Compartir esta publicación

Entérate

El semáforo está en morado

semaforo morado

Carlos Mota

El plan de reapertura de la economía y las actividades sociales presentado ayer en Palacio Nacional fue una muestra más de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no quiere ver el gran descalabro económico por el que atraviesa el país. El semáforo económico del país está amoratado, con golpes provenientes de todos lados: caída brutal en el empleo; diez millones de pobres añadidos al conteo de la pobreza extrema; empresas quebradas; inversión desplomada; peso fuertemente depreciado; y ausencia de un plan robusto para revertir esta grave problemática.

Y la autoridad económica, sabiendo que la economía requiere un antiinflamatorio potente, apenas atina a administrar árnica. Ayer, durante el anuncio de la reapertura en la conferencia matutina, la secretaria Graciela Márquez enfatizaba la “economía moral” y la “solidaridad”.

¿Alguna palabra sobre la estruendosa cifra de 555 mil personas que fueron despedidas de su trabajo en abril? No. ¿Alguna proyección sobre cómo evitar una caída del PIB que llegue a los espantosos niveles de menos 7 o menos 9 por ciento? Tampoco. ¿Alguna señal sobre el plan para invitar a los empresarios a invertir en infraestructura y energía? Nada.

El morete de la economía mexicana no es superficial. De hecho, todo apunta a que existe un potente sangrado interno. Los restaurantes de la Ciudad de México, por ejemplo, podrían reabrir con limitaciones hasta agosto, de acuerdo con el gráfico presentado ayer en la conferencia matutina, donde se ve con claridad que se tomó el caso de la capital para ilustrar las posibles etapas del semáforo tras el pico vivido estos días. Difícilmente muchos restaurantes y hoteles podrán subsistir junio y julio cerrados. Ya el Secretario de Turismo Miguel Torruco advirtió ayer que el proceso será de “apertura paulatina”.

El golpe seco a la economía nos ha dejado malheridos, y no hay un internista en el gabinete capaz de dar el manotazo en la mesa para proponer una solución radical. El diagnóstico es claro: empobrecemos por miles cada día. A este paso la economía requerirá de cuidados intensivos. Y desafortunadamente nuestros mejores especialistas en el tema no están siendo escuchados.

Compartir esta publicación