“El mundo feliz” de López Obrador

el presidente electo

Demetrio Sodi

Si algo ha quedado claro en estos siete meses de gobierno, es que López Obrador no ha modificado las ideas que tiene desde hace muchos años sobre lo que debe hacerse para transformar a México en un país más justo y democrático, con un gobierno honesto y austero. Su Plan de Desarrollo es una copia de lo que escribió en 2017 en su libro 2018, La Salida.

Yo no coincido con aquellos que piensan que López Obrador es un farsante, yo creo que es un hombre bien intencionado, que está convencido de que, si se acaba la corrupción y se reduce el gasto superfluo, el Estado tendrá recursos suficientes para financiar sus programas sociales, sobre todo aquellos dirigidos a los jóvenes, así como las inversiones en el Tren Maya, la refinería y el aeropuerto, está convencido de que a través de estas medidas, se va promover un crecimiento superior a 4% anual y se va a acabar con la pobreza y como consecuencia con la delincuencia.

Yo creo que el peligro de López Obrador no es que sea un farsante, el peligro es que es un hombre necio, incapaz de cambiar y reconocer un error, y que prefiere rechazar la realidad antes que modificar sus puntos de vista.

Por eso, a pesar de los malos resultados en materia económica y de empleo, y la creciente desconfianza a nivel internacional, así como los problemas que enfrenta el funcionamiento del gobierno con los recorte presupuestales, él cree que vamos muy bien, porque las prioridades de su gobierno, como el combate a la corrupción, la austeridad y sus programas sociales, están funcionando y, según él, darán resultados en breve.

El problema con López Obrador es que no se da cuenta que, aun teniendo éxito en el combate a la corrupción y al gasto superfluo, esos recursos no van a impulsar el crecimiento económico y no son suficientes para aumentar la inversión pública en infraestructura y garantizar los derechos sociales a los mexicanos.

México es uno de los países que tienen menor recaudación de impuestos con relación al PIB y esa es la principal limitación para reducir la pobreza e impulsar el crecimiento económico. Mientras que Brasil y Argentina recaudan de impuestos más de 30% y Dinamarca y Francia más de 45% de su PIB, México recauda sólo 16.2%.

No es posible, como pretende López Obrador, garantizar salud y educación universal de calidad e infraestructura de primer mundo con ese bajo gasto público.

En el fondo, como lo dice Urzúa, el pensamiento de López Obrador en materia fiscal es conservador y no podrá hacer todo lo que quiere, en materia social y de inversión, si no se aumenta la recaudación. El “MUNDO FELIZ” que pretende López Obrador es irrealizable si no hay un aumento
en la recaudación, de seguir así, el riesgo de que la economía, las finanzas públicas y nuestra democracia entren en una crisis que puede durar todo el sexenio es muy grande.

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