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El enigma de Arturo Herrera

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Roberto Rock

Arturo Herrera, secretario de Hacienda, despertó en semanas pasadas expectativas por su virtual desaparición del escenario público. Las implacables redes sociales difundieron la falsa noticia de que, para ubicarlo, había sido necesario lanzar una Alerta Ámber, el reporte emitido cuando un menor de edad es sustraído de su entorno.

La broma expresaba una realidad cruel: inquieta poco a los ciudadanos si el secretario Herrera sigue o no al frente de su cargo. Se asume que su injerencia ante la actual crisis económica se diluye hacia la irrelevancia, pues el manejo de la estrategia reposa directamente en manos del presidente López Obrador. Una eventual renuncia del titular de Hacienda despertaría apenas la certeza de que se astilló la coraza de teflón que aun protege la imagen presidencial, su magia escénica, donde los funcionarios del sector económico forman un elenco de actores secundarios.

Herrera Gutiérrez es cada vez más parco en declaraciones, por lo que su trabajo suele reflejarse en boletines de prensa. Es lamentable, pues se trata de un personaje con imagen de solvencia técnica y mente ordenada. Sus silencios podrían atribuirse a la profunda incapacidad para comunicar que parece marcar el código genético de toda la Cuarta Transformación. Pero la verdadera razón puede ser más fácil de entender: el titular de Hacienda no tiene elementos para defender la estrategia gubernamental, salvo que decida mentir en forma contumaz. Quizá sus silencios forman parte de un acuerdo para no irse a casa.

Carlos Urzúa, extitular de Hacienda, llamó ayer indirectamente mentiroso al señor Herrera, quien ha asegurado que el año pasado no hubo déficit público, ni lo habrá en el presente. Esa meta no fue alcanzada realmente en 2019 debido a la caída de los ingresos petroleros y en la recaudación del IVA, y será imposible ahora por el frenón fiscal que supondrá adicionalmente el derrumbe del PIB.

Con un recurso coloquial, Urzúa advirtió que “un curita no sirve para contener una hemorragia”, que describió con la previsión de que se perderán un millón y medio de empleos en la presente crisis.

Pocos espacios como la Secretaría de Hacienda (acaso, similar al de la Cancillería) colocan a su titular tan agudamente bajo la lupa del concierto internacional, desde el cual, como aceite hirviendo, se vierten cotidianamente juicios durísimos ante el “pasmo” -así lo califica un editorial de El País, de España- que parece dominar a la administración López Obrador ante la crisis. Acciones que, en términos de PIB, pueden ser cinco veces más modestas que las emprendidas por otras naciones latinoamericanas, como Brasil, o hasta 20 veces por debajo de lo que intentan Europa o Estados Unidos.

Una mirada superficial a las débiles cuentas gubernamentales sería suficiente para explicar la aprehensión de Palacio Nacional ante el clamor de extender exenciones fiscales a las empresas, apoyos al empleo o contratar más deuda. Ello pondría en vilo los subsidios que parecen dar razón de ser al proclamado cambio de régimen.

Y frente a ese dilema, uno de los enigmas de hoy gira en torno a la sobrevivencia de Arturo Herrera.

Apuntes

Ricardo Salinas Pliego, presidente del Grupo Salinas (que incluye Televisión Azteca), emprendió el 25 de marzo una cruzada contra el impacto económico que traen las medidas para cuidar millones de vidas de la pandemia por Covid-19. Desde entonces, todos los espacios informativos del grupo fraguaron en un espacio sujeto a concesión del Estado, no un ejercicio de libertad de expresión personal, sino una campaña contra el programa gubernamental diseñado ante el mayor desafío sanitario en la historia moderna del país. El hecho no puede ser desligado de la relación privilegiada que por años ha tenido el señor Salinas Pliego con el presidente López Obrador, al grado de que podría entenderse como su alter ego, su otro rostro en este tema: el que también desdeña el aislamiento y los cuidados extremos a la salud. La provocación extrema que llamó a no hacerle caso a Hugo López-Gatell, y el mínimo, amistoso, jalón de orejas presidencial alegando que se trató sólo del exabrupto de un conductor, escribe una de las páginas más lamentables de estos días.

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