Las 3 del día

Sí: Calderón tendrá su partido

Felipe Calderón está feliz: en la primera mitad del año no atraía mayores adeptos a su proyecto de partido político, pero en sólo dos meses, al amparo financiero, político y mediático de magnates de la talla de Alberto Baillerès y Germán Larrea, ya atisba el registro de México Libre con el que trama regresar al poder con la candidatura de su esposa, Margarita Zavala, en 2024.

En junio, a mitad del año, Calderón sólo había logrado siete de las 200 asambleas distritales que como mínimo exige uno de los requisitos del Instituto Nacional Electoral (INE) para otorgar el registro como partido político. Era sólo 3.5% de la cantidad exigida. En julio llegó a 27 (13.5%) y en agosto sumó 40 (20%).

Pero en dos meses, entre septiembre y octubre, en medio de pleitos con el presidente Andrés Manuel López ObradorCalderón duplicó las asambleas distritales: el 3 de septiembre llegó a 61, 30% de las 200, y al corte del 22 de octubre registrado por el INEMéxico Libre sumaba 128 asambleas, equivalentes a 64% de las que requieren.

A la pareja Margarita-Calderón le falta prácticamente un tercio de asambleas y le quedan cuatro meses de plazo establecido por el INE, hasta el último día de febrero de 2020, para lograrlas. Con la tendencia que ha tomado, es muy remoto que no obtenga el registro.

En cuanto a los afiliados, Calderón acumula 100 mil ciudadanos, 43% de los 234 mil que exige la ley.

Es muy posible que lo logrará también.

De materializarse su registro como partido político, México Libre se constituirá como la oposición a López Obrador y Morena, pero también debilitará a otras opciones, particularmente al PAN, que Calderón quiere vaciar.

¿Qué representa Calderón? Fácil: los intereses de quienes lo han provisto, desde siempre, de millonarios recursos con los que ha hecho política y patrimonio, entre ellos los 10 millones de pesos que todavía debe Margarita Zavala, provenientes de las cuentas de Baillères.

Pero Calderón y su partido no será el único que logre el registro.

De hecho, antes que él, sólo dos organizaciones han logrado 200 asambleas distritales: Encuentro Solidario, que es la resurrección del Partido Encuentro Social que encabeza Hugo Eric Flores, que suma 242, aunque tiene sólo 60% de avance en las afiliaciones de militantes.

La otra organización que acumula 216 asambleas distritales —16 más de las exigidas— es el Grupo Social Promotor de México, que además es el único que simultáneamente prácticamente ya cumplió con el número de afiliados con 99.97%. este proyecto lo encabeza el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Alfonso Cepeda.

El otro proyecto partidario del magisterio es Redes Sociales Progresistas que, pese a las disputas por el liderazgo de Elba Esther Gordillo, registra un avance de 66% de las asambleas, aunque es el único proyecto que ya superó con creces el número de afiliados, al reaunir 272 mil 292, según la información oficial del INE.

Vamos hacia 10 partidos en 2021, el de Calderón incluido.


Morena sigue en ruta de colisión y AMLO toma distancia

Mientras que su partido continúa en una ruta de choque y se ahondan los conflictos internos por la renovación de su dirigencia nacional en un accidentado proceso al que no se le ve salida, Andrés Manuel López Obrador parece decidido a tomar distancia y por lo pronto, desde principios de este año, el presidente de la República ya solicitó una licencia a su militancia partidista, por lo que en estos momentos no es militante en activo de Morena.

En enero, según fuentes de la Presidencia, el titular del Ejecutivo presentó formalmente, ante las instancias internas de Morena, una petición de licencia por tiempo indefinido como militante de ese partido, del cual fue fundador y dirigente nacional desde su creación en 2015 y hasta que comenzó su campaña presidencial en diciembre de 2017. La intención de suspender su militancia partidista, explican los cercanos al presidente, tiene que ver con su convicción de no hacer del Movimiento de Regeneración Nacional un “partido de Estado” que se aproveche del poder y de los recursos públicos para obtener ilegalmente ventaja sobre el resto de los partidos de oposición.

