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El hundimiento de la economía mexicana

peso mexicano

Carlos Urzúa

Pues la noticia llegó y, aun cuando ya era esperada, causó estupor en todo el país. En efecto, la producción nacional registrada en el segundo trimestre del año, de abril a junio, fue 18.9% menor a la registrada en el mismo trimestre del año 2019. A modo de comparación, la economía estadounidense cayó en ese lapso un 9.5%. ¿A qué se debió que la economía mexicana haya caído el doble que la economía de nuestros vecinos? Antes de contestar esa pregunta, vale la pena clarificar un punto del que ya se había hablado aquí y que sigue causando confusión.

Respecto a la contracción de la economía estadounidense, el porcentaje oficial fue -32.9%. Esa cifra corresponde a la anualización, pero hacia adelante, de la caída en su producción del segundo trimestre respecto a la del primer trimestre. La caída de un trimestre al otro fue de hecho 9.5% (una cifra idéntica, por mera coincidencia, a la citada en el párrafo anterior). Para ponerlo en nuestros términos, supongamos que el Inegi siguiera esa metodología. Dado que la caída de nuestra producción entre el segundo y el primer trimestre del año fue del orden de 17.3%, entonces, tras elevar a la cuarta potencia el número 0.827 y restarle uno, se obtendría que nuestra caída así anualizada fue -53.2%.

Volviendo a la pregunta del inicio: ¿a qué se debió que el hundimiento de la economía mexicana fuera el doble que la de nuestros vecinos? Varias razones pueden darse al respecto. Una inmediata es que las dos economías son muy diferentes. Aun cuando los sectores manufactureros de ambas están cada día más integrados debido al T-MEC (TLCAN), esto no es el ca so en otros sectores económicos. Por ejemplo, el sector del turismo es de suma importancia para México, pues su contribución al producto interno bruto (PIB) ronda el 8%. En el caso estadounidense, por otro lado, el turismo representa menos del 3% de su PIB. Así pues, aunque las consecuencias de la pandemia en los sectores del turismo han sido devastadoras para ambos países, el impacto económico total ha sido mayor en el nuestro.

Pero a decir verdad, la puritita verdad, la razón principal por la que nuestra economía cayó lo que cayó frente a la de ellos fue porque el gobierno estadounidense jugó, y sigue jugando, un papel muy activo para enfrentar la crisis, mientras que el nuestro, por ignorancia e indolencia, acabó cruzándose de brazos o de plano regando el tepache.

El decreto presidencial emitido el 23 de abril pasado es el ejemplo más fehaciente de lo anterior. Cuando ya el empleo y el gasto privado se encontraban en caída libre, en Palacio Nacional alguien discurrió que había que reducir también el gasto de las dependencias públicas. “No se ejercerá el 75% del presupuesto disponible de las partidas de servicios generales y materiales y suministros”, dice en particular el documento.

Esa instrucción, como advertiría cualquiera que haya ojeado un presupuesto, es irrealizable. Pero los aterrados administradores de las dependencias se apresuraron entonces a cancelar todos los contratos que pudieron. Y las consecuencias se sufrieron de inmediato. Para señalar tan solo una: 60,000 trabajadores de limpieza perdieron su trabajo apenas una semana después de emitido el decreto.

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