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Otros niños, otras niñas, otras mochilas

legionarios

Autor: Carlos Puig

Ayer, esa organización fundada, diseñada y enriquecida por un monstruoso delincuente, llamada Los Legionarios de Cristo, dio a conocer un comunicado que debería ser de escándalo.

Después de una investigación en la que ellos mismos tuvieron que aceptar que por décadas protegieron a otro delincuente, esta vez el señor Fernando Martínez, y de un proceso —no quiero decir juicio— de la Congregación para La Doctrina de la Fe —la misma organización que por años ignoró los delitos del fundador—, se encontró culpable al señor Martínez de lo que había sido denunciado desde 1990: abusos sexuales a menores de dad. Lo de la justicia expedita no es lo de los señores Legionarios.

El señor Martínez, dicen los legionarios, había sido abusado por el monstruo fundador años antes.

Por cierto, después de las primeras denuncias todavía fue nombrado director de una escuela, administrador de un seminario legionario y después confesor. Es más, todavía en 2017 y 2018, según los legionarios seguía ofreciendo algunas misas y siendo confesor.

Ayer, por fin, llega la condena: le quitan el “estado clerical”. Vaya usted a saber qué quiere decir eso.

Dice el comunicado de ayer: “Los Legionarios de Cristo asumirán la responsabilidad de que Fernando Martínez lleve una vida que corresponda a su condición de religioso que ha perdido el estado clerical, y reafirman su determinación de recorrer el camino difícil y exigente de reparación y sanación”.

Por lo demás, el delincuente tranquilo.

“Los Legionarios, dice el comunicado, asumirán la responsabilidad de que Fernando Martínez lleve una vida que corresponda a su condición de religioso que ha perdido el estado clerical”.

Se dijo el año pasado que el señor Bergoglio había decretado tolerancia cero frente a los actos de abuso de los sacerdotes.

Me queda claro que el “cero” significa algo diferente para los católicos y la Legión que para los otros mortales.

Por lo pronto, las víctimas de Martínez, las del monstruo fundador y las de tantos otros seguirán cargando con aquellos abusos como si fueran pesadas mochilas que nadie quiso nunca ver, nunca revisar, por más que ellos gritaran que ya no las soportaban. 

@puigcarlos

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