
DESDE LA CANCHA
Por Demetrio Sodi
No coincido con aquellos que dicen que México ya no es un país democrático, pero menos coincido con la presidenta Claudia Sheinbaum, que dice que México es el país más democrático del mundo.
Hasta ahora seguimos manteniendo ciertos atributos que nos hacen un país democrático: la existencia de oposición en el Congreso y en los estados de la República, la libertad de expresión y de prensa y, sobre todo, la posibilidad de la alternancia en el poder para cambiar el rumbo del país.
Alternancia que está en riesgo de concretarse si prospera la reforma electoral que ha anunciado el gobierno en voz de la propia Presidenta. Es cierto que todavía no hay una iniciativa de ley, pero los comentarios que ha hecho ella misma sobre reducir el presupuesto al INE, a los partidos y a los plurinominales significarían impedir, en los hechos, la alternancia en el poder y permitirían la existencia de Morena casi a perpetuidad.
En estos ya siete años de lo que llaman irresponsablemente la 4a Transformación de la vida nacional, ha habido un severo retroceso de nuestra vida democrática. Se ha debilitado la división de poderes al adquirir, a la mala, la mayoría calificada en las cámaras, al eliminar los organismos autónomos y, sobre todo, al controlar, a través de una elección amañada, al Poder Judicial.
La presidenta Claudia Sheinbaum dice que somos el único país en el mundo en donde la gente eligió a los ministros, magistrados y jueces; lo que no dice es que fue ella quien eligió a los ministros de la Corte. Antes de la elección, se reunió con los gobernadores de todos los estados y les dijo que ella se quedaba con los nueve ministros, los magistrados del órgano de vigilancia y del Tribunal Electoral, y que a cambio los gobernadores podían nombrar a quien quisieran, tanto del Poder Judicial Federal como del estatal. La dependencia de los ministros y ministras de la Corte respecto de la Presidenta ha quedado en evidencia. Tenemos la Corte menos preparada y menos independiente de los últimos treinta años.
Tenemos que impedir, como sea, que prospere una reforma electoral que debilite al INE y acabe con su autonomía; que debilite a los partidos de oposición y al pluralismo político; y que permita nuevamente la sobrerrepresentación de Morena en la Cámara de Diputados y en el Senado. Si el gobierno y Morena triunfan en este propósito, México dejaría de ser un país democrático. Un país en el que la gente no puede decidir el gobierno que quiere deja de ser democrático, y estamos ante esa posibilidad si el gobierno y Morena se salen con la suya y aprueban una reforma electoral que les asegure su permanencia en el poder y el control del Congreso.
Para impedir que el gobierno y su partido aprueben una reforma electoral regresiva, tenemos que unirnos todas las voces y fuerzas de oposición en un Frente Amplio Democrático, en el que participen organizaciones ciudadanas y sociales, académicos, intelectuales, analistas políticos, medios de comunicación y los partidos políticos de oposición, para enfrentar unidos la reforma electoral que proponga el gobierno.
A la presidenta Claudia Sheinbaum y a su partido Morena tiene que quedarles claro que no vamos a permitir una reforma electoral que debilite a la oposición y garantice la permanencia de Morena en el poder. De aprobarse una reforma de ese tipo, tenemos que movilizarnos y los partidos de oposición deben pensar en no participar y llamar a la gente a no votar en las elecciones de 2027 y 2030.



