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Pruebas diagnósticas

detienen compra de pruebas para covid19

Jaime Sepúlveda

Un nuevo tipo de prueba diagnóstica para Covid-19 acaba de ser aprobado por la agencia reguladora de Estados Unidos. Se trata de una prueba más rápida, simple y barata, lo cual son buenas noticias. Tenemos ahora tres tipos diferentes de pruebas, cada una con ventajas y desventajas. La prueba hasta ahora más confiable y utilizada (PCR) detecta la presencia del nuevo coronavirus por su material genético. Las llamadas pruebas serológicas detectan anticuerpos contra el virus. La nueva prueba detecta un antígeno del virus, que es contra el cual nuestro sistema inmune desarrolla anticuerpos.

Las diferencias entre estas pruebas incluyen precisión, complejidad, tiempos de respuesta y costos. Una prueba diagnóstica ideal debe tener alta sensibilidad (que detecta los casos verdaderos positivos) así como alta especificidad (que identifica a los verdaderos negativos). Una prueba 100% sensible para Covid-19 detectaría correctamente a todos los infectados (no hay falsos negativos), y una prueba 100% específica logra que personas sanas no sean incorrectamente diagnosticadas como enfermas (falsos positivos).

Las pruebas PCR son las más sensibles y específicas. Su desventaja es que requieren un hisopo nasal para obtener la muestra nasofaríngea, y ser enviadas a laboratorios con equipo y personal especializado. Su tiempo de respuesta es más lento y el costo más alto. Se aprobó recientemente una prueba PCR que se realiza en saliva. La gran ventaja es que se puede hacer en casa, y enviarse por correo. Lo malo es que no es tan precisa como las tomadas con hisopo. Las pruebas de anticuerpos tienen otro uso; no sirven para diagnosticar una infección latente, sino pasada. Los anticuerpos tardan unas tres semanas en aparecer después de la infección por Covid-19. Pero son muy útiles para conocer qué proporción de la población en determinado lugar ya estuvo expuesta al nuevo virus. En cambio, las pruebas de antígeno se pueden llevar a cabo en cualquier clínica periférica, con equipo portátil, a menor costo y con resultados en 15 minutos. Su desventaja es que no son tan sensibles como las pruebas PCR.

Los costos de las pruebas pueden variar según se lleven a cabo en el sector público o privado, y también según el tipo de prueba. En Estados Unidos, una prueba comprada a granel cuesta 15 dólares al sector público. En laboratorios privados, un paciente paga al menos 100 dólares por una prueba genómica y 20 por una serológica. En México, al IMSS le cuesta 600 pesos el material para cada prueba genómica. Buena parte de sus pruebas, sin embargo, las manda a laboratorios privados, con un costo de 1,660 pesos por prueba. En laboratorios privados, los costos varían desde 1,300 a 5,550 pesos.

Si la razón por la que en México se hacen tan pocas pruebas fuera por los costos, sería bueno que así se dijera, en lugar de presentar excusas justificatorias. El problema es que esto resulta en un falso ahorro. El precio de navegar a ciegas es infinitamente mayor. La única forma que tenemos actualmente para contender con la epidemia es haciendo pruebas a todos los que presenten síntomas y a sus múltiples contactos. También se requiere hacer pruebas a todo el personal médico y de enfermería, así como a todos los pacientes hospitalizados, independientemente de su diagnóstico. México ha realizado tan solo 128 mil pruebas en total -menos que Guatemala o Bolivia. Comparativamente, Dinamarca -país al que aspiramos alcanzar en salud- realiza 64 veces más pruebas por cada mil habitantes. A principios de mayo, Estados Unidos hace 300,000 pruebas diarias; México 256 -¡mil veces menos! El mayor número de pruebas en un día fue de 4,600. Si queremos tener un retorno más seguro a clases y a labores, un cálculo conservador es que México necesitaría hacer al menos un millón de pruebas por mes.

El subregistro de casos y muertes por Covid-19 es real y serio. Más que buscar culpables, tenemos que encontrar soluciones.

El autor es Profesor Distinguido de Epidemiologia y Salud Global y Director del Institituto de Ciencias de Salud Global en la Universidad de California, San Francisco.

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