Las 3 del día

‘Un año más…’

Álvaro Delgado

Andrés Manuel López Obrador enfrenta el momento más crítico desde que ganó las elecciones y asumió el gobierno de la República. A casi un año de gestión, México vive un estancamiento económico y la violencia no da tregua.

Junto con otras lacras arraigadas en el poder público y en la sociedad, como la corrupción y la impunidad, economía y crimen son las dos asignaturas que explican parte de los 30 millones de votos que obtuvo López Obrador, y ambas están pendientes de resolver.

En su campaña ofreció un cambio en materia de inseguridad y violencia en los primeros cien días de gobierno y el 22 de abril, cuando se produjo en Minatitlán la primera matanza de su sexenio, se autoimpuso seis meses para dar resultados, una vez consolidados todos los programas sociales. “Cuando haya más bienestar, va a bajar la inseguridad”, ratificó.

—¿Cuándo sería esto, presidente, en qué fecha más o menos?

—Yo creo que en seis meses ya van a estar operando todos los programas.

No fue así: Ni en los primeros cien días de gobierno ni los seis meses que ofreció, cumplidos en octubre, hubo resultados tangibles. La violencia y la inseguridad, pese al “punto de inflexión” de Alfonso Durazo previo al culiacanazo, siguen en auge. El 2019 cerrará como el más cruento de la historia conteporánea.

Ahora el Presidente pide a la sociedad “un año más” de gracia para que se materialice, “por completo”, lo ofrecido. “Todavía lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Es un proceso de transición. Espero que, cuando mucho, un año más y ya estén establecidas las bases de la nueva vida pública de México. Nada más eso pido: un año más”. Y es que los programas sociales, que implican una derrama de 211 mil millones de pesos este año, no terminan de consolidarse y, como el propio Presidente ha dicho, son condición para frenar la violencia.


La CNDH en aprietos

Martha Anaya

La terna de Palacio Nacional para la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, bromean en el Senado, es ésta: en primer término, Rosario Piedra Ibarra; en segundo lugar, Rosario Piedra; y en tercero, Rosario…

Ricardo Monreal niega que haya tal instrucción del Ejecutivo pero ya anticipó que hoy, en la última ronda de votación, Morena no cambiará su postura de apoyar a la hija de doña Rosario Ibarra (medalla Belisario Domínguez 2019). Y a cómo ve las cosas –“se dogmatizó” el tema- es probable que la terna (incluye además a José de Jesús Orozco y a Arturo Peimbert) sea rechazada y regrese a comisiones.

Ahora bien, ¿la intervención del Presidente de la República es inusual en la elección del ombudsman nacional? Va un breve recuento:

Ernesto Zedillo estableció con la CNDH una “sana distancia” (ésta sí real, no como con el PRI). En su momento (1999) el nombre de José Luis Soberanes pasó por su escritorio. Dio su consentimiento sin más.

Vicente Fox y su secretario de Gobernación, Santiago Creel intentaron evitar la reelección de Soberanes, pero no lo lograron. Con votos del PRI y del propio PAN, se reeligió como ombudsman por un periodo más.

Felipe Calderón, en 2009, apuntaló directamente a Raúl Plascencia para encabezar la CNDH. Los senadores panistas recibieron la instrucción de Los Pinos de apoyar al bajacaliforniano.

Enrique Peña Nieto buscó en un primer momento, 2014, que repitiera Plascencia. Pero fue tan evidente el entreguismo del ombudsman nacional con el gobierno (calderonista), que no logró siquiera llegar a la terna. Peña se decantó al final por Luis Raúl González Pérez, sin que éste fuera su candidato (y resultó un buen presidente de la CNDH, un ombudsman autónomo).

Ahora, mencionábamos al inicio, Andrés Manuel López Obrador quiere que Rosario Piedra presida la CNDH. La diferencia en esta ocasión –a decir de algunos senadores- es que se quiere “imponer”.