Por eso en los hechos López Obrador no sólo ha sido un presidente distante y ajeno a los asuntos de su partido sino que, literalmente, puso en pausa su pertenencia y su liderazgo moral y político sobre el partido gobernante, lo que ha desatado una crisis interna porque, en la ausencia del liderazgo de su creador y fundador, son varios los grupos morenistas que se sienten con el derecho de asumir la dirección del partido, desde los sectores más duros que acompañan a López Obrador desde 2006 y que se sienten los más “puros” y merecedores de tomar el control de Morena, hasta los grupos con menor tiempo de militancia y que se sumaron al movimiento nacional lopezobradorista en 2018 y que pugnan por abrir ese partido a toda la sociedad y no sólo a grupos sectarios que quieren cerrar al partido.

En ese distanciamiento real de su partido, el presidente ha evitado intervenir y hasta opinar sobre los temas y disputas partidistas y cada que le preguntan, repite “ya no quiero intervenir en los asuntos de los partidos”. Sólo en tres ocasiones ha hecho de lado esa convicción para opinar sobre la caótica situación del partido que fundó: la primera la hizo públicamente, en su conferencia mañanera del pasado jueves 29 de agosto cuando sorprendió a propios y extraños al hablar por primera vez de la posibilidad de abandonar a Morena: “Es muy lamentable que partidos que surgen defendiendo causas justas terminan muy mal. Yo, si el partido que ayudé a fundar, Morena, se echara a perder, no sólo renunciaría a él, sino que me gustaría le cambiarán de nombre, que ya no usaran ese nombre, porque ese nombre nos dio la oportunidad de llevar a cabo la Cuarta Transformación de la vida pública del país”, amenazó al presidente.

La otra ocasión lo hizo ese mismo jueves por la tarde, primero en privado, cuando se reunió en Palacio Nacional con los coordinadores parlamentarios de diputados y senadores de su partido, además de miembros de la dirigencia nacional. Ahí, les sugirió a los morenistas lo mismo que un día después revelaría él mismo en la conferencia matutina del viernes 30 de agosto: que para evitar “confrontaciones y pleitos” realizaran una encuesta nacional para elegir a su nuevo dirigente nacional.

“Que no se desechara esa posibilidad en la elección de dirigentes, y si se podía hacer una encuesta o dos, tres, para saber quién es quién y elegir así”, recomendó el presidente. “Yo desde que estuve en Morena utilicé ese método y nos evitó muchos conflictos. Es mi opinión, que no es más que un punto de vista, para evitar confrontaciones, pleitos, que afecten la imagen de Morena, porque la gente que está en ese partido, así como militantes de otros partidos, siempre se preocupan porque su partido no quede mal, que no sean motivo de escándalos”, insistió.

Pero la “opinión” y el “punto de vista” de López Obrador fueron olímpicamente ignorados por el Consejo Nacional de Morena y por la Comisión de Honestidad y Justicia, cuyos titulares, Bertha Luján Héctor Díaz Polanco, argumentaron que “los estatutos del partido no permiten la elección de dirigentes mediante el método de encuestas que sólo pueden utilizarse para elegir candidatos”, y decidieron organizar un proceso interno basado en Asambleas distritales, estatales y una nacional donde los consejeros que resulten electos podrán votar en una elección cerrada para elegir al nuevo dirigente nacional.

Veremos en qué termina el cuestionado y descalificado proceso interno. Por lo pronto, está claro que al pedir licencia a su militancia, el presidente ya dio un primer paso y que si no le gusta lo que suceda en Morena o el rumbo que tome ese partido y si él cree que “se echó a perder” López Obrador no dudará en dejar a su partido y llevarse hasta el nombre. Y hay muchos grupos políticos, de los que están buscando registro como partidos en el INE, que recibirían felices en su seno al presidente y a los que se fueran con él si abandona Morena, que se calcula serían más de  la mitad de los actuales militantes, y esos van desde el Partido Encuentro Social, de Hugo Erick Flores, que busca recuperar el registro, hasta las Redes Sociales Progresistas de Elba Esther Gordillo o el Partido Ambientalista Nacional que busca crear Nicolás Mollinedo, ex chofer y asistente de Andrés Manuel López Obrador. Así que la pregunta se mantiene en el aire: ¿se irá AMLO de Morena?


Cinco crisis en Palacio Nacional

Una semana después de la claudicación del gobierno federal ante el Cártel de Sinaloa, el saldo que dejó fueron cinco crisis al presidente Andrés Manuel López Obrador, de las que no parece poder salir. Tiene maneras de lograr superarlas, pero requiere de un método, técnica, humildad y, sobre todo, la decisión política de hacerlo de manera racional, no intuitiva. De otra manera, el pantano en el que se encuentra será cada vez más pesado y difícil de vencer. Su retórica no basta. Convence a los incondicionales, se aleja de moderados y críticos.

