Las 3 del día

El ¿diálogo? La verdad y la justicia

Carlos Puig

El año pasado, por estas fechas, el equipo de transición del hoy gobierno tuvo algunos de sus ejercicios más fallidos.

Se intentaron armar una serie de foros con víctimas de la violencia para, según esto, elaborar la que sería la política de pacificación del país que incluiría algún sistema de justicia transicional, más mecanismos de verdad, amnistía y perdón. Los foros comenzaron a ser costosos políticamente, después se suspendieron, luego regresaron, y al final se quedaron en la nada.

Para octubre ya se habían cancelado los que faltaban. La coordinadora de aquel esfuerzo ya no sabemos dónde quedó. Un desastre, pues.

Ya en el gobierno el tema se ha quedado olvidado, en un cajón.

Ayer, en uno más de estos episodios que suelen suceder en el gobierno, se armó un lío. Que si el subsecretario de Gobernación estaba hablando con grupos delincuenciales para quejaran las armas, que si no, que si eran autodefensas, que si solo con las buenas; hasta que el Presidente ayer en la mañana dijo que no, que no estaban hablando con ellos y que algún día lo harán pero no por lo pronto. Porque, dijo, “lo primero es atender las causas que originan la inseguridad, la violencia, que es lo que estamos haciendo, que se rescate al campo, que haya trabajo, que se atienda a los jóvenes”. Así que, no hay para cuando, pero al menos, un año después el gobierno dice que aún está pensando en aquello.


La venganza

Leonardo Kourchenko

Suena precioso decir “yo no soy vengativo… Paz y amor… Prefiero la reconciliación”. Es un mensaje conciliador, cautivador, muy rentable en las urnas y seductor ante los seguidores. Coloca a la persona que sostiene el mensaje por encima de las rencillas humanas, las bajas pasiones de los rencores y las heridas, que por cierto en política no son menores.

Los casos abiertos e investigados por la Fiscalía General de la República, hasta ahora, señalan lo contrario.

El juicio en contra de Juan Collado, producto de una querella mercantil entre particulares que data de 2014, tuvo que ser desenterrada por algún funcionario oficioso. Alguien, con instrucciones precisas, tuvo que ir a buscar entre docenas de miles de expedientes uno –o varios– que señalara al conocido abogado y de preferencia por temas de negocios, dineros, eso que sustentara la repetida afirmación de que muchos hicieron negocios bajo la sombra del poder –en el pasado.

El de Rosario Robles y la Estafa Maestra es un caso mucho más reciente, sonado, público y con afectaciones multimillonarias al erario de la nación. Hay muchas evidencias y rastros de desvíos en dependencias. Parece ser el primer hilo de una larga madeja que irá deshilvanando a muchas otras dependencias y funcionarios.

Hay, según la Auditoría Superior de la Federación, otras ocho dependencias del gobierno federal desde donde se desviaron recursos para la compleja y sofisticada estratagema de la Estafa Maestra. Entre esas, por cierto, está Pemex. Mucho que investigar tendrá la Fiscalía.

Por lo pronto el Eliot Ness de esta administración, el señor Santiago Nieto, de la UIF (Unidad de Inteligencia Financiera), ha declarado ya en el sentido de nuevos cargos y acusaciones en contra de Rosario. Van con todo para refundirla en la cárcel todo el tiempo que puedan.

Llama la atención el desenterrar una acusación en contra de Carlos Ahumada, irlo a buscar y detenerlo en Argentina por un supuesto faltante fiscal de un millón y medio de pesos. ¿Para qué? ¿Qué aporta? Nada en concreto, salvo saldar cuentas con el pasado.


¿Diálogo o amnistía encubierta?

José Manuel Mireles
Imagen de Proceso

Jorge Fernández Menéndez

No hay forma de justificarlo. Las declaraciones de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, sobre el diálogo con los grupos armados, son la mejor demostración de una estrategia confusa en el combate al crimen que se sustenta en ideas que no tienen sustento con la realidad.

Se trató de explicar que no se trataba de grupos del narcotráfico, sino de otros, los de autodefensa, lo que sucede es que esos grupos (en Michoacán, Tamaulipas y Guerrero) también, además de haber ejecutado acciones criminales y asesinatos, son parte del crimen organizado. Y están coordinados entre sí.

En febrero pasado, en Hidalgo, Tamaulipas, la llamada Columna Armada Pedro Méndez, le organizó un acto de masas a José Manuel Mireles, jefe de uno de los grupos de autodefensa de Michoacán, para proponerlo como nuevo jefe de la Guardia Nacional. Unos y otro están acusados de relaciones con el narcotráfico, la Columna Armada con los restos del Cártel del Golfo (parte de ellos aliados hoy con el Cártel Jalisco Nueva Generación), y Mireles estuvo detenido muchos meses porque, precisamente, se lo considera un aliado del CJNG, organización que financió a los grupos de autodefensa que eran, buena parte de ellos, un instrumento de un cártel para enfrentarse a otro, en este caso, Los Caballeros Templarios.


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