Con Trump, más vale no equivocarnos

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 en Columnas invitadas, Gobierno

Si una orden judicial o un acuerdo de última hora no frenan a Trump, dentro de una semana exactamente, el 10 de junio, empezará a aplicarse un arancel de 5 por ciento a las exportaciones mexicanas a EU, que sumaron el año pasado 360 mil millones de dólares.

De entrada, se trataría de un castigo de 18 mil millones de dólares anuales, pero que pudiera llegar a 90 mil millones en octubre, si alcanzara la tasa de 25 por ciento generalizada con que ha amenazado el presidente de EU.

La medida es absolutamente irracional, para los propios intereses de Trump.

Castigaría en buena medida a los consumidores norteamericanos, quienes mayormente pagarían el costo adicional de las importaciones.

Pero, además, como una parte muy importante de las exportaciones que provienen de México es realizada por empresas norteamericanas, eventualmente el castigo sería también para productores norteamericanos y el empleo que dan, incluso en territorio norteamericano.

Paradójicamente, esta medida sería favorable para los exportadores chinos, que ganarían en competitividad frente al aparato productivo de Norteamérica que integra cadenas en los tres países de la región.

Para México, el impacto sería muy fuerte. BBVA Bancomer, por ejemplo, señaló que bajaría su pronóstico de crecimiento para 2019 a menos de 1 por ciento y que no descarta la posibilidad de recesión.

Pero, además, en este contexto, hay que olvidarse de la ratificación del T-MEC, y por lo mismo, habría incertidumbre quizás hasta el 2021.

¿Qué motivó a Trump anunciar una decisión tan irracional en términos económicos?

Su desesperación respecto a sus posibilidades de reelección.

En un par de semanas, el 18 de junio, anunciará el arranque de su campaña para reelegirse.

De acuerdo con una encuesta patrocinada por Fox News el pasado 17 de mayo, si el candidato demócrata fuera Joe Biden, le ganaría a Trump, 49 contra 38 por ciento, con una diferencia de 11 puntos.

El presidente norteamericano necesita urgentemente posicionar de nuevo el tema migratorio en la agenda. Y el anuncio espectacular del castigo arancelario a México puede ser la ocasión.

La única manera de desactivar la medida es generando una corriente de opinión suficientemente poderosa para mostrar que con ello Trump ‘se da un balazo en el pie’, afectando sus posibilidades electorales en estados clave, como Michigan o Pennsylvania.

O bien, activando una ofensiva legal por parte de estados, congresistas, empresarios, en contra del arancel.

Sin embargo, para ciertas corrientes demócratas puede ser muy tentador dejar que Trump se hunda solo, no haciendo nada contra esta medida.

En las negociaciones que comienzan el miércoles, el gobierno mexicano eventualmente tendrá que darle algo al presidente norteamericano, que pueda vender entre sus electores como un triunfo de la presión que ejerció.

Obviamente no puede ser su aceptación para convertir a México en “tercer país seguro”, en términos migratorios, pero sí políticas para aplicar la ley en la frontera sur… que por cierto deberían ponerse en práctica, con independencia de la presión de Estados Unidos.

Se ve difícil que en una semana se logre revertir la posición de Trump para evitar la aplicación del arancel del 5 por ciento, pero con una estrategia inteligente, sería factible echar para atrás la medida antes de que se convierta en 10 por ciento el próximo 1 de julio.

Nos jugamos el futuro. Más vale no equivocarse ahora.


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