Las 3 del día

Una ventana de oportunidad en Guerrero

El miércoles, una balacera entre presuntos grupos criminales acabó con la vida de nueve personas en la comunidad de Pochahuizco, ubicada en el municipio de Zitlala, Guerrero.

Hace diez días, una patrulla del Ejército se enfrentó a tiros con un grupo de civiles en la localidad de Tepochica, en el municipio de Iguala.

Esas historias son Guerrero siendo Guerrero, el estado más tercamente violento de la república, la entidad de las docenas de grupos armados, el territorio de violencias múltiples, donde conviven a plomo limpio narcosguerrilleros, guardias blancas y bandoleros.

Pero, en paralelo, otra historia llega de Guerrero en estos días. Una mucho más alentadora: en septiembre, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el número de víctimas de homicidio doloso en la entidad (103) fue el más bajo desde julio de 2011. En comparación con el mismo mes del año pasado, la caída fue de 49%. No es asunto de un solo mes: entre enero y septiembre, el número de víctimas ha disminuido 28% con respecto al mismo periodo de 2018.

Esto no significa que el estado sea un remanso de paz. De cualquier modo, la tasa de homicidio en Guerrero se va a ubicar, aproximadamente, en 45 por 100 mil habitantes, 50% por encima de la tasa nacional. Pero, en comparación con años recientes, es una mejoría notable.

¿Qué la explica? ¿Un inusual fortalecimiento de las policías estatales o municipales? Lo dudo ¿Alguna reforma institucional de gran calado? No que yo sepa ¿Un incremento notable de la presencia federal? No realmente: hoy hay Guardia Nacional, pero sus elementos estaban antes en el Ejército la Marina.

Entonces, ¿por qué la pacificación relativa? No sé, pero tengo una teoría que ya he expuesto en esta columna: en Estados Unidos, la heroína mexicana está siendo sustituida crecientemente por el fentanilo, un opiáceo sintético producido mayoritariamente en China. Eso ha provocado una caída en picada de los precios de la goma de opio en México.

De acuerdo a un reporte reciente de Noria Research, el precio de un kilo de goma de opio disminuyó 70% entre octubre de 2017 y el verano de 2018 en comunidades serranas de Guerrero (https://bit.ly/2FhQ2Vc).

Es probable que esa reducción de precios haya continuado en 2019. Según datos contenidos en el primero informe de gobierno del presidente López Obrador, la superficie erradicada de amapola (un indicador grueso de la superficie cultivada) disminuyó casi 50% en la primera mitad del año en comparación con el mismo periodo de 2018.

Con una renta criminal mermada, es posible que se hayan enfriado algunos conflictos entre diversos grupos armados en algunas comunidades que vivían de la amapola. Eso tal vez explicaría la reducción de homicidios.


Caerá la economía en el tercer trimestre

Foto: Merca 2.0

El próximo 30 de octubre, cuando el Inegi dé a conocer su indicador oportuno del PIB al tercer trimestre del año, observaremos que, por primera vez desde el cuarto trimestre de 2009, la economía mexicana registra una tasa negativa en sus cifras de crecimiento anual.

Ayer supimos que el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) retrocedió 0.4 por ciento en agosto, y ya lo había hecho en 0.6 por ciento en julio. Aun si creciera, digamos, un 0.5 por ciento en septiembre, terminaría el trimestre con una caída de 0.2 por ciento.

Y las tendencias que se observan difícilmente hacen pensar en cifras de crecimiento más elevadas para septiembre.

Con todo, si no se revisan a la baja las cifras del segundo trimestre, este resultado no será suficiente para caracterizar la situación de la economía mexicana como de ‘recesión técnica’, que es la denominación popular para referirse a dos trimestres consecutivos de caídas. Habremos tenido un solo trimestre.

Sin embargo, aunque en términos simbólicos sea relevante decir que no estamos en recesión, en un sentido práctico tenemos una economía estancada, con todo lo que ello implica.

¿Y qué implica?

Para el empleo, habrá una pérdida aún mayor de dinamismo. Al mes de septiembre, el ritmo de creación de empleo formal fue de 1.9 por ciento a tasa anual, lo que se compara desfavorablemente con el nivel que teníamos al comenzar el año y que se acercaba a 4 por ciento.

