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POR SI NO LO VISTE...

Ana Laura, la Corte y el reto de Monreal

Ana Laura, la Corte y el reto de Monreal

Autor: Carlos Puig

Arranco diciendo que de la terna que envió el presidente Andrés Manuel López Obrador conozco únicamente a Ana Laura Magaloni personalmente. Conozco su trabajo, su trayectoria, lo que ha escrito y hecho. Siempre me ha sorprendido su manera de ver las cosas desde una perspectiva original y de ponerse a chambear en ellas.

Margarita Ríos-Farjat y Diana Álvarez han tenido trayectorias con menos exposición pública, aunque a la primera la pudimos conocer a través de sus artículos de opinión en Reforma y ahora por su tiempo en el SAT; ambas tienen un currículum que, igual que a Ana Laura, las avala como candidatas a la Corte. Es una buena terna.

Lo que no parece estar a la altura, o no lo ha estado en los últimos tiempos, es el Senado, que tiene elegir a una de ellas para ocupar el espacio que dejó Eduardo Medina Mora.

Los procesos de designación han sido —seré generoso— un desastre, culminando con el de la nueva titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que terminó no solo con empujones y el aplauso cínico de tres morenistas frente al espectáculo, sino dañando a la designada y al órgano que encabeza.

El Senado tiene la oportunidad de construir un proceso de designación en el que, por un lado, se nos permita conocer a las candidatas, qué piensan, qué opinan, cómo abordarían algunos de los temas más espinosos que la Corte analiza y decide; la ley tiene muchas formas de ser interpretada y eso es lo que deberíamos conocer.

Y después el Senado debe discutir qué quiere con este nombramiento, qué perfil conviene añadir a la Corte dada su composición actual y los senadores, al menos los líderes, deberían razonar públicamente sus apoyos. Votamos así, porque creemos que esto es lo que la Corte necesita.

Claro, podrían también hacerlo de otra manera: ir a preguntar a Palacio Nacional cuál es la favorita del Presidente, grillar los votos que faltan para la mayoría necesaria, hacerlo todo en secreto, perder un par de votos, agarrarse a empujones, luego aplaudir desde el asiento con amplia sonrisa y regresar a Palacio a cobrar el favor. Manchando a la designada, a las que no, y a la Corte.

Todo es posible.

@puigcarlos

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