Las 3 del día

Humillación a López Obrador

La operación para capturar a Ovidio Guzmán López, el jueves pasado en Culiacán, fracasó antes de empezar. No nos entrampemos en la discusión moral sobre si fue correcta o no la decisión presidente Andrés Manuel López Obrador sobre su liberación para salvar vidas –de eso hablaremos mañana–, porque oculta la magnitud y profundidad de la acción de un gobierno que llevaron a esa disyuntiva, y perfila lo ominoso del futuro. Como dice una experta en temas de seguridad, “las vidas no se salvan el día de la operación, sino de la planeación”. El jueves 17 de octubre definirá en muchos sentidos al gobierno de López Obrador.

Investigar a los mandos que ejecutaron la operación en campo, como anunció el gobierno el fin de semana, es un acto de cinismo que elude a la autocrítica y busca salvar la cabeza de los verdaderos responsables del desastre, que fue el gabinete de seguridad y, al avalar sus recomendaciones, del Presidente mismo. La operación para capturar a Guzmán López se hizo por petición del gobierno de Estados Unidos para efectos de extradición. Por eso fue encabezada por agentes de la Fiscalía General apoyados por la DEA –primer anomalía, sobre la actuación en campo de agentes extranjeros–, con el respaldo táctico de la Guardia Nacional y el Ejército. ¿Qué falló?

1.- Culiacán, como otras ciudades de alta presencia criminal, está llena de halcones, que informan de cualquier movimiento sospechoso. Por tanto, cometió el gabinete de seguridad errores que no se dieron en el pasado al planear la captura de un objetivo de alto impacto:

a) No incorporar personal de la plaza, con lo cual evitaban filtraciones o ser sometidos a chantajes, como sucedió con la privación de la libertad de familiares de militares que participaban en la operación.

b) Intervención hormiga. En el pasado, los comandos especiales que realizaban la operación, llegaban a la plaza clandestinamente, uno por uno, o en grupos menores de tres, en vehículos privados para evitar ser detectados. No partían de las instalaciones federales que siempre están bajo vigilancia.

c) Inteligencia. El trabajo de inteligencia fue insuficiente. Sabían dónde estaba Guzmán López, pero desconocían el diseño de seguridad del Cártel de Sinaloa en caso de una contingencia como la que enfrentaron. La desarticulación fue tan notoria, que una de las dependencias de donde salió la fotografía de Guzmán López hacia los medios fue el Centro Nacional de Inteligencia, con lo cual exhibió, involuntaria o deliberadamente, a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, cabeza de la operación.

2.- Ese tipo de operaciones se planea bajo la presunción de que se va a enfrentar resistencia y que para cumplirla tendrán que abrirse el paso a fuego. Para ello se requiere:

d) Elemento de sorpresa. Un convoy que sale de las instalaciones federales en Culiacán, a nadie sorprende y los halcones dieron cuenta perfecta de él.

e) Control de las comunicaciones. Por la rápida forma como reaccionaron todos los grupos del Cártel de Sinaloa para apoyar a la facción de los hermanos Guzmán López, se puede presumir que no saturaron las comunicaciones telefónicas o de radio de la organización criminal.

f) Capacidad de fuego. Como admitió el secretario de la Defensa, el general Luis Cresencio Sandoval, subestimaron la fuerza del enemigo. Inaceptable como argumento; imperdonable en la estrategia. Tampoco utilizaron los Blackhawks, que dejaron en tierra por temor a que se los derribaran. La falta de apoyo aéreo contribuyó al desastre, al ignorar el gabinete de seguridad que son helicópteros de guerra y tienen blindaje para ello.

g) No hubo plan de extracción. Esta es una de las pruebas más fehacientes del incompetente plan. ¿A alguien en ese gabinete se le ocurrió que tendrían que sacar a su objetivo de manera rápida y segura de Culiacán?

La captura telegrafiada y la incapacidad para realizar quirúrgicamente el operativo, hizo imposible concluirlo. En un video de la Secretaría de la Defensa que comenzó a circular el viernes, dejó claro que los soldados cumplieron con la misión de capturarlo. Lo que sucedió después, sugieren claramente, no fue responsabilidad de los militares. Guzmán López fue llevado a las oficinas de la Fiscalía en Culiacán, donde los cercaron. Mientras tanto, el Cártel de Sinaloa estableció dos perímetros de seguridad en las carreteras que conectaban con Culiacán y tomaron el aeropuerto, para frenar cualquier acción de apoyo. Es decir, hicieron lo que la operación debió de haber considerado y no hicieron. Bloquearon las calles de la ciudad con barricadas de vehículos incendiados, con el mismo propósito.