Este decrecimiento en el ritmo de creación de empleo induce a los consumidores a actuar con mucha cautela. Mucha gente ve con incertidumbre su empleo y prefiere no incurrir en deudas


Ya viene el coco

Los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump hablaron por teléfono el sábado pasado. Según el mexicano, Trump expresó su solidaridad ante lo ocurrido en Culiacán. Trump no ha dicho nada de esa llamada, ni la Casa Blanca la ha registrado, pero fue confirmada por el embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, quien escribió a propósito, un cáustico mensaje en su cuenta de Twitter. “Expreso mi solidaridad total con las fuerzas de seguridad de México y el apoyo de mi gobierno a la lucha contra el crimen organizado trasnacional. El bien siempre derrota al mal. México no está solo. Juntos venceremos”.

El mensaje de Landau revela voluntarismo –“juntos venceremos”–, empatía con el discurso religioso de López Obrador –“el bien siempre derrota al mal”–, pero, sobre todo, hay un deslinde. La solidaridad de la que habló el Presidente no fue para todo el gobierno, sino para las fuerzas de seguridad, a quienes les ordenaron desde la Ciudad de México que liberaran a quien habían capturado –lo que nunca hubiera sucedido en Estados Unidos. Después vino la llamada a la acción, el apoyo de Washington a la lucha contra el crimen organizado trasnacional, que es donde las maderas están crujiendo.

La víspera, Eric Trump, el tercer hijo del presidente, colocó en su cuenta de Twitter un video de 47 segundos de la cadena de televisión CBS sobre la balacera en Culiacán. “Esto es una locura”, apuntó. “La falta de leyes en México es la principal razón por la que necesitamos un fuerte muro”. Esto, sin saberlo en ese momento, era la primera llamada de lo que vendría después. Richard Glenn, subsecretario de Estado adjunto para Narcóticos Internacionales y Asuntos Legales, testificó el miércoles en el Congreso en una audiencia sobre los presupuestos para el próximo año, donde fue sutilmente crítico de México.

En su declaración escrita entregada al Congreso, Glenn afirmó que “un nuevo avance alarmante” es que las operaciones de tráfico de fentanilo en México se están incrementando y evolucionando hacia la producción. México, recordó, es el país donde se origina la mayor cantidad de heroína y metanfetaminas que se consumen en Estados Unidos, y la principal ruta de trasiego de la cocaína sudamericana. Sin establecer un vínculo abiertamente, dijo que las organizaciones trasnacionales criminales, como llaman a los cárteles, perpetúan la violencia y la corrupción, con lo cual aumentaron los homicidios este año como nunca antes.

El testimonio de Glenn fue retomado por los medios mexicanos con el ángulo de que México no estaba suficientemente comprometido en la lucha contra el crimen organizado, lo que motivó una respuesta del presidente López Obrador en su conferencia de prensa diaria, sugiriendo que era una intromisión en los asuntos internos de este país, sin respeto a la soberanía. Nadie preguntó su definición de soberanía, pero en materia de seguridad, la queja estadounidense es que han inyectado recursos a México para cambiar las condiciones del narcotráfico, y no se han alcanzado los objetivos. La comparecencia de Glenn era, precisamente, para solicitar más recursos al Congreso para México.

El gobierno de López Obrador mantiene ese tipo de cooperación en secreto, y ha permitido misiones especiales de fiscales estadounidenses, encabezadas por la DEA, para revisar lo que están haciendo con el Cártel de Sinaloa, por ejemplo, y se ha llegado, incluso, a aceptar a la delegación estadounidense lo que siempre estuvo prohibido y es regulado por convenciones internacionales: utilizar equipos de combate en territorio mexicano.

Apenas hace dos semanas estuvo en México Kristen Madison, asistente del secretario de Estado, Mike Pompeo, para Narcóticos Internacionales y Asuntos Legales, acompañada de sus contrapartes de la DEA y del Pentágono, para discutir sobre la siguiente fase de la cooperación en materia de seguridad, incluyendo la necesidad de que México desarrolle una estrategia amplia e integral de todo el gobierno para el combate contra el narcotráfico, que incorpore metas y objetivos. Casi más de lo mismo, aunque la queja de los estadounidenses es que hoy no ven que López Obrador esté dispuesto a hacerlo.