
Desde la Cancha
Por Demetrio Sodi
La presidenta Claudia Sheinbaum ha querido justificar su capricho de impulsar una reforma electoral aduciendo que el pueblo se lo pidió y que ella se comprometió a ello en campaña. Mentira. El tema nunca estuvo en el discurso ni en las demandas de campaña y, más que un compromiso con el pueblo, el compromiso es con López Obrador, al igual que las reformas constitucionales para eliminar los organismos autónomos, limitar el amparo y llevar a votación al Poder Judicial.
En todas estas reformas, igual que en el aeropuerto, el Tren Maya, la refinería y muchas otras locuras de López Obrador, se ha tratado de justificarlas mediante consultas públicas amañadas para que la gente apoye lo que ellos quieren. En el caso de la reforma electoral, la encuesta que han presentado está amañada desde la forma en que se hicieron las preguntas. ¿Quién va a estar en contra de reducir el costo de las elecciones, del financiamiento a los partidos o de que los diputados y senadores plurinominales los elija el pueblo? Lo que deberían haber preguntado es si un partido puede cambiar la Constitución como se le da la gana o si es aceptable que un partido tenga las ventajas electorales que hoy tiene Morena.
Como era de esperarse, la reforma constitucional fue rechazada al no alcanzarse la mayoría calificada. El plan B fue anunciado en la mañanera del jueves, apenas un día después del fracaso de la presidenta y de Morena con el plan A.
Aunque habrá que esperar la presentación formal de la iniciativa, con base en lo anunciado por la presidenta hay temas que preocupan. Qué bueno que se quiera acabar con abusos y excesos en los congresos y entre los legisladores de los estados, pero esa reducción debe hacerse por los gobiernos estatales y no desde el gobierno federal, invadiendo su soberanía y autonomía. La composición de los congresos y de los ayuntamientos responde a la realidad del territorio y a la composición política y social de cada estado y municipio, y no puede existir un patrón general.
La presidenta anunció que se propondrá cambiar la fecha de la revocación de mandato para que pueda realizarse en el tercer o cuarto año del sexenio. La revocación debería ser solo un instrumento de la oposición para pedir la remoción de la presidenta, y no un medio de esta para su ratificación ni para apoyar a su partido en las elecciones.
Otra propuesta que mencionó es abrir a consulta pública el tema electoral, algo que actualmente está prohibido. Aquí lo que está detrás de la propuesta es que, a través de una consulta, pueda lograrse todo lo que fue rechazado por el Congreso. Toda la oposición, pero sobre todo el PT y el Verde, deberían preocuparse de que por esta vía les reduzcan los recursos y lleven a votación a los plurinominales.
En estos 18 meses de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum ha hecho lo que se le da la gana con la Constitución. Su desprecio y desconocimiento de cómo funciona el Poder Legislativo resultan alarmantes. Acabó con la reelección de legisladores porque no valora el trabajo legislativo y, para ello, no le importó mentir al decir que era recuperar el sentido de la Constitución de 1917. La reelección de legisladores y presidentes municipales estaba permitida y se prohibió durante el maximato de Calles para lograr el control del Congreso.
Si la reforma constitucional rechazada por el Congreso no era necesaria y solo buscaba consolidar un partido de Estado, el plan B que anunció la presidenta es solo un capricho para tratar de ocultar su fracaso político al intentar imponer su pensamiento sobre la democracia del país.



