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¿Dónde están?

¿Dónde están?

Autor: Danielle Dithurbide

Karen llegó a su casa después de estar desaparecida durante algunas horas, tras abordar un taxi capitalino cuyo conductor le pareció sospechoso y grosero. Ana Daniela estudiaba Biología Experimental en Guanajuato, desapareció hace una semana y un par de días después fue encontrada sin vida en su departamento. Hace un poco más de un año, SalomónMarco y Daniel desaparecieron el 18 de marzo de 2018 en Jalisco, nadie los volvió a ver, fueron, según las autoridades, disueltos en ácido por integrantes de Cártel Jalisco Nueva Generación. Y ahí mismo en GuadalajaraRafa desapareció cuando salía de un edificio de lujo. Fue el 29 de agosto, era jueves, nadie sabe nada de él.

El caso de Rafa representa el de miles de jóvenes desaparecidos en este país, pero también es representativo por una historia más en México, en la que por lo menos dos de los presuntos responsables están libres y en completa impunidad, por la posibilidad de que de la noche a la mañana alguien haya desaparecido cualquier rastro de las cámaras de seguridad del edificio donde sucedieron los hechos. Impunidad. Porque otra vez, hay una familia que no sabe cuánto tiempo más va a pasar para poder saber algo de Rafa.

Por años nos hemos visto en la penosa necesidad de reportar todos los días el aumento en la cifra de mujeres y hombres desaparecidos. Pero nos hemos enfocado en la dimensión cuantitativa del problema, y poco hemos reparado en las causas de éste.

¿Son los grupos del crimen organizado? Sí, en una buena parte de los casos ellos son los culpables y tienen un propósito.

En Jalisco, por ejemplo, donde la misma noche en la que Rafa desapareció, otros dos jóvenes corrieron con la misma suerte, el fenómeno es claro y documentado por reporteros independientes que han preferido no publicar sus trabajos por miedo a represalias.

No estoy hablando de un país de África, estoy hablando de la sierra de ese estado, en donde personas que probablemente estén en el registro de desaparecidos, le sirven a los grupos criminales para los propósitos que mejor les convengan: sicarioshalcones que bajan a la ciudad a trabajar como taxistas, repartidores de comida, limpia parabrisas, una pantalla para reportar información.

Las redes sociales han sido de vital importancia para resolver casos recientes de esta naturaleza, y más allá de si el final es el que las familias esperan, las autoridades ya no pueden dejar pasar un caso de estos y tienen que acelerar y activar todos los protocolos para dar resultados.

Pero el problema ahí sigue y lista en aumento y los casos del pasado o que por su circunstancia no se vieron favorecidos con la viralización de su nombre, se han convertido en un archivo que no va a llegar a un fin si las autoridades no encuentran, trabajan y resuelven las causas, aunque el enemigo haya demostrado que tiene poder.

Por: Danielle Dithurbide

*Historiadora, reportera y conductora de televisión

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