Las 3 del día

Aguanten, digan guácala y abrácenlos

La zona serrana de Guerrero está sufriendo. Hay un desplazamiento forzado que ha dejado pueblos fantasmas porque familias enteras huyeron ante la presencia y ataques de grupos criminales que los robaban y mataban. “Se ha roto el tejido social”, dice un habitante de esas comunidades. “Ha caído drásticamente el pequeño comercio, la ganadería, la agricultura. Las escuelas de esta zona son una tristeza. En pocas palabras se respira desesperanza y miedo”. Esta realidad se la describió por carta al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo; al subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, y al senador Félix Salgado Macedonio, que es de Guerrero. No tuvo ninguna respuesta de ellos, aunque Durazo, de manera indirecta, le respondió.

Este ciudadano recibió respuesta de Leonel Cota Montaño, subsecretario de Seguridad Pública, pero no le dio certidumbre ni tranquilidad. El exgobernador de Baja California Sur y expresidente nacional del PRD, donde se incubó Morena, le dijo: la desintegración social y la inseguridad de su pueblo es una muestra de cómo “miles” de comunidades en el país “se fueron contaminando con la presencia de grupos armados, la siembra de enervantes y del mercado ilegal de las drogas”. También, agregó, refleja el proceso de fortalecimiento de los grupos criminales mientras se daba el abandono del territorio por parte del “Estado Neoliberal, que, preocupado sólo por hacer negocios y servir a los intereses de unos cuantos, dejaba en el abandono el campo y a los sectores más humildes y necesitados de la población”.

El diagnóstico es certero. En algún momento que nadie tiene claro, el tejido social se rompió y los valores se trastocaron. Y todo se fue descomponiendo más y más. A mediados de los 90, en las zonas residenciales de una de las ciudades cuna de grandes capos de la droga, sus habitantes impedían mediante la presión y el aislamiento social, que narcotraficantes fueran sus vecinos y que estuvieran en la escuela y las fiestas con sus hijos. Una década después, ante la falta de oportunidades económicas, la visión había cambiado. Dejar a sus hijos arriesgar diariamente su vida a cambio de dinero y una vida que jamás tendrían, fue aceptado como divisa de cambio por una vida corta. En dos de las más grandes ciudades mexicanas, los capos fueron admitidos socialmente. Los estereotipos en las narconovelas en televisión crearon modelos a seguir para cientos de jóvenes.

El Estado mexicano no hizo nada. Desde mediados de los 80 abandonó el campo y achicó las instituciones que lo atendían. El EZLN, que nunca se involucró con el narco, fue una expresión clara de ese abandono: su surgimiento se dio en las zonas cafetaleras que dejó a su suerte el Instituto Mexicano del Café, al ser cerrado. En la sierra de Guerrero, el Ejército, pragmáticamente, cerró los ojos por décadas, permitiendo que los campesinos cultivaran amapola. Un general, confrontado por esa tolerancia, respondió: “Si no lo hacemos, se mueren de hambre”. El tejido social no podía fortalecerse. No había Estado para atender esa fractura nacional. El modelo neoliberal tuvo en ello una de sus más grandes externalidades.

Cota lo refiere bien en su carta al vecino de la sierra de Guerrero, pero no abre un camino que avizore soluciones. Su respuesta es descorazonadora porque está llena de propaganda y lugares comunes. “Con la honestidad y responsabilidad que debe caracterizar a un gobierno que quiere transformar al país, le comentamos y nos comprometemos con lo siguiente”, le dijo. “El proceso de reconstrucción del Estado mexicano, para reorientarlo al servicio de los sectores, regiones y comunidades de todo el país, llevará un tiempo razonable que va de tres a seis años… Las bases de la reconstrucción del Estado empiezan con las políticas sociales de bienestar con apoyos a los adultos mayores, discapacitados, becas para estudiantes y cobertura en educación y salud… La nueva política económica… contempla incrementos salariales arriba de la inflación… La presencia y operación de la Guardia Nacional… es sólo un complemento de las políticas económicas y sociales del nuevo proyecto de nación… de nada sirve enviar a la Guardia Nacional si antes no han llegado los programas sociales, educativos, económicos y culturales”.

¿Cómo le hace la gente en zonas como la serrana de Guerrero? ¿Mandando a volar a los criminales y a los cárteles de la droga como propone el presidente Andrés Manuel López Obrador? Decirles, cuando los vean, ¿“fuchi” y “guácala”? Obviamente no, pero tampoco existe un plan alterno. La carta de Cota confirma que el combate a criminales no es la prioridad, que la prevención –que es lo que significan los programas sociales– son la primera vía, aunque, para que eso pueda darse, no bastarán los tres a seis años que planteó el subsecretario como horizonte, sino cuando menos una generación para comenzar a verse el impacto. Objetivamente, eso no será posible sólo con abrazos sin balazos.


Es el tiempo para los ‘farmouts’

Imagen de Vanguardia

La Secretaría de Hacienda nuevamente salió al rescate de Pemex.

