La ley del péndulo: el desgaste del poder y el avance de la derecha en México y América Latina.
Por Demetrio Sodi
Esta ley describe cómo, en política, las personas o los gobiernos pasan de un extremo ideológico o emocional al opuesto, sin un término medio inmediato.
Para los seguidores de la derecha, las elecciones de los últimos meses en países latinoamericanos, en las que candidatos de extrema derecha han ganado las presidencias, representarían el triunfo definitivo sobre la ideología y los gobiernos de izquierda. Lo mismo pensaron los seguidores de la izquierda con los triunfos electorales de candidatos de esa corriente durante la década pasada, creyendo también que se trataba de una victoria definitiva.
Lo que no entienden es que en política no hay triunfos definitivos y que quienes ganan hoy pueden ser derrotados en la próxima elección. El desgaste propio del ejercicio del gobierno y las promesas incumplidas terminan por hacer que la gente busque y apoye otra alternativa.
Los populistas ofrecen de todo con tal de ganar. Sus promesas pueden cumplirse durante algunos años a costa de endeudar al país, pero, tarde o temprano, se enfrentan a la realidad y el modelo entra en crisis. Ese es el momento del triunfo de las derechas, que también ofrecen casi el paraíso. Sin embargo, el costo social para la población es tan alto que esta prefiere regresar a las promesas del populismo.
Hay que tener claro que el populismo no es de izquierda, ya que esta busca construir un Estado social con instituciones fuertes, mientras que los populistas regalan dinero para garantizar el apoyo electoral de la gente.
Tanto los extremos de derecha como los de izquierda son antidemocráticos, mientras que las derechas y las izquierdas moderadas son democráticas y mantienen abierta la posibilidad de la alternancia. En nuestro país no hay, o al menos no tienen presencia significativa, extremos antidemocráticos de derecha o de izquierda. Ni el PRI, ni el PAN, ni Movimiento Ciudadano son de extrema derecha, ni Morena es de extrema izquierda o comunista.
Hasta ahora sigue abierta la opción de la alternancia a través del voto ciudadano, por lo que la tan mentada Cuarta Transformación, tarde o temprano —esperemos que pronto—, tendrá que enfrentarse a la voluntad de los electores y podría quedar reducida a un lema de campaña.
Sus años están contados. La 4T logró el apoyo de la gente gracias a los programas sociales, pero los recursos para mantenerlos y financiarlos se están agotando. El país ya no aguanta más deuda, y la única posibilidad de mantenerlos es lograr un crecimiento económico que difícilmente se dará mientras persista la desconfianza de los empresarios hacia el gobierno, provocada por la falta de Estado de derecho, la tremenda corrupción que existe y la complicidad de muchos integrantes del gobierno y de Morena con el crimen organizado.
No sé hasta qué punto la delincuencia organizada haya penetrado al gobierno. No creo que sea a nivel federal, pero es evidente que, en los estados y municipios, existen acuerdos con ella. Nunca el país había enfrentado los niveles de corrupción y los enriquecimientos de personas cercanas al poder que estamos viendo. Nunca el gobierno de Estados Unidos había prohibido la entrada a su territorio a varios gobernadores y legisladores, y nunca se había acusado abiertamente al hijo de un expresidente de estar involucrado, junto con sus amigos, en tantos negocios.
Ni en la peor época priista había habido un fraude como el del huachicol fiscal. La presidenta quiere compararlo con el Fobaproa, pero este fue para salvar los ahorros de la gente, mientras que el huachicol fiscal es un robo entre funcionarios y empresarios.
La ley del péndulo a favor de la derecha se está manifestando no solo en América Latina, sino también en varios países de Europa. En México, el gobierno sigue manteniendo un alto nivel de apoyo popular, pero, si no hay crecimiento económico ni resultados en la lucha contra la inseguridad y la tremenda corrupción, la 4T tiene sus días contados.
No me gusta el crecimiento que está teniendo la derecha en el mundo y, en especial, en los países de América Latina. Creo que pronto se van a arrepentir. Pero, mientras eso sucede, debemos renovar ante la gente el pensamiento y los objetivos de los gobiernos de izquierda, deslindándonos de los gobiernos populistas.
Que no se nos olvide: el PAN, el PRD y diversas organizaciones ciudadanas fueron impulsores de la transición democrática en nuestro país. Sin embargo, las reformas para garantizar las libertades personales, las libertades de organización y de prensa, la defensa de los derechos humanos y la protección del medio ambiente fueron impulsadas por la izquierda, en contra del voto de la derecha.
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