Las crisis que dejó el culiacanazo son:

1.- La del proceso de toma de decisiones. Después de varios días de contradicciones, el no saber con claridad quién tomó la decisión de liberar al hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, empieza a oler a encubrimiento. El Presidente ha estado en un péndulo, desde avalar la decisión, hasta decir que no estaba enterado. El mismo día de la liberación, dos altos funcionarios del gobierno tenían informaciones encontradas sobre lo sucedido. Los secretarios de Seguridad, Alfonso Durazo, y de Defensa, general Luis Cresencio Sandoval, dieron versiones antagónicas. No se sabe sin son mentirosos o quieren cubrir las violaciones a la ley que se cometieron y no encuentran la forma de hacerlo.

2.- La de la fractura en el gabinete de seguridad. El mal proceso de toma de decisión llevó a esta crisis en el gabinete. Durazo dijo que la acción del gobierno en Sinaloa se ejecutó en seguimiento a una estrategia acordada en el gabinete de seguridad, pero 12 horas después Sandoval afirmó que no había consenso en esa estrategia. Durante toda la semana pasada, los choques intramuros fueron muy fuertes: el secretario de Seguridad, contra el exmilitar a cargo de la Guardia Nacional, Luis Rodríguez Bucio, de quien dijeron responde Sandoval; las Fuerzas Armadas contra Durazo, y el director del Centro Nacional de Inteligencia, Audomaro Martínez, exmilitar también, contra Durazo. Dentro de Palacio Nacional, la molestia se concentró en el secretario de Seguridad.

3.- La de comunicación política. El equipo cercano al Presidente ha demostrado ser incompetente en momentos de crisis. El director de Comunicación Social, Jesús Ramírez Cuevas, responsable del mensaje del Presidente, ha sido incapaz de unificar la narrativa de lo que sucedió –motivo directo de las contradicciones–, y de ordenar el discurso del Presidente, que prácticamente todos los días se corrige a sí mismo. Es difícil disciplinar a López Obrador, cierto, pero Ramírez Cuevas, lejos de intentarlo, calienta su temperatura. En Palacio Nacional se quejan que suele arrojar más gasolina al fuego cuando el Presidente se incendia y pelea con quien se le ponga enfrente. La peor crisis de todas es esta, porque si existiera un buen manejo de la crisis, podría administrar las otras cuatro y minimizar los daños.

4.- La de credibilidad. El Presidente mantiene sus niveles de aprobación, pero las encuestas telefónicas para medir si había un acuerdo sobre su decisión de liberar a Ovidio Guzmán López, resultó negativa. Los eventos de Culiacán, de acuerdo con las encuestas, fueron conocidas por más de 90 por ciento de los mexicanos, pero la sociedad se partió en apoyos, aunque quienes reprobaron su decisión estuvieron entre el 50 y 60 por ciento de los encuestados, mientras que quienes lo apoyaron no superaron el 35 por ciento promedio. Los niveles de aprobación del Presidente se mantuvieron prácticamente sin alterarse, aunque de acuerdo con los expertos, en las mediciones nacionales cara a cara, podría notarse una reducción en el apoyo. Internacionalmente es un desastre. La percepción de derrota, debilidad, de ausencia de leyes, ha circulado por todo el mundo, con registros de prensa en ese sentido hasta en naciones muy poco interesadas en los temas mexicanos, como las africanas. El desprestigio de los mexicanos sólo es superado por la percepción negativa que, vista en primeras planas en el mundo, tiene López Obrador.

5.- La confrontación con Estados Unidos. La decisión del Presidente de liberar a Guzmán López, sin una decisión inmediata de reordenar su captura, dejó al Presidente en una ruta de confrontación con Washington. Las primeras señales se vieron la semana pasada en el Capitolio. La estrategia de no combatir a los cárteles es relativa. En secreto México colabora con Estados Unidos, pero el problema, se quejan los estadounidenses, es que ese apoyo es parcial y marginal. Esa indecisión lleva a falta de compromiso, como se quejó el gobierno estadounidense la semana pasada de López Obrador, y conducirá a un choque por incumplir con acuerdos bilaterales de combate al crimen organizado trasnacional. El Presidente no está viendo que desde que se resolvió el tema de los aranceles, el siguiente en la lista de presiones sería el de las drogas, que nunca terminó de alejarse. Culiacán les ha dado el pretexto perfecto, y será un nuevo tema en la campaña negativa en Estados Unidos.