El Cártel de Sinaloa también le ganó la narrativa al gobierno federal. Los secretarios de la Defensa y el de Seguridad, Alfonso Durazo, se contradijeron desde el mismo jueves, y el choque de versiones continuó al día siguiente. El presidente López Obrador desmintió y corrigió a ambos. Nunca hubo un grupo de crisis y el responsable de comunicación social, Jesús Ramírez Cuevas, volvió a mostrar su incompetencia al no ordenar el mensaje. Atascado en propaganda y difamaciones, no supo cómo contrarrestar la desinformación criminal. En cambio, el abogado de Joaquín El Chapo Guzmán, padre del detenido, fue quien orientó desde el jueves la información y ofreció una conferencia de prensa el viernes para agradecerle al Presidente su “humanitarismo”. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana pretendió impedir la conferencia, pero nunca supieron cómo.

Militar, política y mediáticamente, el Cártel de Sinaloa humilló, chantajeó y derrotó al gobierno federal. La liberación de Ovidio Guzmán López la negoció directamente su hermano Iván, quien fijó las condiciones y los términos de la rendición. El presidente López Obrador justificó que dejarlo en libertad evitó un baño de sangre, pero ni siquiera supo lo que confesó, lo que provocó y las consecuencias que tendrá su decisión.


¿Dónde está Iván Archivaldo Guzmán?

Archivaldo Guzmán

La versión oficial fue que el gobierno se vio obligado a liberar a Ovidio Guzmán López para evitar un escalamiento incalculable de violencia. Sin embargo, podría haber evidencia de que fueron dos los hijos de Joaquín Guzmán Loera quienes lograron escapar el jueves de la semana pasada en Culiacán.

Además de Ovidio, también Iván Archivaldo Guzmán Salazar podría haber eludido la acción de la justicia.

Refieren este hecho una serie de grabaciones presuntamente relacionadas con la comunicación de los integrantes del Cártel de Sinaloa durante las horas en que la ciudad de Culiacán atravesaba por sus peores horas.

Obviamente no es posible confirmar su veracidad, pero la información contenida en ellas no debe tampoco ser desechada ya que coincide con datos y con hechos que sí han sido confirmados, como por ejemplo la liberación de Ovidio Guzmán.

Cabría incluso suponer que estas grabaciones hayan sido dadas a conocer por esa empresa criminal, con el propósito explícito de informar a los suyos sobre el paradero de Iván Archivaldo.

En una de las grabaciones un sujeto advierte que las cosas se van a poner muy feas ya que agarraron a “los chapitos, a los chilos.”

El plural pudo en un principio derivarse de una confusión, pero otras comunicaciones refieren “al jefe” y Ovidio no es la cabeza de ese cartel.

En una tercera comunicación un individuo dice abiertamente que “está detenido el Iván” y otra voz le responde “no mi compa, todo tranquilo, tenemos el apoyo de El Mayo y ya recuperamos al Iván.” Y esa misma persona remata: “solo falta el Ovidio.”

Si estas grabaciones corresponden a la realidad, para rescatar a los descendientes de Joaquín Guzmán Loera —tal como ha reportado la prensa sinaloense— el operativo criminal secuestró a familiares de militares: “Vamos sobre las familias de los guachos y vamos a matar a uno por uno hasta que entreguen al jefe en caliente.”

Otra grabación da cuenta de una movilización de cien camionetas que, por instrucciones de Ismael Zambada, habrían emprendido camino desde la sierra hacia Culiacán, para apoyar en el ataque contra el gobierno.

De ser cierta esta versión, no se trataría de la primera vez que al gobierno mexicano se le escapa Iván Archivaldo Guzmán.

Quien hoy encabeza el Cártel de Sinaloa fue detenido en el año de 2005, pero obtuvo la libertad en enero de 2008, cuando Felipe Calderón era presidente, porque milagrosamente los jueces no encontraron causa ni elementos para procesarlo.

Con aquella liberación, por cierto, comenzó una guerra muy cruel entre los hermanos Beltrán Leyva y Guzmán Loera, ya que los primeros supusieron que el gobierno había negociado con El Chapo un intercambio que se materializó con la captura de Alfredo Beltrán, alias El Mochomo.

