Preocupante

Pablo Hiriart es un escritor y periodista chileno naturalizado mexicano que se ha desempeñado en la labor periodística por más de treinta años. Hoy, compartimos su opinión publicada en El Financiero.


Se logró un dictamen de reforma educativa bastante razonable y, por el hecho de que PAN y PRI votaran en favor, el presidente López Obrador la quiere modificar “para que no se diga que somos iguales”.

Qué es primero: ¿la educación de los niños de México, o la aversión del Presidente de la República contra los que él denomina “conservadores”?

Pretender cambiar un dictamen de reforma constitucional porque se hizo con el PAN y el PRI, nos indica que en Palacio Nacional siguen anclados en los odios del siglo XIX, o libran en la actualidad una guerra imaginaria.

El tema es preocupante.

Mario Delgado, líder de los diputados de Morena, y el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, lograron consensar con todas las fuerzas políticas un dictamen de reforma educativa que conserva muchos de los aspectos positivos de la reforma que todos los partidos hicieron en el sexenio anterior.

Eso no le gustó al Presidente. Si están de acuerdo con ella “los conservadores”, entonces es mala.

“Voy a hablar con Esteban Moctezuma, que hable con los maestros (CNTE) y que se quite todo lo que pueda ser utilizado como pretexto para que puedan vociferar que somos iguales” con los conservadores.

¿De cuándo acá estar de acuerdo es malo?

López Obrador sigue en la lógica de promover entre sus partidarios que voten en contra de todo, aunque sea bueno para México.

No ha asimilado que ya es Presidente, que ya ganó.

Ahora quiere que cambien el dictamen que ellos hicieron, con tal de no coincidir con el resto de las fuerzas políticas “conservadoras”.

Repito: preocupante.

Dijo ayer en su conferencia matutina: “No somos iguales. No somos simuladores. No va a haber evaluaciones punitivas. Se cancela por completo la reforma educativa (del Pacto por México). No queremos venta de plazas ni trafiques con la nómina”.

A ver: “no va a haber evaluaciones punitivas”. Tanto en esta reforma como en la del Pacto por México, los maestros no pierden su plaza si no pasan las evaluaciones, o “procesos de selección basados en los conocimientos, aptitudes y experiencia necesarios”, como se les denomina en el actual dictamen.

El Presidente vuelve a pelear contra un fantasma. No hay ni habrá “evaluaciones punitivas”.

“Se cancela por completo la reforma educativa (del sexenio anterior)”. Sí, se cancela por completo: se hicieron los cambios semánticos correspondientes, y en el fondo quedó una igual en un 75 por ciento, porque así le conviene al país.

“No queremos venta de plazas ni trafiques con la nómina”. Eso fue, exactamente, lo que hizo la reforma del sexenio pasado, y es lo que la CNTE quiere recuperar.

“Voy a pedirle a Esteban Moctezuma… que se quite todo lo que pueda ser utilizado como pretexto para que puedan vociferar de que somos iguales” a los conservadores. Olvida el Presidente que la reforma está ahora en el terreno legislativo, y no en el suyo ni en el de Moctezuma. Hay algo que se llama división de poderes.

¿No es preocupante?

La reforma educativa del Pacto por México se cambió porque así se lo prometió López Obrador a la CNTE.

El resultado del trabajo serio de los diputados de todos los partidos arrojó un dictamen similar a la reforma que se va a derogar.

Pensaron en lo que le conviene a México, sin fantasmas de guerras entre liberales y conservadores del siglo antepasado.

La consecuencia de derogar una reforma para hacer otra muy similar es que la CNTE ha revivido, se siente traicionada por Morena, y el Presidente está enojado porque hubo consenso en este nuevo texto.

Pregunto: si iban a hacer prácticamente lo mismo, ¿para qué se embarcaron en una nueva reforma que iba a levantar a la CNTE de la lona?

Ese grupo síndico-gangsteril ya estaba derrotado.

Por primera vez en décadas, a partir de 2016 se acabaron las huelgas magisteriales en mayo. Volverán.

Los maestros en territorio de la CNTE ya se evaluaban: en Chiapas, al final del sexenio anterior, se evaluó el 99.4 de los docentes convocados.

En Michoacán, el 97 por ciento de los convocados y en Oaxaca el 90 por ciento.

Todo para abajo, y a empezar de nuevo prácticamente lo mismo.

Ahora revivieron a la CNTE por el puro espejismo de alentar una guerra entre “conservadores” y “liberales” que no está en la mente de nadie. O de casi nadie.

Preocupante, en verdad.