Economía

México tiene hoy la mejor oportunidad exportadora de su historia

Por Demetrio Sodi Cortez / Presidente del Consejo de la Red de Carreteras de Occidente

Durante muchos años, la competitividad de un país se medía por el costo de su mano de obra. Quien producía más barato tenía mayores posibilidades de atraer inversiones y conquistar mercados. Hoy esa lógica ha cambiado.

La reconfiguración de las cadenas globales de suministro, las tensiones geopolíticas y la redefinición de la política comercial de Estados Unidos están modificando las reglas del comercio internacional. En ese nuevo escenario, la pregunta ya no es quién fabrica más barato, sino quién puede ofrecer mayor certidumbre, rapidez e integración para abastecer al mercado más grande del mundo.

Los datos más recientes muestran que México se encuentra en una posición excepcional.

En junio de 2026, nuestro país alcanzó el mayor nivel de exportaciones de su historia: 72 mil 551 millones de dólares, un crecimiento anual de 34.4 por ciento. El superávit comercial del primer semestre llegó a 9 mil 857 millones de dólares, muy por encima de los 1 mil 432 millones registrados un año antes. Además, 95.4 por ciento de todo lo exportado corresponde a manufacturas, confirmando que México no sólo exporta productos, sino que participa en cadenas industriales altamente integradas.

Lo más interesante es que este crecimiento no fue impulsado por el sector automotriz, como suele suponerse. Mientras las exportaciones automotrices crecieron 7.6 por ciento, las manufacturas no automotrices aumentaron 48.8 por ciento. Las ventas hacia Estados Unidos crecieron 35.8 por ciento, por encima del resto del mundo, que registró un incremento de 25 por ciento. Para los autores del análisis, ello confirma que el crecimiento se concentra precisamente en los sectores donde México posee mayores ventajas competitivas.

La fortaleza de México no puede copiarse fácilmente

Con frecuencia se afirma que México compite por su cercanía con Estados Unidos o por sus costos laborales. El estudio sostiene una tesis distinta: México compite porque resulta extraordinariamente difícil de sustituir.

No existe otro país que reúna simultáneamente una frontera terrestre con Estados Unidos, acceso preferencial mediante un tratado comercial, una base manufacturera de gran escala y costos laborales competitivos. Canadá cuenta con el tratado, pero no con la misma escala industrial. China posee capacidad manufacturera, pero enfrenta barreras comerciales. Otros países asiáticos ofrecen costos bajos, aunque carecen del acceso preferencial y de la integración regional que caracteriza a México.

A ello se suma un elemento pocas veces mencionado en el debate público: el contenido estadounidense incorporado en las exportaciones mexicanas.

De acuerdo con el documento, cada envío mexicano destinado a Estados Unidos incorpora 12.4 por ciento de contenido estadounidense, frente a apenas 1.4 por ciento en el caso de China. En otras palabras, gravar las exportaciones mexicanas también significa afectar a proveedores estadounidenses que participan en esas mismas cadenas productivas. Esa integración, construida durante décadas, constituye una ventaja que ningún competidor puede desarrollar en el corto plazo.

La ventaja está en la diferencia frente a los competidores

Otro de los planteamientos más relevantes del análisis consiste en cambiar la forma de entender los aranceles.

Con frecuencia se pregunta cuánto paga México para exportar a Estados Unidos. Sin embargo, la pregunta realmente importante es cuánto pagan sus competidores.

En industrias estratégicas como electrónica, equipo de cómputo, telefonía y autopartes, México enfrenta aranceles de entre 0 y 4 por ciento, mientras que China enfrenta cargas de entre 18 y 24 por ciento. En mercados donde los márgenes de utilidad suelen ser reducidos, esa diferencia puede definir la decisión de inversión de una empresa internacional.

Por ello, el documento sostiene que la ventaja competitiva mexicana no depende únicamente del nivel de sus propios aranceles, sino de la brecha que mantiene frente a otros países que buscan abastecer al mercado estadounidense.

El reto ya no está en la demanda, sino en la capacidad de respuesta

Si los mercados existen y las empresas continúan buscando relocalizar sus cadenas productivas, ¿qué podría impedir que México aproveche plenamente esta oportunidad?

Paradójicamente, los principales riesgos ya no provienen del exterior.

El estudio identifica desafíos internos: la disponibilidad de energía, el acceso al agua, la formación de talento especializado, el endurecimiento de las reglas de origen del T-MEC y la capacidad para ejecutar inversiones a la velocidad que exige el mercado. Todos estos factores tienen un denominador común: dependen de las decisiones que México sea capaz de tomar como país.

Desde esa perspectiva, la infraestructura adquiere un papel estratégico.

Las carreteras, los puertos, los cruces fronterizos, los corredores ferroviarios y las plataformas logísticas ya no son únicamente obras públicas; son piezas fundamentales para sostener la competitividad nacional. El propio documento recuerda que más de 801 mil millones de dólares cruzan anualmente la frontera con Estados Unidos y que el flujo comercial supera actualmente 1.5 millones de dólares por minuto, una magnitud que exige infraestructura moderna y eficiente.

Una oportunidad que no permanecerá abierta para siempre

Los datos permiten afirmar que México atraviesa un momento extraordinario. Pero la historia económica demuestra que las ventajas comparativas no son permanentes. Los países que consolidan su liderazgo son aquellos que invierten a tiempo, fortalecen sus instituciones y generan condiciones para responder al crecimiento de la demanda internacional.

Hoy México posee una ubicación geográfica privilegiada, una amplia red de tratados comerciales, una industria manufacturera consolidada y una integración regional difícil de replicar. Esa combinación explica por qué el país ha alcanzado cifras históricas de exportación y por qué numerosos inversionistas continúan viendo en México una plataforma estratégica para atender el mercado estadounidense.

La oportunidad está frente a nosotros.

Lo verdaderamente importante ya no es demostrar que México tiene ventajas. Los datos indican que esas ventajas existen y que hoy producen resultados.

El desafío consiste en no desaprovecharlas.

Porque, al final, el futuro de la competitividad mexicana no dependerá únicamente del comportamiento del comercio internacional, sino de nuestra capacidad para fortalecer aquello que nos ha hecho diferentes: una economía profundamente integrada con América del Norte, respaldada por infraestructura moderna, instituciones eficientes y una visión de largo plazo.

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