Semanas después de esa detención los agraviados asesinaron con un arma lanzagranadas al joven Edgar Guzmán, hermano de Ovidio, en un evento digno de una muy mala película de narcotraficantes.

Durante el pasado fin de semana corrieron versiones periodísticas a propósito de la presunta muerte de Iván Archivaldo, durante el operativo del jueves. Esa información habrá despertado preguntas dentro y fuera de la organización criminal que él encabeza. Acaso por esta razón fue que esas grabaciones han sido divulgadas. El objetivo habría sido precisar la situación real del criminal y, de paso, exhibir al gobierno sobre la evasión lograda del principal líder del Cartel de Sinaloa.

ZOOM: Las Fuerzas Armadas no podrán quedarse con los brazos cruzados después de lo ocurrido el jueves pasado. Es imposible que miren para otro lado cuando las mujeres y los hijos de sus integrantes fueron violentados para negociar un trueque infame.


Lo que preocupa de Culiacán

Sobre los graves acontecimientos ocurridos en Culiacán hace cuatro días, la discusión pública se ha centrado en un hecho singular: la decisión del gobierno de liberar a Ovidio Guzmán. El asunto es sin duda importante, pero no es el único ángulo posible del asunto.

El incidente de Culiacán revela múltiples fallas institucionales. Va una lista tentativa:

1. De 2006 a 2018, se realizaron numerosos operativos exitosos en contra de jefes criminales. Se puede discutir si es deseable o no la política de descabezamiento de grupos criminales, pero es indudable que las fuerzas federales habían acumulado pericia en la materia. Lo que vimos el jueves fue un desaprendizaje: se cometieron errores tácticos no vistos en años ¿Producto de remociones o relevos en los mandos militares y policiales? No lo sabemos.

2. Los mecanismos de coordinación interinstitucional fallaron. La Marina podía haber prestado asistencia en el operativo: nunca llegó (o, más probablemente, no se la pidieron). Esto sugiere que a) los grupos interinstitucionales de blancos especiales han dejado de funcionar y b) la desconfianza entre las dependencias del sector se ha agudizado.

3. La integración de la inteligencia a las operaciones fue notoriamente inadecuada. El propio general Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional, afirmó que “se desestimó la capacidad de respuesta de la organización delictiva”. Eso habla de una deficiencia seria, ya sea de la generación de inteligencia o de su incorporación a los planes operativos ¿Fue un error aislado o se trata de un problema sistémico?

4. La coordinación con la Fiscalía General de la República fue catastrófica. Es increíble que, tras haber ubicado el domicilio donde se encontraba Ovidio Guzmán y (previsiblemente) haberlo mantenido bajo observación durante días o semanas, el grupo operativo no contara con la orden de cateo correspondiente. Esto sugiere que se ha abandonado una práctica, adoptada desde la administración Calderón, de contar con agentes del Ministerio Público en los grupos de blancos especiales para facilitar la judicialización de casos.

5. Parece haber habido una fractura de la cadena de mando. El general Sandoval afirmó en la conferencia de prensa del viernes que “el grupo responsable de esta acción policiaca, en su afán de obtener resultados positivos, actuó de manera precipitada”. Eso implica que el oficial a cargo del operativo no solicitó autorización a sus superiores para iniciar la acción o se rompió la comunicación entre el personal en el terreno y sus mandos. Cualquiera de las alternativas es grave.

6. Persiste una política de descabezamiento de grupos criminales. Pero queda claro que la secuencia de la persecución sigue siendo determinada en buena medida por la DEA ¿Qué objetivo estratégico mexicano se buscaba al concentrar recursos para detener a los hijos del Chapo Guzmán? ¿Por qué no centrarse en los grupos más violentos y no en los grupos que más droga trafican? En esto, la actual administración ha adoptado un mal legado de gobiernos anteriores.

7. El presidente de la República admitió que no tomó la decisión de liberar a Ovidio Guzmán, que simplemente avaló la decisión del gabinete de seguridad. Pero en el gabinete, la voz cantante la llevan los militares, no Alfonso Durazo ¿Eso significa que el presidente ha decidido entregarle decisiones fundamentales al Ejército y la Marina? ¿El presidente fue informado de antemano del operativo para detener a Ovidio Guzmán? ¿Lo aprobó? ¿O, como en el desenlace, fue simplemente puesto ante un hecho consumado? Y si es así, ¿quién manda?

En resumen, esto tiene más fondo que la decisión de liberar a un presunto delincuente. Mucho más.