Anunció la aportación de 5 mil millones de dólares al capital de la petrolera.

El fondeo de estos recursos sería derivado de activos con los que ya cuenta el gobierno y no implicaría endeudamiento.

Falta saber en detalle de qué fondo provienen estos recursos, que son cercanos a los 100 mil millones de pesos.

Pero, además, habrá emisión de nuevos bonos que permitan una mejoría en el perfil de los vencimientos de la deuda de Pemex.

Con esta estrategia lo que esencialmente obtiene la empresa es tiempo.

Tanto Moody’s como Fitch salieron rápidamente a señalar lo positivo del hecho, pero calificando como “moderado” el impacto en las finanzas de la empresa.

Hay que recordar que para 2020, el Presupuesto contempla otra aportación de 86 mil millones de pesos, en parte en la forma de capitalización y en parte como reducción de impuestos.

Todos estos apoyos han permitido que las calificadoras no le vuelvan a bajar la nota a Pemex. Es especialmente importante Moody’s, que nos tiene apenas arriba del grado de inversión.

Ayer, ya ratificaron tanto la calificación como la perspectiva negativa. En el caso de Moody’s, la nota es Baa3, que es la mínima para tener grado de inversión.

Desde una perspectiva optimista, cada mes que transcurre sin que Moody’s se convierta en la segunda calificadora que le quita el grado de inversión a la deuda de Pemex, es algo positivo.


No reelección

El pasado martes, un palurdo del estado de Tabasco tuvo la osadía de declarar “sufragio efectivo, SI REELECCIÓN” desde la tribuna del Congreso local. El improvisado lleva por nombre Charlie Valentino y milita como legislador de Morena en el Congreso de Tabasco, el mismo que hace unas semanas aprobó de forma ignominiosa la ‘Ley Garrote’, que prohíbe, sanciona y elimina la protesta y manifestación pública en ese estado.

La locuacidad del personaje, un típico “sácale punta” que pretende quedar bien con alguien, viene a colación por otros desmanes que protagoniza Morena en distintas partes del país. La ‘Ley Bonilla’ en Baja California, a modo para ese otro impresentable antidemócrata que fue electo para dos años, pero él quiere romper y violar la ley para quedarse cinco.

Aparecen en distintos rincones del país estos personajes que llaman a destruir uno de los preceptos básicos de nuestra república: el principio de no reelección. Es el sustento del nacionalismo revolucionario del siglo XX, el motor de la incipiente democracia construida por la victoria de Francisco I. Madero en 1910. Bajo este lema y principio se terminó con la dictadura de Porfirio Díaz de 34 años en el poder y fue el arranque de la Revolución Mexicana.

Estos hechos pudieran sugerir acciones aisladas, producto de la ocurrencia, ignorancia y la torpeza de algunos personajes, carentes de auténticas convicciones democráticas. Pero la repetición, la constancia de efectivos de Morena –de forma predominante–, aunque en Baja California diputados de otros partidos aprobaron la moción para extender el gobierno de Bonilla, eleva la sospecha de una estrategia para construir una idea creciente en este sexenio, para modificar la Constitución.

El Presidente insiste en la revocación de mandato, que no es otra cosa que un engaño disfrazado de consulta democrática. Los funcionarios fueron electos constitucionalmente por un período establecido en la ley. No se puede modificar al antojo de nadie, ni siquiera –falacia mayúscula– porque “el pueblo lo demande”. Falso, primero está la ley que establece el marco de convivencia social, política y económica de México. Si en el interés del proyecto gobernante está modificar los términos del sistema económico de México bajo la bandera de una mayor equidad y mejor distribución de la riqueza, adelante, obtuvieron los votos y es un acto de justicia social. Pero cambiar las reglas del juego político, desde el poder, para beneficio del grupo gobernante, es un atropello no sólo a la ley vigente, a la historia, a la compleja y muy desconfiada construcción de nuestra incipiente democracia. Es también mentir, engañar, manipular, porque bajo esas reglas llegó el actual grupo al gobierno, bajo un marco de competencia abierta, libre, plural, auscultada por instituciones confiables y autónomas, de suelo parejo y equitativo. Muchos cuestionan que este último punto haya sido defendido por la autoridad electoral en el pasado proceso federal de 2018, porque el hoy Presidente de la República tuvo enorme ventaja de promoción, propaganda y uso de vericuetos partidistas para su beneficio. Pero ya es historia, y la victoria indudable.

El tema es no romper ese marco jurídico de competencia electoral, porque entonces nos vamos para atrás un siglo. No hay caudillos ni dictadores. No hay “hombres fuertes” ni líderes iluminados por la supuesta gracia del pueblo. Al pueblo se le manipula, con dinero, con promesas, con discursos esperanzadores, como nuestra historia partidista demuestra en los últimos 60 años. No hay milagros ni pastores.


Las tres del día es un ejercicio de compartir columnas que tratan los temas más importantes del día. Pueden leerse en su totalidad en los links correspondientes.