Las 3 del día

Olga Sánchez

Olga, ¿la ingenua?

La ruta de Andrés Manuel López Obrador en su tercer intento por lograr la Presidencia de la República innovó a la hora de sumar aliados de toda clase. Aunque en algunos casos suscitó polémicas, esa apertura a integrar perfiles plurales consolidó las posibilidades del triunfo del tabasqueño. Los que llegaban ayudaron a forjar la idea de que el radicalismo del Peje había amainado, y que si AMLO por fin capturaba el poder, esos mismos personajes serían garantes de que no se cometerían locuras.

Por eso López Obrador hizo anuncios con respecto a quienes integrarían su gabinete mucho antes de siquiera ganar las elecciones. Él necesitaba ese arropamiento y lo obtuvo de gente como el expanista Germán Martínez, el académico Carlos Urzúa, el empresario Alfonso Romo y la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, entre muchos otros.

A casi un año de haber asumido el poder en toda forma, López Obrador ha demostrado que –como dicen que él dice– al Presidente “nadie lo tripula”. Es decir, que el mandatario se afana particularmente en que nadie le imponga agendas o límites.

En ese escenario, el estilo presidencial de López Obrador ya ha provocado algunas rupturas en el equipo original. Urzúa y Martínez salieron de Hacienda y del Seguro Social, respectivamente, porque básicamente chocaron con disposiciones que impuso o alentó AMLO en algunos incondicionales.

Martínez y Urzúa, pues, creyeron que el mejor servicio que podían hacer a la nueva administración era reinterpretar los objetivos planteados por el Presidente, a partir de la realidad de los recursos institucionales a su alcance, utilizados con una mínima responsabilidad. Y que si no había más, no se podía más. Punto. Los halcones del gabinete piensan (es un decir) distinto. El desenlace es de todos conocido.

En cambio, otros colaboradores del Presidente tomaron un camino muy distinto al de los dos casos citados. Como Olga Sánchez Cordero.

La señora secretaria (es un decir) de Gobernación llegó al cargo con un halo de respetabilidad. Salió de la Suprema Corte en una época en que esa instancia tuvo algunos fallos alineados con la ampliación de derechos, la corrección de excesos (caso Jacinta) y la apuesta por una defensa a ultranza del debido proceso (caso Florence Cassez).

Eso traía en el equipaje Sánchez Cordero cuando integrose al proyecto de López Obrador. Por si fuera poco, una vez ahí, se afanó en aclarar que, a diferencia de su jefe político, ella era partidaria de lograr pronto y bien la no penalización de las mujeres que abortan. Empeñó su palabra en ello, cosechando vítores ahí donde repetía esa promesa.

Pero ya en el palacio de Bucareli, Sánchez Cordero ni ha avanzado en la agenda que propuso, ni ha brillado por hacerse ver como la voz de la ley de este gobierno.

Su paso por la administración está marcada por la disminución de responsabilidades (ya le quitaron, y ni chistó, Migración) y por un comportamiento que ella quiere achacar a la ingenuidad, pero quizá enmarque más adecuadamente en el cinismo.

Sánchez Cordero es la funcionaria cuyo entenado Ricardo Peralta lo mismo un día se reúne con grupos delincuenciales, que otro día cree que la mejor ocupación sea perseguir ciudadanos que se ganan la vida en el volante de un Uber para proteger a los caciques que controlan los taxis en los aeropuertos y otras terminales de transporte.

De ella se esperaba que teniendo AMLO la tradición (por llamarla de algún modo leve) de no respetar la ley, quién mejor que una exministra para garantizar que las ideas juaristas del Presidente no fueran sólo un slogan, sino una realidad en la práctica de la administración.

Pero llegó Baja California y todo lo desnudó. La ministra en retiro es una señora que le gusta chacotear al respecto de la intentona más grave de burlar la ley electoral en décadas.

En once meses cobrando como secretaria de Gobernación, no le ha caído el veinte de la importancia de que ella se constituyera en factor de gobernabilidad y fortalecimiento de nuestra democracia. Qué grandes le quedaron los zapatos de Reyes Heroles.

El video donde se le ve validando a Jaime Bonilla en sus chicanas, su atrevimiento a concederle a ese gobernador un fallo favorable en los tribunales, y su pueril justificación de que ella dijo eso porque no sabía que estaba siendo grabada, constituyen la declaración de una falta total de conciencia del papel que estaba llamada a cumplir en una administración tan endeble en respetabilidad jurídica.

El video evidenció que no tiene Olga Sánchez Cordero la circunspecta personalidad que demanda el cargo que ostenta, sino sólo a una operadora de AMLO.

Ni modo.


La fantasía golpista

ejército
Foto: Animal Político

El sábado, el presidente Andrés Manuel López Obrador lanzó una extraña serie de tuits en los que sugería que se estaba cocinando un golpe de Estado en su contra. Esto sería el proyecto de un grupo no identificado de “conservadores halcones” y estaría destinado a fracasar por el respaldo al gobierno de “una mayoría libre y consciente.”

