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De la Tapo a las tapaderas

la tapo

Autor: Verónica Malo

Son épocas navideñas y algunos servidores públicos y representantes gubernamentales nos “rocían” con sus buenos deseos y sus cándidas acciones.

Por cuanto a lo primero, baste mencionar a Rocío Nahle, que este pasado domingo le exclamaba a un usuario del aeropuerto de la CDMX (que se quejaba de que se suspendiera la construcción del proyecto de Texcoco): ¡Vete a la Tapo! Sobre lo segundo, hay mucha más variedad para elegir y, por supuesto, trascienden el ámbito del servicio público. Existen las tapaderas en el gobierno, en la iniciativa privada y hasta en la Iglesia.

Algunas son históricas, como el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Otras pasan por hediondas, pues aun tratando de solucionar el problema, sólo lo tapan parcialmente.

Siempre está aquello de utilizar a la SFP como tapadera (y lavadora) de lo no declarado, pero malhabido, antes del sexenio en turno. Decadente reincidencia que, cuando se trata de encontrar errores o culpas en gente cercana al Presidente (esposa o colaborador), no se pueda ser objetivo y justo con lo observado. Si Irma Eréndira Sandoval “tapó” los millones y las casas de Bartlett, sea por surrealismo, error, instrucción o porque a ella también se le cayó el sistema, ciertamente no debiera necesitar de otras tapaderas que intenten ocultar, suavizar o justificar su decisión. Quienes en las redes sociales procuran defenderla de manera sistemática, máxime desde cuentas oficiales, pierden toda credibilidad. O, también está que, a un año de ocurrido, no se ha podido (o querido) encontrar lo que en realidad pasó en el helicopterazo que segó la vida de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle.

Igual de grave, el construir el Tren Maya, cuando éste destruirá más de mil kilómetros de cuevas y cenotes. Total, dado que están tapados, nadie verá cómo se van desmoronando con la vibración del tren. Quedará “tapado” el ecocidio en una de las zonas con mayor biodiversidad del mundo. O, ¿qué hay de lo que sucede para el aeropuerto de Santa Lucía, también llamado Felipe Ángeles? Se “tapa” un cerro, la negativa de la Asociación Internacional de los Aires y la falta de factibilidad para funcionar de manera correcta, todo mediando una tapadera de consulta popular.

Otra tapadera ha resultado ser el mismísimo Senado, cuando todos (menos un senador) votaron por aprobar el T-MEC o con aquello de inventarse una historia para no votar en la elección del presidente de la CNDH y con ello permitir que se eligiera a Rosario Piedra.

Ya no hay forma de tapar los robos del embajador de México en Argentina. Primero fue un libro y ahora en la tienda de “duty-free” en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, donde intentó robarse una camiseta de marca. ¿Se trata de senilidad o enfermedad? No lo sé. En todo caso, fue un error no jubilarlo, pues Ricardo Valero olvidó la representación que tenía y se comportó como un raterillo de cuarta. Al menos ya se le aceptó su renuncia… si bien una disculpa del gobierno federal a Argentina y a sus compañeros de carrera no estaría de más.

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN
[email protected]
@MALOGUZMANVERO

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