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Con que funcione el gobierno…

Con que funcione el gobierno…

Autor: Enrique Quintana

La próxima ratificación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) tendrá el efecto de traer certidumbre para las inversiones.

Como en toda negociación, hay ganadores y perdedores. Como aquí le comentamos, quizás una estrategia que hubiera apostado más a la certeza que daba el TLCAN hubiera dado márgenes de maniobra más amplios.

Pero, en el balance, no tengo duda: es mucho mejor tener el T-MEC que no tenerlo.

Ni siquiera el tema de las inspecciones laborales con los riesgos que tienen vale la certeza de ya contar con el tratado.

No obstante, para que la certidumbre se traduzca en inversiones, se requiere que el gobierno facilite los procesos para que las decisiones que presumiblemente van a tomar las empresas se conviertan realmente en proyectos productivos y empleos, y no se queden en maquetas y proyecciones.

Permítame anotar una serie de temas que, a mi juicio, requieren cambiar.

1.- Definición clara de lineamientos de política.

Hay muchos ámbitos en los que no existen aún definiciones claras en este gobierno. Por ejemplo, los programas sectoriales, que de acuerdo con el artículo 30 de la Ley General de Planeación, deben ser publicados por las dependencias a más tardar seis meses después de la publicación del Plan Nacional de Desarrollo (PND), brillan hoy por su ausencia y tienen como fecha límite para ser publicados el próximo 12 de enero. Le pongo solo el ejemplo de la falta de definiciones en materia energética, que tiene en el limbo a miles de millones de pesos de inversiones.

2.- Lentitud de decisiones en los órganos reguladores.

Para que una decisión de inversión se traduzca en un proyecto que genere empleos, se requiere un conjunto de autorizaciones, que van desde los temas sanitarios (Cofepris) hasta los aspectos ambientales (Semarnat o ASEA), por citar solo ejemplos conspicuos. O reguladores específicos como la CRE, la CNH o la CNBV, que pueden dejar a la espera meses o más de un año algunos proyectos.

3.- Lentitud en las licitaciones públicas.

Hay diversos proyectos de obra pública, cuyo proceso avanza con una gran lentitud, por la falta de proyectos ejecutivos, autorizaciones, concursos, etcétera. Eso explica la caída de la inversión pública con efecto en toda la cadena de valor de la construcción.

4.- Falta de pericia en el ejercicio del gasto público en las dependencias.

La llegada de funcionarios sin experiencia o conocimientos, así como el temor de cometer errores que pudieran traducirse en responsabilidades legales, condujo a que en este año el ejercicio del gasto fuera lento y se produjeran subejercicios. El que ese fenómeno no se repita en 2020 depende de la curva de aprendizaje de muchos funcionarios.

Hay otros temas relevantes, pero le pongo de ejemplo solo los cuatro referidos.

En muchos de ellos, los problemas no son ideológicos sino de mera burocracia.

Pero muchos funcionarios no admiten que su manera de operar esté frenando a las inversiones y con ello a la economía.

Hacen uso del poder que les da el haber llegado al gobierno después de muchos años de ser oposición. Y lo peor es que en su ‘micromundo’ ni siquiera se dan cuenta de que la suma de decisiones, o la falta de ellas, paraliza a la economía y puede frustrar las esperanzas que ha dado la ratificación del T-MEC.

¿Sabrá el presidente López Obrador de la realidad de estar al frente de un gobierno que en muchas de sus áreas simplemente no funciona?

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