¿Funcionó el cinturón de paz?

En la marcha del 2 de octubre, alrededor de 12 mil servidores públicos participaron en el llamado “cinturón de paz”. Una iniciativa del Gobierno de Ciudad de México, la cual pretendía resguardar los sitios históricos del centro de la ciudad, así como personas y negocios.

Según la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ningún servidor público fue obligado a participar en estas actividades. A manera de identificación, los servidores tenían puesta una playera que decía “Cinturón de Paz”.  Estas tuvieron un costo de 960 mil pesos, por las 20 mil playeras que se mandaron a hacer.

Agresiones contra funcionarios

Sin embargo, la iniciativa no tuvo los resultados esperados. En la marcha, los participantes corearon gritos en contra de los elementos del cinturón de paz.

Cuando los grupos anarquistas llegaron al Centro Histórico, dirigieron sus agresiones contra los funcionarios.

Después de esto, el cinturón de paz se disolvió y los participantes se quitaron las playeras y se refugiaron detrás de la policía.

Tras estos hechos, las críticas no faltaron.

¿Qué falló?

Como un acto simbólico funcionó, sin embargo, el cinturón de paz no tenía ningún otro objetivo. No estaban capacitados ni tenían protocolos de actuación para saber qué hacer en caso de una emergencia o una situación de riesgo.

La presidenta de la Comisión de los Derechos Humanos de la Ciudad de México, Nashieli Ramírez, a quien se le preguntó sobre la función del cinturón de paz y comentó: “los cinturones de paz no estaban programados para ser seguridad. No deben, no tienen ninguna capacitación para serlo. Era simbólico”.

¿Hay que rendirse ante las marchas y pintas?

No, no es la opción. Lo importante es tener grupos especializados que ayuden a contener estos hechos de violencia, incluida la policía. Y no se trata de reprimir, sino de hacer uso de la fuerza pública.

Esto no significa más violencia o detenciones arbitrarias. Se trata de mediar para evitar justo la violencia.

Una agrupación civil que lo hace desde hace años es la “Brigada Humanitaria de Paz Marabunta. Están presentes en las movilizaciones de Ciudad de México, auxilian médicamente a lesionados en las marchas y son capaces de evitar conatos de violencia entre ciudadanos y policías.

“Nosotros creemos en esta parte del humanitarismo como lo que sucede en Gaza, que jóvenes de todo el mundo van y se paran ahí en la playa. Y a lo mejor se puede interpretar como algo irresponsable, imprudente de ir a arriesgarse. Pero no podemos vernos ni como héroes ni como nada de eso, a nosotros nos queda claro que al caballo se le hacen caricias para montarlo”, explica el líder y fundador de Marabunta, Miguel Barrera Rocha de 48 años.