Las 3 del día

Embarrados

El silencio de Eduardo Medina Mora para explicar las “graves” razones que lo llevaron a renunciar como ministro de la Suprema Corte, terminó por embarrar a múltiples actores políticos. De ayer y de ahora.

Y valga decirlo de una vez: no hubo una sola voz –ni siquiera del PRI-, que saliera a defender al ex secretario de Seguridad Pública, ex director del Cisen, ex embajador de México en Washington.

¡Todo lo contrario! Lo zarandearon por todos lados y hasta demandaron -en voz de Germán Martínez- se active la investigación en su contra por los sucesos de Atenco, tal como lo ordenó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Pero, decíamos, no sólo a Medina Mora le llovió ayer desde la tribuna del Senado por su historial y su silencio:

Se va en la misma burbuja de descontento con la que llegó, más la ignominia y la vergüenza de no querer venir a explicar por qué renuncia –diría la senadora Malú Micher. ¿Qué cola trae este señor? ¿Se muere de vergüenza o le importa un comino esta soberanía?

Los propios senadores, sus antecesores, fueron recriminados por haber votado a favor de su nombramiento como ministro de la Corte hace cuatro años, aun a sabiendas de su “cuestionada” trayectoria, como también apuntó la petista Geovanna Bañuelos.

Y a los actuales, los que ocupaban ayer mismo los escaños en el Pleno, fueron señalados por los de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda y Samuel García, en el sentido de que si había motivos suficientes para cuestionar la honradez del ministro, “se debió haber acudido a un juicio político para que diera la cara”.


Si Calderón ofrece disculpas, que vaya a las tumbas

Odebrecht

El cinismo de Felipe Calderón llegó al grado de hacerse la víctima y acusar a quienes pedimos que no se presentara en el Tec de Monterrey, de usar el caso con fines mediáticos y políticos en su contra, a pesar de que en las inmediaciones de ese colegio, sus fuerzas armadas asesinaron a dos alumnos de excelencia académica a los que les fueron sembradas armas y drogas, y luego él criminalizó.

Quienes consideramos que no debía dictar una conferencia de Derecho al colegio donde el ejército ejecutó a Jorge Antonio Mercado Alonso y a Javier Francisco Arredondo Verdugo, es porque creemos que es una falta de respeto a sus deudos y a la memoria de los muertos y desaparecidos en una guerra, sin pies ni cabeza, emprendida contra el crimen organizado al inicio de su sexenio.

No levantar la voz hubiese sido atentar con nuestra memoria, darle un cheque en blanco o permitirle a Calderón borrar poco a poco las huellas de los crímenes de Estado de su gobierno, pues como escribí en este espacio el 2 de octubre (Respeto para Jorge y Javier, por favor), los muchachos fueron sepultados hace 10 años bajo los peores señalamientos y acusados de bandidos y enemigos de la sociedad. Quedaron con ese estigma hasta que la investigación documental titulada Hasta los dientes exhibió que fuerzas federales alteraron la escena del crimen, tras comprobar que se equivocaron de objetivo.

El director de la cinta, Alberto Arnaut, narró lo sucedido aquella madrugada de otoño de 2009 proyectando las mentiras dichas por el gobierno de Calderón, el ejército, e incluso, el propio Tec, así como la lucha de las familias por limpiar el nombre de sus hijos. Por eso el gobierno federal en turno ofreció disculpas públicas de Estado a los familiares.

La carta a David Garza, rector del Tec, en la que el ex-presidente notifica su cancelación al evento, obedece a la presión social, pero, sobre todo, al llamado de Rosa Elvia Mercado, mamá de Jorge Antonio, quien buscó apoyo de los medios para inconformarse con la visita de Calderón al campus. El expanista, sin embargo, aún debe la disculpa a los padres afectados, a Jorge Antonio y Javier Francisco.


El objetivo es controlar la Corte, a como dé lugar

El Presidente se lavó las manos en el caso Medina Mora con una coartada imposible de digerir: “yo no di instrucciones de que se le acosara para que renunciara”, dijo el lunes.

Todos sabemos que un Presidente no necesita dar órdenes expresas para que actúen sus pretorianos. Basta con expresar públicamente su animadversión hacia alguien.

De Medina Mora, López Obrador ha dicho que es “un delincuente peligrosísimo”.

Que “el nombramiento que hizo el presidente pelele para que este señor sea Procurador General de la República es un insulto para todos los mexicanos”.

Lo acusó de estar detrás de los videoescándalos y de la “represión” en San Salvador Atenco.

Cuando llegó a la Corte, AMLO dijo que fue impuesto por “la mafia del poder”.

Son señales suficientes para que sus operadores más exaltados, ahora en el gobierno, sepan a quién tienen que acosar y perseguir. Especialmente cuando el objetivo es controlar la Corte.