El senador Emilio Álvarez Icaza considera que el problema de Rosario Piedra no es de legalidad, pero sí de “idoneidad, de legitimidad”; violenta el espíritu de la ley, no tiene un solo referente en la defensa de los derechos humanos en los últimos 10 años.

¿Qué perfil se requiere para quien ocupe este cargo?

1.-Conocimiento técnico.

2.-Demostrar que tiene la capacidad de conducir un organismo como es la CNDH en las circunstancias actuales: en medio de una crisis de derechos humanos y un embate a los órganos autónomos.

3.-Capacidad de enfrentar al poder.

Por esto, resume Álvarez Icaza, el tema de la autonomía y de la independencia toma gran importancia. Las posiciones son claras. Nadie se mueve de ellas.


Destrucción de reputación

Salvador Camarena

Sin escatimar recursos, el Presidente de la República no ha cejado en su táctica de emprenderla en público, y con todo el peso de su investidura, en contra de cuanta persona considera adversaria a su gobierno.

Ayer le tocó a un exsecretario de Estado, a un joven –hijo de un exmandatario– y a un líder de la oposición en la Cámara de Diputados, que fueron acusados, en el podio presidencial, de alimentar ataques cibernéticos… contra la prensa. ¿Por qué hace esto el titular del Poder Ejecutivo?

La primera respuesta, y quizá la principal, es que recurre a esas maniobras porque a la par de darle resultados, estas intentonas por socavar la fama pública de personajes que le resultan incómodos, le salen baratísimas.

Lo ha hecho una y otra vez desde hace un año, y que sepamos nadie de peso –líderes del Congreso (no se rían), del empresariado (compostura, dije), o sociales (Iglesia, OSC…)– le censuran tal manía.

Si la emprendes contra el titular de la CRE, a quien acusas, sin pruebas sólidas ni investigación conclusiva, de conflicto de interés, y frente al atropello, todo mundo calla o voltea a otro lado, o sólo declara convencionalmente su desaprobación, ¿por qué no habrías de repetir el numerito?, si a final de cuentas te sirvió para forzar la renuncia del titular de un órgano autónomo.

Lo de la CRE fue hace meses, en febrero, y de ahí para acá en varias modalidades el presidente López Obrador ha utilizado su poder y sus atribuciones más que para levantar denuncias por los canales adecuados y obligados, cosa que estaría muy bien, para hacer sentir el peso de su autoridad en espacios que gozan de la cobertura no sólo de la prensa independiente, sino de mecanismos de difusión del Estado mexicano que dependen de él.

El abuso, pues, incluye recursos gubernamentales que deberían ser usados para cuestiones de interés general, no para una agenda particular.

Porque al llevar al paredón mediático a un personaje no sólo busca deshacerse de él, sino, sobre todo, pretende usarlo de efecto distractor.

Ayer, tan inopinada triada de personajes, dos de ellos ligados a la derecha pero nada cercanos, y uno al PRI, terminó siendo responsabilizada de algo que en realidad se reprocha al entorno de López Obrador: los tres personajes mencionados este lunes en la mañanera fueron, estrambóticamente, acusados de alimentar bots para denostar en las redes sociales a los críticos y la prensa que cubre al Presidente.

La ligereza con que López Obrador pone en entredicho la reputación de otras personas podrá ser un recurso efectivo para llenar de ruido la agenda y socavar la autoridad (y hasta quitarle las ganas de animarse a otros) de sus críticos.

Pero esa efectividad tiene un costo. Vivimos hoy en un país donde la máxima autoridad fue depositada en un personaje que se afana en deforestar la diversidad de opiniones que se había vuelto natural en el paisaje de la política mexicana en las últimas cuatro décadas.

La maquinaria de propaganda de López Obrador no sólo ha concentrado la agenda en Palacio Nacional o en lo que el Presidente diga, sino que, al alimentarse indebidamente de la reputación de otros, socava la calidad del debate.