Las almuerceras heredaron un patrimonio culinario incomparable y es hora de recordar los orígenes de su valioso oficio.
En el siglo XVII, las mujeres indígenas vendían pulque de sus cultivos para subsistir principalmente en la zona centro del país.
Lamentablemente y gracias a que muchos llegaban en condiciones poco decentes a sus trabajos, las autoridades coloniales prohibieron la venta de esta bebida en calles y plazas. Fue así que surgieron establecimientos dedicados al negocio del pulque, las conocidas pulquerías.
Las mujeres indígenas imposibilitadas a acceder a un local, tuvieron que ingeniárselas para seguir con el changarro. Así que se instalaron a los alrededores de las pulquerías y ahora ofrecían alimentos acompañados con un jarrito pulque para acompañar los platillos.
Estas vendedoras nunca pudieron competir con las pulquerías, pero significaron una alternativa de acceso a la bebida para todos aquellos que no tenían una pulquería grande a su alcance o no tenían medios para consumir diariamente pulque fino, como el que se ofrecía en los establecimientos”.
Arturo Soberón Morna. Historiador UNAM.
Así fue como surgieron las almuerceras.
El paquete consistía en un plato de almuerzo, una rebanada de pan, una tortilla y un jarro de pulque de medio cuartillo por un precio accesible, negocio que se mantuvo por más de un siglo.
Sin embargo, las autoridades no vieron con buenos ojos la actividad y decidieron trasladarlas a plazas y plazuelas pretendiendo mermar su negocio, pero no funcionó.
Entonces para 1784 se prohibió la instalación de almuercerías a menos de dos cuadras de distancia de las 45 pulquerías autorizadas. Las almuerceras no se quedaron con los brazos cruzados, protestaron contra la medida y en 1806 lograron obtener nuevamente el permiso para vender pulque.
Su popularidad se debía a que era una opción a precio razonable. Muchos de quienes consumían con ellas lo hacían ante la imposibilidad de ir y regresar a comer de sus casas, pues quedaban lejos. Una de las consecuencias de la alta demanda, fue su progresivo traslado a locales en plazas y mercados donde la oferta culinaria aumentó, y hasta las comidas comenzaron a amenizarse con grupos musicales.
Durante los siglos XIX y XX todavía se les podía encontrar a las afueras de las pulquerías de la CDMX. Hoy las almuercerías las podemos ubicar en su forma moderna como fonditas, puestos callejeros o ambulantes.
Con información de Chilango.
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