Y Claudia fue “bulleada”

Sonaba bien la verdad, eso del cordón de paz.

Aunque no tengo claro que esté entre las obligaciones y responsabilidades de los funcionarios públicos de la ciudad.

Sonaba bien, aunque ayer probó, digamos, ser un poco inútil.

Hay una lógica.

Los grupos de encapuchados: pocos, desmadrosos, vándalos, son unos bullys.

Es un bulleo colectivo contra la marcha y de la ciudad. No parece siquiera que tengan alguna posición o demanda política, no exigen nada al Gobierno de CdMx, ni al federal, ni a nadie. Esos sí, Claudia, son provocadores.

El cordón de paz resultó, de hecho, para el colectivo bulleador, una invitación a echar más desmadre. Y ayer, ni modo, fueron la nota.

Sin nada que perder, una vez más pintaron, rompieron vidrios y puertas, prendieron fuego, agredieron a medios de comunicación y policías, cuando los encontraban.

Es difícil entender la relación de Claudia Sheinbaum con la policía, la de su ciudad, de la que ella es jefa.

Entiendo que los capitalinos —como la mayoría de los mexicanos— tenemos una mala relación con las policías. Tenemos nuestras razones, no es gratuito, pero no ayuda a mejorar esa relación ni a dignificar la imagen de los policías, cuando la jefa de Gobierno no quiere que los policías cuiden a los ciudadanos cuando sabemos que habrá un grupo de bullys haciendo lo que hacen.

Lo que Claudia nos está diciendo es que los policías de la ciudad no tienen ni el entrenamiento, ni la capacidad, ni la sensibilidad para contener y detener a los vándalos. El mensaje a los policías es no confío en ustedes.

La lógica de que no estén los uniformados es que la jefa de gobierno piensa que no hay manera que los policías no violenten los derechos humanos ni actúen con brutalidad.

La decisión de no desplegarlos manda ese mensaje inequívoco.

Y es curioso, al final de la marcha, cuando las cosas ya se habían salido de control, cuando el cordón de paz se había ido a refugiar detrás de policías, los uniformados con sus cascos y sus escudos encapsularon y contuvieron al grupo de vándalos que iba en la retaguardia.

Al final de cuentas, después de la estrategia habría que preguntar: ¿ahora quién se atreve a marchar? Y por lo tanto, ¿quién salió ganando?