La clase política no viaja en Metro: ¿cómo pedirles empatía?

 La clase política no viaja en Metro: ¿cómo pedirles empatía?

Quienes están a cargo de desarrollar proyectos viales y atender su mantenimiento para que la población se traslade segura han demostrado tener muy poca empatía con lo que los usuarios enfrentan cada día en servicios de transporte público como el Metro: inseguridad, retrasos, aglomeraciones, servicio deficiente, detención de trenes, inundaciones, cierre de estaciones y accidentes en los que incluso pueden perder la vida.

Un negocio jugoso y lo demás no importa

Las corruptelas en materia de infraestructura, conocidas como “elefantes blancos” se han posicionado como uno de los negocios más fructíferos para los funcionarios. A cambio de recibir una tajada de los presupuestos invertidos en proyectos como hospitales, carreteras, escuelas, puentes, transporte público y más, suelen reportar sobrecostos, aunque los materiales sean de baja calidad y la planeación y la construcción se concluyan al vapor.

Dos ejemplos recientes de los sobrecostos que puede haber en una obra son el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca en 2017, que inicialmente costaría mil millones de pesos, cifra que terminó duplicándose, y la Línea 12 del Metro, que pasó de 15 mil 290 a 26 mil 274 millones de pesos.

Después de entregar e inaugurar las obras, es difícil que perciban las implicaciones que diariamente tienen en las personas, quizá solamente cuando presentan problemas tan graves como el fallecimiento de dos personas en el socavón y de 25 personas en la Línea 12.

El traslado diario en Metro es desgastante para los más de 4.6 millones de usuarios, quienes dedican horas de su tiempo a los traslados de su hogar al trabajo o escuela, en medio de retrasos, fallas, suspensión del servicio, inundaciones y más retrasos y riesgos por las lluvias, aglomeraciones en hora pico que hacen imposible respetar las medidas de sana distancia, es un desgaste físico y mental que lleva en muchas ocasiones a conflictos y peleas entre las mismas personas por haberse empujado, por estar muy cerca, por no ceder un asiento a quien lo necesita.

Ellos viajan en camionetas y en avión

En todo esto hay una cuestión de clase, de estatus económico: los políticos no se trasladan en transporte público. No viven a dos o tres horas de distancia, no corren riesgos en microbuses y combis, en zonas peligrosas donde un asalto puede robarles lo poco que traen en los bolsillos e incluso arrebatarles la vida.

No sudan ni se incomodan por permanecer más de una hora atascados entre decenas de personas que solo sueñan con llegar pronto a casa. Ellos suelen viajar en automóviles particulares, con choferes, aire acondicionado; muchos de ellos incluso en camionetas asignadas por el mismo gobierno. Así resguardan su seguridad, pero dejan de pensar en todos los usuarios del transporte público, quienes también tienen derecho a una vida digna, segura y a dedicar menos tiempo libre a los traslados.

Solamente van al Metro, al Metrobús o se suben a un micro un día que “toque para la foto”. Lo han hecho en conmemoraciones como el Día Mundial sin Auto; lo hacen en eventos oficiales, como la inauguración de la Línea 12: se toman la foto y regresan a sus casas en sus automóviles, cómodamente. Mientras tanto, la clase trabajadora es la que paga las decisiones, el mal manejo de los recursos, la falta de inversión en el mantenimiento.

A pesar de que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, fue captada en 2019 mientras se transportaba en la Línea 2 del metro, que va de a Taxqueña a Cuatro Caminos, y en ese entonces señaló que viajaba frecuentemente de esta manera porque, entre otras cosas, le interesaba “supervisar cómo está el Metro”, las condiciones de este servicio no han mejorado en los últimos años, y este lunes culminaron en una de las mayores tragedias que se han vivido en la Ciudad de México.

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Los ciudadanos les piden empatía

Después de la tragedia de la Línea 12, los ciudadanos también reclaman que la clase política deje de estar tan lejos de la realidad y que empiece a preocuparse por conocer de primera mano las condiciones de traslado de millones de mexicanos que merecen un transporte público digno y de calidad. En redes sociales, varios usuarios reclamaron que, por no saber cómo funciona en realidad el Metro todos los días, los funcionarios desconocen los riesgos a los que está expuesta la población.

Redacción Ciudadanos en Red

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