendo a las mujeres de sus propias familias y luego buscaron más mujeres en otras poblaciones y en otros países.

– ¿Las autoridades lo saben?

– Si, por supuesto, las autoridades municipales y estatales lo saben.

– ¿Se ha hecho algo para frenar la trata?

– Últimamente las autoridades estatales han tratado de simular que hacen algo en contra, al tiempo que observamos un mayor número de niñas desaparecidas y en la mayoría de los casos, están ligados a la trata de personas. Hay una ley estatal en contra de la trata de personas que igual que otras leyes, se han quedado en letra muerta.

– ¿Son solo familias o también trafica el crimen organizado?

– En un inicio eran solo familias, ahora éstas se están involucrando con otro tipo de redes. Muchas mujeres que fueron prostituidas ahora se dedican a cuidar a los hijos de las nuevas mujeres que empiezan a tratar.

¡Cuidado con las promesas!

De la misma manera que un pedófilo es experto en niños y sabe cómo acercarse a ellos, los proxenetas saben qué decirle a las muchachas. Lo más importante es que las escuchan. Les preguntan que quieren hacer en el futuro, qué cosas las hacen felices y ya que tienen una idea de la personalidad y aspiraciones de la joven, le prometen un mundo de fantasía, una utopía que solo podrán alcanzar viviendo con él. Como parte del engaño, una pareja mayor se hace pasar por padres del proxeneta para pedir la mano de la muchacha. Una vez en las garras del traficante, las jóvenes son enviadas a burdeles de todo el país.

Tlaxcala, la Meca de los proxenetas

De Tlaxcala ha salido el mayor número de jóvenes engañadas y prostituídas de México. Según los cálculos del antropólogo Oscar Montiel Torres, la mitad de la población de Tlaxcala es proxeneta. Su tesis de posgrado titulada “Trata de personas: padrotes, iniciación y modus operandi”, es el estudio más amplio que existe sobre el tema

Los proxenetas de Tlaxcala cuentan con toda una red familiar de apoyo, con la complicidad de amigos, compadres, vecinos y tal parece que también de las autoridades locales.

La periodista mexicana Lydia Cacho denunció el 5 de noviembre en el artículo titulado “¿Tratantes en el Senado?” que de manera muy rápida y a la espalda de la opinión pública, un grupo de senadoras pretende enviar a la Cámara de Diputados una propuesta que desactive la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos.

“Lo que proponen las senadoras y sus abogados es desarticular el poder de la ley de trata (quitarle los dientes), derogando los artículos que establecen estándares de la atención especializada a víctimas”, escribió Lydia Cacho en su columna Plan B,  del periódico El Universal. Entre otras modificaciones, continúa Cacho, promueven derogar, entre otros, los artículos 19 y 20 “que castigan  a los dueños de los bares y clubes que engañan a las mujeres para prostituirlas”.

La autora del libro Esclavas del poder advierte, finalmente: “Esto nos hace sospechar que justo cuando se tocan los intereses económicos de los grandes tratantes, le arrebatan poder a la ley, argumentando que en la nueva Ley General de Víctimas, todas las víctimas (mezcladas y difusas) caben; sin duda algo está podrido en el Senado y debemos averiguar su origen.”

Radio Nederland Internacional