El escenario de un putsch, acicateado por élites económicas políticas, es remoto, por decirlo generosamente. Nadie es suficientemente estúpido para no ver las consecuencias que una intentona de ese género acarrearía: inestabilidad política, incertidumbre económica, aislamiento internacional.

Pero, además, las fuerzas armadas no se lanzarían a una aventura golpista. En México, no ha habido una rebelión militar desde 1938 y ninguna ha resultado triunfante desde 1921. Los militares mexicanos entienden muy bien las consecuencias que tuvo para sus contrapartes de otros países latinoamericanos la participación directa en asuntos políticos. Saben que no hay mejor receta para desprestigiar a las fuerzas armadas que ponerlas al frente del gobierno.

Con toda probabilidad, el presidente sabe que no enfrenta ningún riesgo de golpe de Estado ¿A qué vienen entonces los tuits del sábado? ¿Por qué alertar sobre un peligro inexistente?

Mi intuición es: un intento deliberado de cambiar la conversación sobre los acontecimientos en Culiacán. En específico, el gobierno parece estar tratando de presentar los hechos no como una operación fallida de captura que contaba con el conocimiento y autorización civil, sino como una acción autónoma de un grupo de “halcones”, insertado en la estructura de las fuerzas armadas.

En esa historia alternativa, el discurso pronunciado por el general retirado Carlos Gaytán el pasado 22 de octubre cobra una importancia fundamental. Las palabras críticas de un general al actual gobierno serían la demostración contundente de la existencia de una corriente de línea dura que tendría tentáculos en diversos puntos de la Secretaría.

Esa narrativa es francamente ridícula. Cualquiera que conozca al Ejército sabe que los generales en retiro tienen poca influencia en su operación cotidiana. Se trata además de una institución extraordinariamente jerárquica y disciplinada, donde casi nada se mueve sin la autorización de la superioridad. El propio Gaytán cerró su discurso solicitando a los presentes “el respaldo y la solidaridad para mi general secretario, Luis Cresencio Sandoval”. Esas no son exactamente las palabras de un rebelde.

Eso no significa que no haya malestar en las Fuerzas Armadas por lo ocurrido en Culiacán. Al agravio de los delincuentes, se ha añadido el insulto de querer transferirles por completo la responsabilidad del operativo, como si no hubiera civiles al final de la cadena de mando. Y a eso se añaden las presiones crecientes sobre los militares por la infinidad de responsabilidades que les han conferido. El general Homero Mendoza, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, reconoció en una reunión reciente que la Sedena se encuentra en “un proceso de desgaste muy fuerte”.


Cuesta trabajo no ser pesimista

economía
Foto: Idet

Cuando se ve el panorama económico… vaya que resulta difícil a veces no ser pesimista.

Durante los primeros nueve meses de 2019 la inversión pública cayó 14.4 por ciento en términos reales, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda.

En el caso de la inversión privada, de acuerdo con el Inegi, hasta el primer semestre de este año (último dato disponible) retrocedió 4 por ciento.

¿Cuáles son los factores que han motivado esta caída en la inversión?

En el caso de la inversión pública, el tema central es el retraso en el ejercicio del Presupuesto.

De acuerdo con el informe presentado por la Secretaría de Hacienda la semana pasada, hasta el mes de septiembre se había ejercido solo 63 por ciento de la inversión presupuestada para este 2019. Si se quisiera terminar el año sin subejercicio en este renglón se tendría que aplicar el 37 por ciento restante en un solo trimestre, lo que no se ve viable.

En el caso de la inversión privada, su caída se explica porque se ha presentado todo un conjunto de factores que la inhiben.

Estos comenzaron desde octubre del año pasado, cuando se anunció la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto de Texcoco.

A partir de ese momento empezaron a aparecer elementos que fueron estorbando a la inversión. Por ejemplo, la suspensión de las rondas petroleras; la cancelación de las alianzas estratégicas (farmouts) de Pemex con empresas del sector privado; la cancelación de la subasta eléctrica, por citar solamente algunos.

En el curso del año fueron surgiendo nuevos ingredientes, como el conflicto que la CFE entabló con las empresas constructoras y operadoras de ductos. Aunque al final haya llegado a un arreglo, el episodio también dañó la confianza.

A eso agregue usted el tema de la reforma para equiparar la defraudación fiscal a deliencuencia organizada, que muchas empresas vieron como terrorismo fiscal.

El tema de la reforma a la Ley de Extinción de Dominio también apareció en el escenario generando el temor de que el gobierno tenga un instrumento jurídico que pueda ser usado discrecionalmente contra el sector privado.

Más recientemente está el asunto de la legalización de los autos ‘chocolate’, que volvieron a poner los diputados en la Ley de Ingresos.

Sume a ello el cambio de reglas en los Certificados de Energía Limpia (CEL), que afectaron a empresas que habían estado invirtiendo en la generación eléctrica a través de fuentes renovables.

Hay muchos más detalles. Los anteriores son solo ejemplos muy visibles.

Cuando se observa este panorama, no resulta sorprendente que la inversión privada haya caído, sino que no lo haya hecho más.

No se ve sencillo que se pueda dar la vuelta a esta tendencia negativa.