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Huachigas deja pérdidas billonarias

Las pérdidas por el robo de gas ascendieron a 30 mil millones de pesos sólo el año pasado y las tomas clandestinas se contabilizaron en 23 mil.

Un problema que no disminuye

El robo de gas se ha convertido en un delito de índole federal del cual participan tanto ladrones de medio pelo como organizaciones criminales que se disputan el control de los gasoductos. Al inicio de 2021 se reportó un crecimiento de robo de 17% en comparación con el año pasado, y en promedio se registraron 33.3 perforaciones por día.

En números de PEMEX, se estima que el quebranto a la paraestatal ha sido de 3 mil 401 litros diarios en 2019 y 2 mil 392 litros diarios en 2020. Considerando solo el gas asegurado de las tomas clandestinas. La Sonda de Campeche es una de las zonas más importantes y la plataforma más saqueada, tan solo en 2020 se reportaron seis asaltos. En general, el robo a plataformas en el Golfo de México asciende a 861.2 millones de pesos, de los cuales el 27% (229.2 mdp) se reportaron en el actual sexenio.

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Otro de los negocios del crimen organizado

El crimen organizado acapara el 30% del mercado de distribución. Mantiene bajo su control estados de Hidalgo, Puebla, Estado de México, Guanajuato, Veracruz y Tamaulipas; entidades en las que se concentran los robos en un 80% del total.

Carlos Serrano, presidente de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Gas Licuado y Empresas Conexas (Amexgas) comentó en entrevista que el problema es muy grave.

Los grupos armados se están adueñando de las rutas (de distribución) y están imponiendo condiciones que no benefician al consumidor final y que ponen en riesgo a la sociedad”

Carlos Serrano

Además de mencionar que la corrupción permite robos a gran escala porque no se llevan a cabo acciones de prevención de robo o se abren carpetas de investigación, también la población civil interviene en la protección de las bandas de huachicoleros para que estos puedan completar las rutas de distribución. El modus operandi es hacerse del control de la zona e imponer sus condiciones a toda la cadena de suministro.

Afectan al usuario final, que es el ama de casa, el hostelero, el tortillero o el panadero. Obligan a comprar cierta cantidad de gas mensual de algunas marcas y a un cierto precio, incluso por encima del costo comercialmente viable”.

Carlos Serrano

Con información de El Universal, Milenio.

Redacción Ciudadanos en Red

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