10 años de la muerte de Amy Winehouse, un legado enmarcado por la fatalidad

El inigualable talento de Amy Winehouse sigue vinculado a los escándalos que medios sensacionalistas sembraron en la opinión pública.

Una pérdida irremplazable

Amy Winehouse era devota de la música de Aretha Franklin, Otis Redding, Sarah Vaughan, Frank Sinatra, Ray Charles, Carole King. Artistas cuya presencia en el escenario era enorme, únicamente con su voz podrían dar un show completo, un deleite a los oídos de los melómanos más exigentes.

Back to Black, Amy Winehouse

Amy dejó este mundo muy joven, consagrándose en la memoria colectiva como parte del famoso “Club de los 27”, círculo de músicos legendarios cuya muerte fue en un contexto de excesos y sufrimiento existencial. No obstante, este halo de fatalidad ha servido como excusa para no voltear hacia las circunstancias crueles de la industria, intereses económicos rapaces y batallas personales que Winehouse tuvo que enfrentar a lo largo de su corta carrera.

No son un secreto los trastornos alimenticios, su frágil salud mental y la adicción a las drogas que la llevaron a un lamentable final; los medios sensacionalistas se encargaron de sacar provecho de la situación mediante los múltiples paparazzis que la acosaban con tal de obtener imágenes de la “decadencia” y “perdición” de la estrella del jazz. Similar a lo que Britney Spears vivió cuando la farándula se atrevió a tildarla de “loca” y era fotografiada llorando, divirtiéndose, sin la parafernalia de estrella del pop, tratando de lidiar con el terrible morbo que se convirtió su vida.

Loca es una palabra que hace un trabajo cultural sucio. Es una forma distinta de hacer referencia a las enfermedades mentales, sí. Pero también es una etiqueta resbaladiza que tiene poco que ver con cómo funciona el cerebro de una persona y mucho con cómo se la recibe culturalmente. Llamar loca a alguien es la mejor técnica de silenciamiento. Le roba a una persona su propia subjetividad”

Amanda Hess, periodista.

A diferencia de Spears y el movimiento #FreeBritney, Amy ya no está para romper con esas cadenas.

Figuras como su propio padre, su productor y su pareja sentimental fueron factores que alimentaron el ambiente tóxico que la ahogaba. Todo esto hacía que en algún punto, los mismos espectadores quisieran ser testigos en “tiempo real” de su fatal desenlace y dejaran de lado el enorme talento de una verdadera diva de la música, que solo alcanzó a heredarnos dos discos entrañables.

Se perdían al prodigio. La alumna que había pasado por academias tipo Fama —Sylvia Young Theatre School, BRIT School— sin adquirir los manierismos vocales de tantas de sus contemporáneas. La inteligente devoradora de estilos: más allá de su inmersión en el soul y en el jazz, manifestaba una creciente curiosidad por el hip-hop sin olvidar su querencia por el ska y el reggae jamaicanos. Y la artista flexible, que se encontraba a gusto con productores como Mark Ronson o Salaam Remi, que también redondeaban sus canciones; Amy tenía una voz fresca con modismos de veterana. Incluso murió como tantas damas del blues y el jazz. Murió sola, por una intoxicación alcohólica. Ni rastro de drogas, afirmó el forense.

Diego A. Manrique, El País.

Amy, en su justa dimensión

El documental Amy de Asif Kapadia hizo un intento de mostrar cómo la circunstancias de la fama, la explotación laboral y el abuso emocional que vivió Winehouse determinó su vida.

A diez años de su partida, no hay mejor manera de rendirle homenaje que disfrutando su música, por la que siempre sintió una gran pasión y fue la razón principal de su existencia.

Con información de El País

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