Las 3 del día

Dos años de los sismos y miles siguen esperando

Si el mes de septiembre no se puede olvidar es porque hay tristes recuerdos de desastres naturales: los huracanes Ingrid y Manuel que dejaron destrozado Guerrero y varados en pleno puente a miles de turistas en Acapulco, así como los sismos de septiembre de hace dos años que destruyeron comunidades enteras y que en la Ciudad de México revivió en la mente de millones la tragedia del sismo de 1985.

Los dos huracanes sucedieron en 2013 y los sismos hace ya dos años, en ambos casos la pregunta es si estamos cubiertos financieramente para atravesar eventos de este tipo; quienes contaban con un seguro y fueron pagados de manera rápida y sin tanta tramitología, sin duda, hablarán de las bondades de contar con ellos, ya que recuperaron algo de lo perdido al tener un seguro contratado.

Pero en el otro lado, hay miles que siguen en el largo proceso de intentar cobrar un seguro asociado a los sismos de 2017. A dos años de este terremoto hace pensar que quizás es necesario hacer ajustes más acordes para apoyar a quienes tenían un seguro contratado y no han podido cobrarlo; si bien hay un avance de casi el 87 por ciento en haber pagado a quien fue afectado en su inmueble y reportó un siniestro, faltan cuando menos más de 10 mil casos de ser solucionados. Eso si, los seguros de vida se pagaron ya al 100 por ciento, al igual que los de salud y los de autos en 99 por ciento.

Las aseguradoras catalogan como causas o situaciones externas que impiden el avance de la indemnización, o por falta de dictámenes de los directores responsables de obra, que no acreditan ser propietarios del inmueble o que los vecinos en el caso de los condominios no se ponen de acuerdo para pagar la parte proporcional de las áreas comunes que es donde hay la principal causa de atraso.

Datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) aseguran que en el caso de los seguros de daños, que estaban ligados a comercios, industrias, vivienda e inmuebles del gobierno, hay un avance de 71.18 por ciento en el pago.

Quien vive una situación de este tipo, lo que espera es una respuesta y pago rápido; dos años quizás sea un tiempo para la industria aseguradora razonable y positiva dado que se han tenido avances, pero para un usuario afectado, dos años sin poder cobrar un seguro que ya se pagó constituye una pesadilla.

Los sismos del 2017 dejaron importantes lecciones y propuestas de cambios regulatorios que están en marcha, si bien es triste que cada siniestro deje en evidencia que los procesos deben mejorarse, y que hay miles que aún les falta cobrar su seguro, lo positivo es que representa una oportunidad para que las aseguradoras sean más eficientes y que fomenten la contratación de este tipo de instrumentos de protección financiera con información precisa sobre cómo funcionan, qué cubren y el monto que realmente pagarían lo que beneficiaría a todos. Puede que el proceso de pago sea tardado, pero en algún momento los astros se alinearán y haberlo contratado puede cambiar el panorama al momento de suceder este tipo de eventos.


A 34 del peor desastre

Nunca olvidaré aquella mañana del jueves 19 de septiembre de 1985.

Eran las 7:19, sabría después y para siempre, y me despertó un sacudimiento. Entonces vivía en el sur de la ciudad y supe que había sido fuerte porque por aquellos rumbos no se sentían.

Encendí la televisión, entonces trabajaba en Canal 13, y vi a don Pedro Ferriz y a Adriana Pérez Cañedo hablando ya del temblor, pero con la única fuente de lo que habían sentido. Me asomé al Canal 2 y no había señal, tampoco en los otros canales de Televisa que transmitía, como lo sigue haciendo hoy, desde Chapultepec 18. Luego conocería la tragedia de amigos y compañeros muertos y el edificio de noticieros en la calle, en ruinas.

De inmediato me fui al canal y comencé a recibir, primero imágenes, mucho más tarde, información cada vez más devastadora.

Don Pedro me dijo que su hijo, Ferriz de Con, había quedado atrapado en el edificio de Radio Fórmula y se fue a buscarlo. Me quedé al aire con Pérez Cañedo.

Y así pasaron las horas y los muertos. No eran tiempos de celulares, ni imaginarlos, y solo unos pocos contaban con un Iusacell de coche, como Jacobo Zabludovsky, la única fuente de información en vivo desde los lugares de la tragedia, vía la XEW.

Luego vendrían los primeros datos, más imágenes, destrucción, muerte, dolor y la desesperante condición de no entender las dimensiones del desastre, y en mi ciudad, la peor historia que he tenido que contar en medio siglo de reportero cotidiano.

De eso, hoy hace 34 años.

Y no lo he podido superar ni personal ni profesionalmente: los muertos, más de 12 mil, ¿o 15 mil?; la morgue en el estadio de beisbol, las fosas comunes, con miles de cuerpos sin identificar entre capas de cal y tierra

Jamás lo olvidaré.

Y el dolor, tampoco.


#19S, ¿ahora sí aprendimos?

¿Qué harás a las 10:00 horas de hoy? Tal vez estés en la escuela. Acaso estés en el trabajo, con un par de horas arrancada la jornada. O probablemente te hayas desvelado y puedas darte el gusto de quedarte en la cama más tiempo, reponiendo las horas de sueño perdidas. Lo que no deberías de hacer es permanecer inmóvil donde estés, sin atender el Macro Simulacro de sismo.

Miles de muertos del terremoto de 1985 y decenas de fallecidos en su trágica repetición en 2017 nos lo deben recordar como una prioridad. Pero la verdad, la memoria parece ser porosa ante la catástrofe.

¿Cuántos de nosotros –sin caer en la paranoia– tenemos los documentos primordiales reunidos en una misma maleta? ¿Cuántos de los que vivimos en la zona cero, la más vulnerable por el reblandecimiento de la ciudad, tenemos cerca de la puerta de la casa la mochila de emergencia?

¿Cuántos sabemos que desde un tercer piso, el protocolo de Protección Civil nos marca la posibilidad de bajar –tras escuchar la insultante, pero vital, alerta sísmica– a nivel de piso, y que más arriba de eso está proscrito intentarlo? ¿Cuántos sabemos que hay que subir a la azotea si suenan esas funestas bocinas, en caso de encontrarnos a tres pisos del último nivel de un edificio?

A 34 años del terremoto… a sólo dos años del #19S, para la gran mayoría todo parece haber regresado a una preocupante normalidad indiferente. Sigue habiendo gente sin casa, por el sismo o por otras razones, y casi nadie acude ya a campamentos. Sigue habiendo gente con hambre, por el terremoto y por el fracaso histórico del modelo de Estado que hemos tenido y pocos sándwiches se reparten en la calle producto de la presumida solidaridad inacabable del pueblo mexicano.

En este #19S, ¿ahora sí aprendimos? Espero encontrarme a mucha gente, a las 10 de la mañana, en el círculo verde y blanco (¡espero que haya un círculo verde y blanco o algo similar!) que encierra la frase ZONA SEGURA, en el restaurante donde debo estar a esa hora atendiendo una cita de trabajo.