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El gran yacimiento que no es (mayoritariamente) de Pemex

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Autor: Jonathan Ruiz Torre

Los resultados son contundentes. Al inicio de este siglo, México alcanzó una producción de 3.4 millones de barriles diarios que bajó a 1.7 millones al cierre del año pasado. En el mismo lapso, los vecinos avanzaron la suya de 5 millones de barriles diarios, a los 12 millones de barriles por día que promedia actualmente. Recuerden esos números.

Estados Unidos no tiene una empresa estatal. Su producción es la suma de compañías privadas nacionales y extranjeras… en su territorio.

Puede haber discusión en torno al modelo de inversión para empresas, pero si de lo que se trata es de aumentar rápido la producción, no hay duda de que es el dinero privado el que lo permite, de acuerdo con la experiencia de la nación de al lado.

Los datos son de Pemex y de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

La presidencia de Enrique Peña Nieto descuidó la producción de la empresa productiva del estado y la actual de Andrés Manuel López Obrador batalla para aumentar la extracción al apostar prácticamente todo a Pemex.

Esos son los hechos, tan contundentes como lo siguiente, el contenido de una misiva que el martes debió caer tan pesada como un menudo a media noche en Palacio Nacional: la mayoría de los recursos del yacimiento Zama está principalmente del lado del Bloque 7 otorgado por el gobierno mexicano a inversionistas privados.

Ese bloque se ubica cerca de las costas tabasqueñas, es cercano a la Refinería de Dos Bocas que pretende construir esta administración morenista.

Ahora recuerden el nombre de ese campo petrolero marino, Zama. Fue el primero que reveló recursos encontrados por medio de las Rondas petroleras celebradas por la Comisión Nacional de Hidrocarburos hasta el sexenio pasado.

Es vecino de un bloque de Pemex, comandada por Octavio Romero, por lo que había dudas sobre quién tiene mayor relevancia en su operación. Esa duda luce disuelta desde esta semana a decir de información que pasó de noche para la mayoría de los medios:

“NSAI estima que el 60 por ciento de los recursos totales de Zama se encuentran en el Bloque 7”, informó Talos, la empresa presidida por Timothy S. Duncan, que formó parte del consorcio ganador.

“Zama se extiende hacia el bloque adyacente al este, propiedad de Petróleos Mexicanos y, por lo tanto, está sujeto a la unidad entre el Consorcio y Pemex”, detalló la misma compañía cuyas acciones elevaron su precio 15 por ciento en un mes contado hasta ayer.

¿Qué es NSAI? Son las siglas de Netherland, Sewell and Associates, Inc. una firma independiente de consultoría petrolera ubicada en Texas, fundada en 1961 por Clarence Netherlands, misma que presume la integridad como su principal activo.

La empresa fue contratada por Talos justamente para determinar la ubicación y volumen de los recursos… que resultaron muy grandes.

“La ‘mejor estimación’ de NSAI del cálculo de recursos recuperables brutos de 2C es de aproximadamente 670 millones de barriles de petróleo equivalente”, expuso el texto de la compañía. El cálculo optimista aunque menos realista de NSAI ofrece una perspectiva superior a mil millones de barriles.

Equivalen a unos 50 mil millones de dólares en el imposible caso de extraer todos mañana y al doble del volumen del yacimiento “gigante” anunciado por el gobierno al cierre del año pasado.

A ese monto habría que extraerle la parte que le toque a Pemex, costos de operación, transporte y procesamiento.

Quitando esos gastos, el Gobierno todavía podría recibir 28 mil millones de dólares –más de 500 mil millones de pesos– sin invertir dinero de contribuyentes como ustedes, de acuerdo con estimaciones de Talos que para ganar ofreció el 69 por ciento de la utilidad operativa al estado mexicano.

Pemex debe tramitar rápido su parte del trato, pero eso no ocurre. Si hay objeciones del gobierno de AMLO a los contratos de las Rondas petroleras, estos deben basarse en elementos objetivos.

Si de pronto se asoma una retórica nacionalista, bien vale recordar que antes de recibir esa friolera, habrán de invertirse miles de millones de dólares del erario, que hoy se usan para comprar medicinas, para una refinería o para un Tren Maya.

-Director General de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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